No es una guerra, es un enfrentamiento de civilizaciones

julio 16th, 2016

Destaca el presidente de Francia que estamos en guerra contra el terrorismo. Pues no, como destaca Fukuyama, estamos ante un enfrentamiento de civilizaciones. Las guerras acostumbra a tener unas normas, unas leyes internacionales, un respeto por los civiles. Lo que estamos padeciendo carece de todo tipo de normas y de respeto, es un enfrentamiento en el que no importa si las víctimas son niños, mujeres, ancianos. Por parte de uno de los contendientes existe un “aquí vale todo”.

Digamos las cosas por su nombre y admitamos que estamos en una contienda religiosa en la que una parte está anclado en el el medioevo, atiborrada de creencias infantilizadas que le empujan a islamizar Europa de la misma manera que en el pasado pretendimos evangelizar su continente.

Para los islamistas radicales y ortodoxos, nuestra civilización no es trigo limpio. Es una civilización con la que no hay que mezclarse porque está cargada de pecado.  Es una civilización que permite la libertad de expresión, gobernada por laicos o ateos que permiten la crítica religiosa. Es una civilización en la que las mujeres son equiparables a los hombres y que, ellas, visten con descaro. Tenemos una música endemoniada, bailamos obscenamente, bebemos alcohol, comemos cerdo, tenemos ideas heréticas sobre el más allá, nuestra ciencia busca el antienvejecimiento del ser humano y la inmortalidad.

Insisto que no es una guerra, es un enfrentamiento de civilizaciones. Son dos formas opuestas de ver el mundo, una santurrona y otra progresista; una condicionada mentalmente, otra abierta a todas las nuevas ideas; una que quiere imponer sus teocracias, otra que ha logrado separar a la Iglesia del Estado; una dispuesta a matarnos por sus creencias, y otra humanista.

Sucede que en esta contienda Occidente tiene el enemigo en casa, un enemigo que está dispuesto a inmolarse si con su acción se lleva a unos cuantos de nosotros y “limpia” de herejes la tierra que quiere conquistar.

Mientras no admitamos que es un enfrentamiento entre civilizaciones, seguiremos teniendo una visión parcial del problema. Tenemos que empezar a reconocer que no vienen a Europa a integrarse en nuestra civilización, vienen a traer la suya y barrer la nuestra.

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La España profunda ha votado PP

junio 28th, 2016

Escribo a petición de mi amigo filósofo Jordi Martínez Soler, sobre las pasadas elecciones.

Lo más increíble es que después de tantos casos de corrupción en el seno del PP ganen y aumenten los votos. O el electorado es masoquista o votan de cachondeo.  Hay otra respuesta.

Recordemos quien vota al PP: un 27% son mayores de 65 años con estudios elementales o escasos. Un 25% tienen una total carencia de estudios, saben leer y escribir y hacer algún cálculo aritmético; y el 24% son de pueblos de menos de 2.000 habitantes, lugares dónde las actividades culturales escasean.

Estas cifras indican que una parte del electorado no se entera de las corrupciones que comete el PP. Luego están los que se enteran, lo saben y lo permiten porque es bueno para recaudar dinero con el fin de impedir que la izquierda (los rojos) suba al poder.

El Brexit también ha ha tenido su pequeña incidencia, la situación era muy peligrosa para traspasar el poder a “jóvenes sin experiencia”, como Podemos.

Recordemos que la España profunda es el feudo conservador del PP; un feudo católico, apostólico y romano cuyos “meapilas” del PP defienden como Santiago cerrando España. Con el PSOE y especialmente Podemos se presentaba un laicismo amenazador. Ved a la alcaldesa de Barcelona, sin asistir a los actos religiosos y apoyando obscenos carnavales que derivaban en orgías y aquelarres.

Luego están los ancianos a los que se les recordaba que podían quedarse sin pensiones, solo el PP y el Guerrero del antifaz podían defender esos cuatro miserables céntimos que les dan.

Me diréis: ¿Y los jóvenes que han votado al PP? Muy sencillo son los que se están educando en la cultura del pelotazo, los que les enseñan que la corrupción es algo normal en la época en que vivimos. Son los jóvenes que admiran a Mario Conde con su patrimonio en una isla bananera desconocida; son los jóvenes que admiran y envidian a Berlusconi con sus yates y mansiones, siempre rodeado de mujeres horteras, incultas y descerebradas que compensan estos “pequeños defectos” con sus abundantes glándulas mamarias.

¡El dinero es lo importante, y no importa mucho la forma de obtenerlo! Estamos en la sociedad de “que hay de lo mio”, aunque ese “de lo mio” implique que una escuela se quede sin techar, un hospital sin camas, y que los investigadores se tengan que conformar con una lupa para observar los experimentos con sus gusanos.

Con el poder en sus manos el PP dará su próximo paso que será, como hace años dijo el escritor Uruguayo Mario Benetti: “….la consciencia es ahora el territorio a someter, a invadir, a conquistar. De ahí la educación para el olvido; de ahí el incesante bombardeo del ruido y de la imagen; de ahí la amputación de ocio reflexivo y creador. Trabajar incesantemente, ininterrumpidamente, a fin de que no quede espacio para el raciocinio, para la duda, para el adiestramiento de la sensibilidad, para la profundización de la cultura y también, por qué no, para la expansión lúcida”.

 

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¡Es la cultura, estúpidos!

junio 11th, 2016

El sondeo del CIS de este sábado, publicado en El País y en otros medios, me ha aclarado una duda que tenía hace tiempo: ¿Cómo era posible que después de tantos escándalos de corrupción en el PP y en PSOE, la gente les siguiera votando a estos partidos?

El sonde del CIS contesta claramente a este interrogante. Tal vez, las conclusiones que añadiré, pueden parecer ofensivas. No menos precio a aquellos que carecen de estudios pues ya sabemos que en este país el sistema se  creo para tener mano de obra, y que muchos no tuvieron ni medios, ni tiempo para estudiar.  Por otra parte se ha primado más el interés por determinados deportes de masas, programas de televisión basura y tertulias de botellón que la difusión de la cultura y el conocimiento. No tener estudios es carecer de una orientación clara sobre el mundo que nos rodea, sobre todo si se carece de medios para acceder a las fuentes culturales – conciertos, libros, teatros, periódicos, etc. -, no tener estudios es vivir en un sistema que nos maneja y en la ignorancia de nuestra propia existencia.

Realizada esta aclaración veamos las frías cifras: El PP, pese a coronar el reino de los escándalos de corrupción, vuelve a ganar las elecciones con un 27,5% de votantes que son mayores de 65 años (la clase social que ha podido estudiar menos); de sus electores el 25,9% carecen de estudios, lo que da al PP la cifra más alta de gente sin formación. Y el  24,9 provienen de pueblos de menos de 2.000 habitantes, donde se acumula la gente con más carencias en aspectos culturales.

El PSOE tampoco pasa el examen, tiene un 19% de electorado mayor de 65 años, y bate un record en votantes sin estudios: el 29%, más que el PP. Tal vez se deba a que en el PP la clase social es más adinerada y se han permitido poder estudiar más que en el PSOE.

Unidos Podemos tiene un 35% del  electorado menor de 34 años, la futura generación de este país. El 16% del electorado tiene estudios superiores y un 14% Formación Profesional. Es la generación que quiere un cambio. Sepamos que es el partido que más atrae a los jóvenes, algo que nos tendría que hacer reflexionar.

Los votantes de Ciudadanos son el 12% de entre 35 y 44 años. Tienen estudios superiores el 11,7 % y Formación Profesional el 11,5% . Un electorado de derechas que proviene de las grandes ciudades y tiene una parte importante con formación cultural.

Siempre evito el decirlo, parece ofensivo, pero este país tiene una gran incultura y unos ciudadanos que no quieren reconocer su deficiencias en este sentido. Todos son enteraditos y sabelotodo. ¿Y tú? me preguntará el lector: yo cada día se menos y menos de más y más cosas.

¿Estamos en el fin del sistema político?

agosto 21st, 2013

Es evidente que la política, en casi todos los lugares del mundo, ha sufrido un gran descrédito, especialmente los partidos que la representan. El sistema democrático tiene sus fallos, pero los autoritarismos y los sistemas oligárquicos son peores ya que se convierten en déspotas.

La era de la democracia de los partidos parece llegar a su fin, por los menos en credibilidad entre los votantes. La corrupción, la falta de ideología, el incumplimiento de los programas, los intereses partidistas por encima de los intereses de los ciudadanos, el incontrolable manejo de dinero oscuro, el aferramiento al escaño y al poder por encima de todo, el amiguismo, etc., son toda una serie de factores que no se han podido solventar, ni aquí ni en otros países. Hechos que han conseguido que el electorado sea cada vez menos fiel y más volátil.

Ante la crisis de los partidos se presentan varias alternativas. Una de ellas es mantener el sistema actual con cambios obligatorios: elecciones primarias en todos los partidos con participación de los movimientos sociales; desaparición de la disciplina de voto; listas abiertas; validez del voto en blanco y escaño vacío correspondiente a la proporcionalidad de papeletas en blanco; más referéndums vinculantes de consulta ciudadana, tipo Suiza; cumplimiento del programa electoral.

Otros sistemas preconizan la necesidad de que los políticos tienen que convertirse en un servicio al país, por lo que no pueden perpetuarse más de un tiempo determinado, luego deben volver a su trabajo normal. Sus emolumentos estarían determinados por la ley, y tras haber desarrollado su servicio tendrían un retiro de dos años como el resto de los ciudadanos.

Otros abogan por el fin de los monopolios por parte de los partidos, con una presencia y participación de los ciudadanos. Internet puede ser un elemento importante de conexión instantánea, incluso de votación en referéndum o muestras de lo que desean los ciudadanos, una herramienta de una verdadera democracia con la opinión de todos instantáneamente.

Algunos politólogos ven el futuro de los partidos acabado y sustituidos por nuevas fórmulas. Las tecnocracias en donde los especialistas en diferentes materias toman decisiones técnicas; pero en este sistema no podemos olvidar la presencia de los humanistas. Otro sistema son los consejos de sabios que permanentemente aconsejen a los políticos sobre las decisiones que han de tomar y sus consecuencias, es de decir, la creación de unas Think Tank permanentes que estén asesorando. Los más futuristas ven la gobernabilidad en manos de la cibercracia, el asesoramiento por potentes ordenadores que calculen las probabilidades de las decisiones y los riesgos estadísticamente. Este último sistema terminaría por eliminar a los partidos y a los políticos, un riesgo que también puede tener sus circunstancias en contra.

En cualquier caso el sistema hoy no funciona, y requiere un cambio inmediato con el fin de eliminar la corrupción, los monopolios y que la política termine cayendo en manos de las multinacionales… si no lo está ahora.

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Corrupción endémica

febrero 1st, 2013

La corrupción es una epidemia endémica incurable en este país. ¿Qué hacer cuándo llega hasta los altos estamentos?

Dimisión y gobierno de concentración, un gobierno nuevo sin imputados ni sospechosos, elegido con listas abiertas. Como presidente un honorable. ¿Pero de dónde sacamos un honorable en este país? Tendría que ser un filósofo o intelectual, y estos no quieren saber nada de participar con esta “gente”.

Quiero recordar un relato de ciencia-ficción que leí hace mucho tiempo. Se trata de un país en donde al presidente del gobierno, cargo que es voluntario, le colocan un collarín explosivo en su cuello. Un collarín que no se puede quitar. Los ciudadanos disponen de unas grandes pantallas con dos pulsadores que pueden utilizar cada determinado tiempo (semestralmente o anualmente). Si el presidente lo hace bien pulsan el verde, si creen que lo está haciendo mal pulsan el rojo. Si la cifra de pulsaciones rojas supera a las verdes, el collarín que lleva el presidente explota y muere.

Si esto lo aplicásemos en nuestro país, nadie querría ser presidente y si algunos osasen a serlo, tendríamos una historia con más guillotinados que la revolución francesa.

Aquí tendríamos que colocar los collarines a presidentes, ministros y directores generales…como mínimo.

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