GIGANTES

abril 12th, 2021

GIGANTES

 

Mi amigo Gonzalo siempre me pregunta sobre los gigantes, esos restos momificados o fosilizados  que encuentra los arqueólogos  en toda Europa, Centroamérica y Sudamérica. Estos días he tenido ocasión de releer algunos fragmentos  de los Manuscritos del Mar Muerto, tenía interés en encontrar algo sobre las profecías de Daniel. También algo sobre los gigantes. Antes de entrar a saco con los gigantes, veamos que dicen los textos sagrados.

El extraño relato del Génesis en el que “los hijos de Dios” bajan a la tierra y tienen en ella relaciones sexuales con mujeres hermosas, es un saco se sorpresas. En el Deuteronomio 32,8, hallado en Qumrán dice “hijos de Israel”. Es una primera discrepancia.

En Génesis 6,1-4 leemos: “Cuando la humanidad comenzó a multiplicarse sobre la faz de la tierra y les nacieron hijas, vieron los hijo de Dios (en hebreo Dios es Elohim), que las hija de los hombres les venían bien, y tomaron por mujeres a las que preferían….//…. Los nephilim, existían en la tierra en aquel entonces, cuando los hijos de Dios se unían a las hijas de los hombres y ellas les daban hijos…”.

Vemos como en un lugar se les llama “hijos de Dios”, en otro “Hijos de Israel” y en otro “nephilim”. Es una constante de la Biblia que dificulta su comprensión. Los traductores tuvieron que vérselas ante esa perplejidad sexual problemática que tenían que domesticar.

No se podía interpretar como una serie de hijos de Dios (hermanos todos) que se dedican a ir de juerga por esos mundos que ha creado su padre-Dios. Y más si en la Biblia hebrea se resalta a estos hijos, y en Job 38,7 y 2,1 leemos que los hijos de Dios se presentan a Yahvé en la asamblea divina celeste. Como destaca el Deuteronomio, “los hijos de dios” están presentes en la creación del mundo, es más aparecen de nuevo en Salmo 89,7 donde se proclama la preeminencia incomparable de Yahvé entre los dioses.

En los Manuscritos del Mar Muerto (Deuteronomio 32,8), escrito en caracteres herodianos tardíos se recalca “los hijos de Dios” no “los hijos de Israel”. Aquí, muchos investigadores bíblicos ven que en el proceso de transmisión y traducción, alguno o varios escribas, sintió la necesidad de limpiar el texto reescribiéndolo y reemplazando “hijos de Dios” por “hijos de Israel”.

Hasta aquí me recuerda los relatos de ciencia-ficción, donde bajo la supervisión del Doctor-Decano de una galaxia alejada y sus ayudantes (hijos del Dios Doctor Decano) deciden crear la vida en la Tierra. Bueno, pero mi amigo Gonzalo me dirá: “y todo esto que coñ… tiene que ver con los gigantes”.

Vamos a entrar en eso. Los restos de gigantes encontrados en las distintas excavaciones, son auténtico casi todos. Fósiles de hombres muy altos, que debieron causar espanto por su fortaleza y tamaño, bueno que ni para echar con ellos un pulso.

Los hijos de Dios generan una descendencia que engendran cuando se unen a las hijas de los hombres, y para muchos estudiosos bíblicos estos descendientes son los nephilim, tal y como se describe en Génesis 6,1-4. No está muy explícito pero los nephilim son los héroes de la antigüedad, los hombres famosos. Nephilim significa literalmente “los caídos”, los “muertos”. Ezequiel (32,27) los califica como guerreros que han caído. En otros lugares de la Biblia se describe a los nephilim como gigantes nativos de Canaán. Moisés envía espías a Canaán quienes le advierten de diciendo (Números 13,32-33):”Toda la gente que hemos visto allí  es gente alta, nephilim…../…. No teníamos ante ellos como saltamontes….”. Los gigantes anaquitas (nephilims) son también llamados refaítas, nombre que se utilizaba para designar a los habitantes gigantes nativos de Canaán.

Todo parece un mito, pero tenemos historia auténtica que se entremezcla con la ficción. Así podemos decir que existió el rey Og de Basán con su enorme cama de hierro en Rabá Amón (Deuteronomio 3,11) o la historia del guerrero Goliat descendiente de Rafá de Gat.                                       Todos estos gigantes fueron exterminados por Josué, Moisés y Caleb, y algunos rezagados que morirían por David y sus hombres. Solo sobrevivieron los que se refugiaron en Gaza, Gad y Asdod. Y si alguno ha nacido en los últimos 200 años debe ser debido a un gene recesivo que aún se transmite por ahí.

Podría extenderme mucho más, solo una cuestión, los gigantes que conocemos en este siglo, hombres de tres y más metros, han desarrollado un cuerpo que no les corresponde a este planeta.

El mito bíblico tiene una parte de realidad y nos recuerda a las narraciones de extraterrestres en la antigüedad.  Los gigantes difícilmente sobrevivían en la Tierra. Cuando colonicemos la Luna, los niños que nazcan allí (selenitas) con una gravedad muy inferior a la Tierra, serán altos y delgados… su constitución no será apta para la Tierra.

 

 

 

 

 

 

 

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No estamos hechos para conquistar el espacio

abril 7th, 2021

NO ESTAMOS HECH0S  PARA CONQUISTAR EL ESPACIO

“…el proceso evolutivo nunca ha inventado la rueda, a pesar de que sus ventajas selectivas son manifiestas. ¿Por qué no ha de haber arañas rodadas o cabras o elefantes deslizándose sobre ruedas por las autopistas? La respuesta más evidente es que hasta hace muy poco tiempo no existían las autopistas”.

Carl Sagan

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“Que no digan que el espacio no está hecho para el hombre, allí donde el hombre quiere ir puede vivir”.

Bruno H. Burgel

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“El espíritu humano crece a medida que el Universo se desarrolla. El hombre, pues, puede y debe intentarlo todo”.

Buffon

 

EL GRAN PROBLEMA EN EL ESPACIO ES EL SER HUMANO

Somos estructuras adaptadas para sobrevivir en la Tierra sin necesidad de mecanismo. Podemos escalar montañas y nadar en la mar, incluso bucear algunos metros, resistimos los cambios temperatura producidos por las estaciones y, cuando necesitamos volar, recurrimos a nuestro cerebro diseñando los artefactos necesarios para desplazarnos por el aire. Nuestros problemas empiezan con las alturas, las profundidades marinas y subterráneas y el espacio de ahí fuera.

No estamos adaptados para vivir en el espacio o en los planetas que conocemos. La necesidad ha creado los órganos para sobrevivir en la Tierra entre ciertos límites.

El gran problema de la conquista del espacio no es la tecnología en las naves, ni los sistemas de propulsión; el gran problema es el hombre. Estamos proyectando cohetes, módulos y naves para la conquista espacial, pero en realidad construimos “burbujas” para poder sobrevivir y desplazarnos ahí fuera.

Los problemas empiezan cuando constatamos que ahí fuera todo es diferente. Son dificultades parecidas a las que tuvimos cuando empezamos a explorar los fondos marinos. Precisábamos resistentes batiscafos, trajes de buceo, entrenamientos especiales, tecnología para respirar. Con la exploración del espacio tenemos problemas parecidos, con el agravante de que no sólo queremos explorar, sino colonizar inicialmente la Luna y Marte, y una de las mayores dificultades es que, allí fuera, estamos solos. Ante un problema la ayuda desde la Tierra puede tardar meses o años.

Los astronautas han sido y son cobayas para la medicina aeroespacial. Se ha descubierto que muchos aspectos de lo que sucede al cuerpo humano al estar largo tiempo en el espacio, tienen consecuencias irreversibles.

Con estas condiciones, por muy jóvenes que sean los astronautas que salgan de la Tierra, cuando lleguen a Marte serán un conjunto  de cuerpos envejecidos.  Se precisa, además,  gente con grandes conocimientos, personal en unas excelentes condiciones físicas, ya que su estado al llegar a Marte será sensiblemente enfermo. Entre los astronautas que viajen a Marte debe de haber un médico o, como mínimo, especialistas en medicina aeroespacial. Se precisan elegidos para la gloria. Comparablemente es como los navegantes que surcaban los océanos con aquellas naves salubres, que terminaban con la vida de muchos navegantes por el escorbuto, avitaminosis, fiebre amarilla, tétanos, tuberculosis y otras enfermedades. Muchos de aquellos navegantes llegaban a los nuevos continentes en estados lamentables.

Sabemos que de la Tierra saldrán unos astronautas en unas excelentes condiciones físicas y psicológicas, pero llegarán a Marte con un 20% menos de masa ósea; con una carótida y una femoral 20 o 30 años más vieja de lo que era al salir de la Tierra; con músculos atrofiados y una sustancial pérdida de peso; tasas elevadas de grasa en la sangre y alteración del sistema inmunitario; problemas de visión; y trastornos psicológicos. Todo eso sin contar los daños invisibles que produce la radiación cósmica.

LAS CONSECUENCIAS DE LA GRAVEDAD

Los efectos de la falta de gravedad sobre el cuerpo humano es uno de los problemas con los que los astronautas se encontraran. Lo que se conoce, hasta ahora, por la experiencia que se tiene de los astronautas en la ISS, se traduce en las siguientes patologías: La vista se vuelve borrosa debido a que la hiperpresión intracraneal provoca una pérdida del campo visual y un descenso de la acuidad. La densidad de minerales en los huesos disminuye de 1% a 2% por mese, por lo que pierden masa y se vuelven más frágiles. Algunos astronautas han llegado a perder en seis meses un 20% de masa ósea. Entre los cuatro y seis primeros meses en el espacio la pérdida ósea es significativa y se  localiza en la columna vertebral y los miembros inferiores, especialmente el fémur y la tibia.

El sistema cardiovascular envejece, en seis meses las arterias envejecen tanto como si hubieran transcurrido veinte o treinta años.    Este sistema también se ve afectado y las arterias carótida y femoral sufren un espesamiento importante y se hacen más rígidas. Envejecen entre 20 y 30 años en seis meses.

Los músculos se atrofian por la ausencia de gravedad. Y la pérdida de peso llega hasta 5 kilos por mes en la ISS.

El metabolismo se descompone, aumenta la tasa de grasa en la sangre y se produce una resistencia a la insulina que altera el sistema inmunitario. También hay que considerar los desarreglos metabólicos, como la resistencia a la insulina que conduce a un estado pre diabético y a hiperlipidemia (tasas elevadas de grasa en la sangre).

Para paliar que estos efectos sobre el cuerpo humano y que no empeoren se han tomado contramedidas. El astronauta debe realizar dos horas de deporte diarias (bicicleta, correr sobre el suelo rodante). Se les viste con pantalones “Tchibis” un equipo cargado de electrónica que atrae el flujo sanguíneo hacia las piernas. También se les somete a un régimen nutritivo especial, e ingieren medicamentos que son cocteles con propiedades antioxidantes y anti-inflamatorias. Pero estas medidas no palian los efectos más graves, y al regresar a la Tierra hay que extraerlos de las cápsulas, porque ellos son incapaces de salir por sí mismos. Durante tres semanas se evita que conduzcan o realicen vuelos transatlánticos. Uno de los problemas a resolver reside en la llegada a Marte, ¿podrán salir ellos solos de la nave o tendrán que permanecer varios días recuperándose y acostumbrándose a la nueva gravedad? Afortunadamente en Marte la gravedad no es tan fuerte como en la Tierra. En cualquier caso el efecto sobre los huesos es duradero, y se ha comprobado como astronautas han tenido problemas en su masa ósea un año después de haber regresado.

Al margen hay que considerar que un astronauta no está al margen de sufrir traumatismos que, dada la fragilidad ósea, se transformen en rupturas. ¿Cómo debe tratarse una fractura en la superficie de Marte, o en un viaje por el espacio de varios meses? ¿Debe entablillarse, enyesarse o solo vendarla? ¿Cómo se reparará un hueso que está perdiendo parte de su masa? No se tiene ni idea.

Recordemos que cuando los astronautas llegan a la ISS se ven afectados por “el mal del espacio” con náuseas y diarreas, durante los tres primeros días. Se han observado también errores en maniobras de pilotaje o manejo de instrumental en la que los astronautas estaban perfectamente entrenados.

La pérdida visual afecta al 60% de los astronautas, y todos acostumbran a sentir afectado su sistema vestibular de la oreja interna, pieza indispensable para el equilibrio y la orientación.

EL ENEMIGO INVISIBLE: LAS RADIACIONES.

Los astronautas estarán bombardeados por partículas cósmicas que viajan a la velocidad de la luz. El espacio está atravesado por un 85% de protones, un 14% de partículas alfa y 1% de elementos duros como el hierro. Además de extrañas ondas extra galácticas, partículas del viento solar, pero sobre todo esos protones que se desplazan en forma de átomos de hidrógeno ionizado.

Los dosímetros de la sonda espacial Curiosity en su viaje a Marte, detectaron cantidades que sobrepasaban los límites aceptables para el cuerpo humano. En aproximadamente siete meses de viaje contabilizaron 330 mili sieverts (mSv), unidad que mide los desgastes biológicos de una irradiación. El ser humano soporta una media de 2,4 a 2,9 mSv de irradiación natural por año.

Los astronautas no solo se verán afectados a la radiación en el espacio, sino también cuando estén en la superficie de Marte, ya que este planeta carece de campo magnético que pueda proteger de la radiación, y aún menos su tenue atmósfera. Una estancia de cien días en su superficie significaría recibir una radiación de 320 mSv.

A esta radiación hay que añadir las erupciones solares, con gran cantidad de protones capaces de doblar las dosis de radiación. La realidad es que no hay lugar donde esconderse, no se puede huir a ningún sitio para esquivar la radiación. Dos años en Marte significan estar expuestos a una dosis mínima de 1 sievert, es decir, 50 veces más que un trabajador en un lugar de riesgo de la Tierra, que está fijado en 20 mSv.

¿Qué efecto va a tener esa radiación en los astronautas? Solo se sabe que a partir de que la radiación sobrepasa 1 miligray (mGy es la unidad que mide la cantidad de energía recibida), se produce una alteración de las células del ADN. A partir de 4,5 grays (Gy) se puede decir que la radiación recibida puede ser muy grave, incluso mortal. Si se sobrepasa 100 mSv se produce leucemia y 200 mSv producen cáncer. Cada mili sievert suplementario a estas dosis produce 1% más de riesgo.

Curiosamente no todos somos iguales ante la radiación. Hay quien repara los daños producidos por esta rápidamente (gracias a la proteína ATM), y otros que tienen una mayor radio sensibilidad. Por lo que en la selección de astronautas se podría considerar este hecho. Existe, aproximadamente, un 80% de la población que repara rápidamente los daños causados; un 20% que tarda más y un 1% que no repara nada.

Tal vez sea este el motivo que una radiación de 0,2 Gy produzca en algunos deterioros equivalentes a los producidos por una radiación de 2 Gy.

¿Cómo detener estas radiaciones? No podemos hacer naves blindadas de plomo, ya que el peso se convertiría en un problema. En el viaje no existen soluciones perfectas. En Marte el agua de los polos podría servir para construir iglús que protegerían de la radiación, o habría que enterrar las bases y los hábitats a un metro de profundidad, en la que la dosis caería a 80 mSv por año.

Pero en el espacio sigue habiendo un problema. Una hoja de papel es suficiente para detener una partícula alfa, una de aluminio detendría los electrones, pero para detener los protones se necesita un metro de plomo.

Solo un medio rico en hidrógeno, como la parafina, inmoviliza los protones. Puntualizar que ciertos blindajes se convierten, una vez irradiados, en algo tan peligrosos como las mismas partículas. Y este es el caso de plomo, que al ser tan denso limita el paso de los protones, pero los integra en su estructura. En su interior se producen reacciones nucleares que originan partículas secundarias que tienen efectos, aún más dañinos, en las células biológicas, como los neutrones.

La probabilidad de impacto de una partícula, proveniente del fondo espacial, en el casco de un astronauta es de una por kilómetro cuadrado y por siglo. Sin embargo, los cascos de los astronautas de las misiones Apolo estaban atravesadas por más de una decena de estas partículas.

Por otra parte los iones secundarios penetran la materia y la piel algunos centímetros, produciendo en los ojos la opacidad progresiva del cristalino, hecho constatado por la circunstancia de que el 30% de los astronautas sufren cataratas.

¿Cómo proteger a los astronautas dentro de la nave espacial durante largos viajes?

Existen ideas, pero hoy aun imposibles de desarrollar. Como, por ejemplo, la creación de bucles magnéticos alrededor de las naves que desvíen las partículas. Pero para ello se necesitarían campos magnéticos intensísimos.

La única solución es la de situar a los astronautas en cápsulas criogénicas, en un estado de hibernación, en un lugar pequeño de la nave que no fuera complicado de proteger con materiales especiales, bolsas de agua o pequeños campos magnéticos. Mi experiencia en Cryonics de España, donde fui presidente, es la conservación en cápsulas introducidas en agua. Un proceso largo de explicar que trataré en otra  ocasión.

NACE LA EXOPSICOLOGÍA

Un espacio reducido, siempre las mismas otras cinco caras, falta de intimidad, saber que no puedes ir a ningún sitio, conversaciones que se repiten, roces por diferencia de caracteres y la desesperanza de saber que esto perdurará un año y medio. Este es el panorama que tiene el astronauta en su viaje por el espacio, es el cóctel perfecto para la locura. Un coctel cuyos ingredientes son el insomnio, las pesadillas nocturnas, la pérdida del humor, somatizaciones, retardos cognitivos, etc.

Al cabo de seis meses de convivencia a uno le entran ganas de abrir la puerta y largarse. El astronauta soviético de la Soyouz 25, que estuvo largo espacio de tiempo con otro astronauta con el que no tenía buenas relaciones explicaba en sus memorias: “Todas las condiciones necesarias para cometer un crimen se juntan al encerrar dos hombres en una cabina de cinco metros por seis y dejarlos vivir solos durante un mes”.

Entre 2010 y 2011 se aislaron seis voluntarios durante 520 días, en la réplica de una nave espacial que se había construido a las afueras de Moscú. Simulaba las condiciones del viaje a Marte. Los candidatos astronautas de este experimento, denominado “Marte 500”, mostraron que tras atravesar un corto periodo de euforia, el estrés del aislamiento empezó a provocar problemas psicológicos y a la vez con repercusiones fisiológicas especialmente problemas digestivos. La motivación desapareció y cundía la apatía. Los voluntarios o se encierran en sí mismos o se vuelven agresivos hacia los otros. Se comprobó que el estrés generaba un espesamiento de las arterias.

Los psicólogos tienen un papel relevante en la selección de los astronautas, no se pueden equivocar. No se puede enviar meses o años de viaje por el espacio a gente en la que les va aflorar traumas y bloqueos personales que no han sido somatizados. Se necesita gente formada, consciente de sí misma, equilibrada y que sepa dominar sus emociones. Gente no violenta, pero si valiente, razonadora, humanista, con inquietudes e interés por los misterios de la vida. No puede haber “astronautas al borde con un ataque de nervios”. El mejor ejemplo de templanza lo tenemos en los astronautas del Apolo 13, con su lacónico comienzo, “Houston, tenemos un problema”, y su final “Houston estamos llegando a casa”.

Sirva la anécdota siguiente como comparación sobre los sucesos que pueden acaecer en espacios pequeños y en condiciones peligrosas.

En varias expediciones de investigación que he realizado por el profundo desierto del Sahara del Sur de Argelia, vivimos unas experiencias semejantes a las de los astronautas. Viajábamos cuatro personas en una Combi 1300, que la Mercedes Benz había adaptado especialmente para el desierto. En ocasiones estábamos cinco o seis días sin cruzarnos con nadie, machacados por un calor de 54ºC y carentes de agua fresca que consumíamos en una cuantía de ocho litros por persona y día. Todos titulados universitarios, todos educados y correctos compañeros de otras investigaciones… pese a ello, el espacio mínimo en el vehículo, el calor, la conducción sobre el rizado suelo con sus temblequeo y el agua horrorosamente caliente y algo salada, la tensión por el peligro de ser atacados por tribus bandoleras del Niger, producía tiranteces, discusiones, respuesta inoportunas, una serie de aspectos que uno de los miembros, el doctor Julio Martínez, anotaba en su agenda, según habíamos acordado que hiciera dentro de un estudio de comportamiento psicológico. Este hecho irritaba tanto a un miembro del equipo que, en una ocasión, propuso a los demás que le arrebatásemos la agenda y la quemásemos. Lo sucedido entre los astronautas rusos no me extraña, ya que recuerdo que, en otra ocasión se unió a nosotros un quinto compañero que resultó convertirse en una pesadilla nocturna, ya que sus ronquidos eran tan estruendosos como los aullidos de los gorilas del Congo en época de celo. Dormíamos todos en la misma tienda, y uno de nosotros llegó a pasarle, al que dormía más cerca del ruidoso roncador, un cuchillo de supervivencia para que acabase con él y los ronquidos.

NADIE ESTÁ A SALVO DE UN ESTALLIDO DE LOCURA.

Hasta la fecha, ningún astronauta ha solicitado regresar de la ISS. También saben que sería algo que no podría cumplimentarse inmediatamente. Los psicólogos que han estudiado la estancia de los astronautas en la ISS la describen así.

Al llegar todos están encantados de estar allí. Los primeros días son hiperactivos y carecen de tiempo para pensar en las condiciones que están. A los dos meses se produce una fase de alarma. Aparecen las primeras frustraciones. Se empieza a pensar lo que han dejado detrás y si la elección ha sido acertada. Piensan en la familia, los amigos, los hobbies. Sigue la fase de resistencia. La vida en la estación se convierte en rutina y la presencia de los demás se hace sentir. Aparecen depresiones y pueden haber conflictos con los demás por temas de trabajo: “Yo trabajo más que tú”.

La experiencia muestra que no hay que dejarles tiempo a los astronautas para que se enfaden entre ellos.  El equipo de control en tierra, psicólogos, tiene la responsabilidad de estos hechos. Seguidamente, en la mitad de la misión se produce la fase de abatimiento, están menos activos e interesados por los experimentos. En un viaje a Marte es la fase en la que tienen consciencia de que les queda lo más difícil y arriesgado: el aterrizaje en el planeta rojo.

A partir de la fase de abatimiento pueden desatarse fases de tensión, fases que llegan a pelearse y golpearse, como ocurrió entre los dos astronautas rusos de la Estación Saliout 5, que se batieron a cuchillazos, afortunadamente sin consecuencias graves. Los psicólogos dicen: “Nadie está a salvo de un estallido de locura”.

Ha sido la experiencia en los vuelos espaciales, las estancias en las Estaciones y los primeros viajes a la Luna los que han permitido a los psicólogos y médicos constatar los comportamientos y afirmar que, por ejemplo, el estrés se produce por los espacios reducidos en que conviven los astronautas lo que produce que la relación entre ellos se convierta en patológica. No es de extrañar que se diga que los astronautas regresan cambiados de sus estancias en el espacio.

En el caso que un astronauta “enloquezca”, si se encuentra en la ISS puede ser repatriado a la Tierra en 24 horas, si se encuentra de viaje a Marte, hay que seguir conviviendo con él y vigilarlo.

NO ENVIEN LOCOS AL ESPACIO.

El examen psicológico es esencial, y la menor duda significa que “hay que quedarse en la Tierra”. Los astronautas deben pasar una preparación psicológicas, con simuladores de varias semanas, enseñarles todos los problemas mentales con los que se van a enfrentar, deben de aprender a meditar. Enseñarles a ser limpios, respetuosos con el trabajo de cada uno, y sobre todo saber hablar para resolver los conflictos. Y siempre tienen que tener en mente que podrán ser conscientes de los riesgos, pero no se darán verdaderamente cuenta de las situaciones hasta que no estén en ellas.

Los problemas psicológicos parecen ser los más fáciles de poder paliar, y en gran parte se conseguirá con una precisa selección de los futuros astronautas. No solo tienen que estar entrenados a volar, lo que ya da cierta seguridad en la frialdad del comportamiento ante los problemas que puedan acaecer. Tienen que aprender a trabajar en equipo. Tienen que ser personas formadas en sus profesiones, con buenos conocimientos en varias materias, especialmente en aspectos médicos. Pero también deben saber trabajar en equipo, dialogar y razonar los aspectos técnicos y científicos que se planteen. Deben de acostumbrarse que dentro de la nave o estación su intimidad será mínima, que siempre estarán rodeados de gente y, paradójicamente, saben que están solos.

La selección psicológica del futuro astronauta debe ser rigurosa, firme, tenaz, inflexible y profunda. Puede que un candidato sea rechazado y se vea traumatizado por este hecho, pero otros que serán admitidos saben, como mínimo, que no viajaran con un individuo inestable que pueda poner en peligro la misión.

El entrenamiento en piscinas – como la del Laboratorio de Flotación Neutra, la más grande del mundo y en la que cabe hasta un transbordador y partes de la ISS -, es un ejemplo de lo que hay allí arriba, flotando igual como se flota en el espacio, se van a enfrentar. Pero nunca será igual. En la piscina con trajes similares a los que llevarán en el espacio, y rodeados de buceadores, no están solos. Pero cuando están en la ISS y salen fuera de la estación, están completamente solos, son la única persona dentro del traje espacial. Solos con su soporte vital, viendo el planeta Tierra “allí abajo”, es una experiencia que no engaña al cerebro porque sabe los riesgos que se están corriendo.

Otro problema será el día que las naves orbitales a la Tierra o la Luna, lleven turistas. Los turistas no van a pasar un gran examen psicológico, pero si médico. No se va a exigir un  certificado de estabilidad mental. Por tanto, las normas serán igual que las que aplican las compañías aéreas. Normas que se refieren a cómo debe comportarse la tripulación cuando un pasajero es víctima de algún trastorno mental por claustrofobia, agorafobia, acrofobia, etc.

…TRES…DOS….UNO….CERO.

Recreemos el un fragmento el lanzamiento (launch) en cualquier misión del espacio, instante rodeados de estrés y tensión.

Cuando faltan menos de un minuto para el lanzamiento, la tensión se palpita en la cabina de mando. El electrocardiograma que registra las secuencias de la actividad del corazón de los astronautas delata un aumento de los latidos de este órgano. En los paneles de mando los pilotos luminosos se activan indicando la proximidad del lanzamiento, también delataran cualquier anomalía que obligase a pulsar el botón de “abortar” el despegue, o botón del “pánico” como lo llaman algunos.

Solo quedan escasos segundos y, entre el estruendo y las primeras vibraciones, se escucha la voz de la cuenta atrás: diez, nueve, ocho…  El corazón de los astronautas se acelera aún más, la adrenalina se dispara:…siete, seis… los motores se activan cuando quedan seis segundos, se siente una sacudida hacia arriba adelante y luego hacia atrás al llegar a cero. Los ocupantes del módulo de mando se aferran involuntariamente a los posa brazos de sus sillones y apoyan con fuerza sus espaldas en los respaldos anatómicos de estos mientras respiran profundamente:… cinco, cuatro, tres, dos, uno, cero. Todo tiembla entre un gran estruendo al encenderse los motores principales. Todo empieza a moverse a 161 kilómetros por hora. Los astronautas sienten como sus cuerpos se aplastan y se hunden en sillones, por los ojos de buey se ve como la estructura de la torre de lanzamiento pasa vertiginosamente quedándose atrás, o habría que decir allí abajo.

Son esos momentos en los que la resistencia física es vital. El despegue del cohete ejerce la necesidad de soportar la fuerza de la gravedad con un peso de 3 G en los cuerpos, unos instantes que disparan las pulsaciones haciéndolas subir a 144 por minuto, mientras los astronautas se ven aplastados contra los asientos y todo vibra entre el rugido de los motores. Son momentos en los que la visión se torna borrosa, instantes que llegan a producir, en algunos astronautas, desvanecimientos.

La realidad es que la fuerza de la gravedad no es muy fuerte en el despegue, alcanza los 3 G, que es como si fuéramos en un vehículo por una carretera a 105 Km/h y frenásemos en seco, situación en la que alcanzaríamos los 3 G. Es lo mismo que experimentamos en una montaña rusa del parque de atracciones. La verdad es que los astronautas alcanzar 7,6 G en la maniobra de reingreso a la Tierra, y si han sido pilotos de combate habrán llegado a experimentar hasta 9 G en las maniobras de evasión.

Los momentos de despegue son los más espectaculares y los que mayor turbación producen, se quiera o no se es consciente del peligro que se vive, de que algo puede fallar, que un error en la construcción de la lanzadera puede producir que todo reviente en un trágico estallido. Hay temor, adrenalina que se desprende irremediablemente, dopamina que hace latir el corazón. Por mucho dominio de los nervios que se tengan es un momento de gran tensión psicológica, nada impide que el cerebro recurra al despliegue sus neurotransmisores.

Los psicólogos asesores de la NASA u otras empresas, recomienda que durante el momento del despegue se les encomiende a los astronautas tareas para realizar con el objetivo que no piensen en las consecuencias de ese momento crucial. Así tienen que repasar instrumentos y anotar su lectura o notificarla a la base de lanzamiento. El despegue es una maniobra que han realizado cientos de veces en las cabinas de los simuladores donde han sentido el mismo ruido del ascenso y las mismas vibraciones. Pero nada puede engañar a la mente y ahora saben que se encuentran ante la cruda realidad, la partida de un cilindro de 3.000 toneladas y 117 metros de altura con una fuerza, en el momento del arranque, de 4.173 toneladas, equivalente a 34 Boeing 747 o 17.400 locomotoras, que produce una velocidad de escape de la Tierra de 11,2 Km/s o 40.320 Km/h. Hablo del nuevo cohete que llevará a los astronautas  de regreso a la exploración lunar y marciana, el Space Launch System (SLS). Los astronautas también saben que ese gigantesco cohete lleva unos depósitos criogénicos con una mezcla de oxígeno e hidrógeno líquido a unas temperaturas de -183ºC y -250ºC, respectivamente, cuya explosión los desintegraría totalmente.

El lanzamiento sigue sus fases y por el ojo de buey las nubes pasan rápidamente, el cielo se oscurecerá o se aclarará brillantemente dependiendo de la hora del lanzamiento. El desprendimiento de los boosters de los costados se percibe como un crujido que aligera la nave y pone en marcha un nuevo impulso que empuja al complejo del SLS.

Son una serie de experiencias que los astronautas han vivido docenas de veces en los simuladores, pero en esta ocasión se están enfrentando a la auténtica realidad que provoca que el estrés y el temor estén presente, ya que los ocupantes del Crew Module saben que estos momentos son reales, y que cualquier fallo desencadenaría una terrible tragedia.

Han transcurrido ocho minutos y el ingenio ha alcanzado los 188.293 kilómetros de distancia, los astronautas sienten que se despegan de los asientos, un lápiz empieza a flotar, se ha entrado en la ingravidez y el SLS alcanza una velocidad de 30.000 km/h.

Todos los momentos cruciales del lanzamiento ya han transcurrido y son recompensados por la visión de la Tierra desde el espacio, una de las imágenes más maravillosas que narrarán todos los astronautas. Una inmensa esfera de color azul que se irá alejando y empequeñeciendo en las profundidades del espacio silencioso.

Poco a poco la Luna se irá engrandeciendo, dando la impresión que se aproxima con su pálido color blanco y una orografía repleta de grandes mares secos y cráteres de todos los tamaños. Es el mundo más próximo a la Tierra, es nuestro único satélite, un mundo árido y caluroso cuando lo ilumina el Sol, pero también frío y terriblemente oscuro durante sus noches. Un mundo que no está hecho para la constitución humana, un mundo sin oxígeno para respirar que precisa complejos trajes para sobrevivir en su superficie.

Pero la SLS dejará a un lado la Luna, ya que el objetivo de este lanzamiento está más alejado y requiere cerca de seis meses o un año de claustrofóbico y peligroso viaje por el espacio, entre micro meteoritos y letales rayos cósmicos. Ahora, desde la posición de salida de la Tierra, Marte es solo un punto rojizo que se mueve alrededor del Sol; es un lugar árido, sin apenas atmósfera, bombardeado por los rayos cósmicos, meteoritos y algún que otros asteroide de peligroso tamaño. Un lugar donde se desatan tormentas de arena docenas de veces más potentes que las de los desiertos de la Tierra. Es un astro misterioso y repleto de sorpresas inesperadas.

Seamos sinceros, la conquista del espacio es urgente por el hecho de que en este planeta no estamos seguros. Tarde o temprano tendremos una gran catástrofe que acabará con nuestra civilización. Ahora ha sido un virus que nos ha advertido que hay millones como él, y que estamos expuesto a que uno más contagioso que el Covid-19, no podamos dominarlo. Pero tan peligroso es el hecho de que un asteroide impacte con nuestro planeta, alguno de nuestro Sistema Planetario y alguno inesperado como el Oumuamua, que atravesó nuestros Sistema Planetario en 2017;, el inesperado cometa Borissov; el que cayó en Tunguska en 1908; y el causó heridas a cientos de personas en la ciudad de Cheliabinsk.

Cuatro o cinco volcanes amenazan entrar en erupción, crear un invierno nuclear, acabar con nuestra existencia, el volcán de Yellow Stone es uno de los candidatos. Una explosión del Sol, o la radiación de una Nova cercana. Un cambio de clima repentino y todo el planeta podrían estar recubierto de hielo, arruinándose todas las cosechas y acabando con todas las especie. Incluso un volcán subterráneo, como los centenares descubiertos bajo las capas de hielo de los Polos podría sorprendernos con una erupción.

Se nuestra civilización quiere sobrevivir, debemos prepararnos, debemos explorar los astros que nos rodean y colonizar la Luna y Marte.

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La ciencia actual está desmontando a Dios

marzo 26th, 2021

La ciencia actual está desmontando a Dios.

Hoy la ciencia, con sus descubrimientos, ha lanzado una OPA a la creencia de Dios. Darwin fue el primero en desvalorizar el mercado de parcelas del Edén, rescindiendo e inhabilitando  a Adán y Eva.

Cada día que surge un nuevo descubrimiento en biología, cosmología, paleontología o medicina regenerativa, la idea de la existencia de Dios sufre un descalabro. Si los sacerdotes de las grandes religiones tuvieran poder, prohibirían determinadas investigaciones, especialmente las biotecnológicas y la nueve medicina regenerativa. Es incongruente que, en algunos países, las religiones prohíban investigaciones dirigidas a descubrir nuestros orígenes o prolongar nuestras vidas indefinidamente. Los descubrimientos que entusiasman a los científicos, traumatizan a los sacerdotes.

Una de las imágenes que con más irracionalidad que perdura en las neuronas de mi cerebro, fue la del presidente Bush y varios miembros de su gabinete de crisis rezando y encomendándose a Dios, momentos antes de decidir la guerra  contra Irak.  Me pregunto a qué dios se encomendaba Bush y los miembros de gabinete de crisis, algunos de ellos con potentes intereses económico en la industria armamentística[1]. Fue la nueva derecha la que dejo entrar a los evangelistas en la Casa Blanca, la que permitió que durante unos años los fanáticos más delirantes gobernaran el mundo.

Hoy contemplamos como la idea de Dios no ha muerto en la mente de muchos seres desesperados, pero se ha convertido en una leyenda agonizante. Sólo creen en Dios los muy felices o los muy desesperanzados. Los primeros porque el azar les ha proveído de todas las necesidades, ventajas y comodidades, incluso en salud; los segundos porque no tienen ninguna expectativa o esperanza de disponer de una vida humanamente soportable. Para los creyentes solo es cuestión de fe, para los ateos la fe es una enfermedad fantasiosa. H. G. Wells se preguntaba en “La guerra de los mundos” para que servía la religión si en los momentos que ocurren las calamidades no prestaba ningún socorro.

Nadie ha visto a Dios o ha hablado con él, salvo algunos enfermos mentales de los que hubo muchos entre los santos y santas. Si hablas con Dios eres religioso, pero si Dios te habla eres psicópata. Dios es una fantasía que nació el día que un chamán del Pleistoceno dominó el fuego y ritualizó algunos comportamientos humanos. La religión apareció para fortalecer esos procedimientos y dar poder y mando a estos chamanes.

Mucha gente no cree que el hombre ha llegado a la Luna, o que la Tierra es redonda, pero cree en un Dios que no han visto nunca. La religión vive de la falta de conocimientos científicos, de la escasa cultura, del condicionamiento infantil y el adoctrinamiento en los colegios religiosos. ¿Cómo alguien puede creer en Adán y Eva, en el Arca de Noé, en la resurrección de Lázaro, en el nacimiento de Jesús con la intervención del Espíritu Santo? ¿Cómo se puede creer que Jesús ha hecho andar a un paralítico en Lourdes y mientras tanto ha permitido que cinco mil niños se mueran cada día de hambre, en guerras, esclavitud o enfermedades?

Cada día que transcurre y la ciencia avanza en sus descubrimientos, la creencia de Dios va menguando y la religión, va palideciendo, va demostrando que es ilógica, irracional, una fantasía para paliar nuestras inquietudes  existenciales. Un placebo psicológico. Dios se ha convertido en una historia sospechosa, en un fraude económico, en una forma que unos pocos tienen de dirigir las mentes humanas en su beneficio. Los sacerdotes de las distintas religiones debieran de ser lo suficiente sinceros para admitir que están vendiendo fantasías, leyendas antiguas, mitos, falsas esperanzas; y lo más grave, que están creando en muchos seres traumas y bloqueos psicológicos irreversibles; en algunos casos están creando individuos fanáticos, “hooligans de Dios”, que terminan inmolándose en actos terroristas a cambio de una bendición o un paraíso.

Las religiones con sus mitos y leyendas son el mayor escollo con el que se ha enfrentado la ciencia en la historia de nuestra civilización. Son culpables de los mil años que hubo de ignorancia, ya que fueron las religiones las que nos introdujeron y nos mantuvieron en la oscuridad, atraso y  miedo. Si a alguien hay que culpabilizar de los traumas y enfermedades psicológicas que ha sufrido la humanidad, es sin duda a las religiones, que con sus ilusorias historias, sus mitos insostenibles ha adoctrinado a millones de niños y miles de adultos. Hoy siguen adoctrinando y condicionando a los niños en los colegios religiosos, pero con los adultos su discurso ha tenido que cambiar. Destaca el filósofo ateo A. C. Grayling, que “Las religiones necesitan llegar a los niños, porque a un adulto no lo pueden persuadir. Si a un adulto le explicas una religión, le parece algo sacado de Los Simpson”.

El neurobiólogo de la Universidad Hebrea de Jerusalén, Idan Sergev dijo: “Dios es una invención del cerebro. Si yo fuera capaz de construir un robot con un cerebro tan complejo como el mío, seguro que creería en Dios”. Pasko Rakic de la Universidad de Yale, añade: “Muy probablemente, el robot pensará que su constructor es Dios”.

La ciencia ha tenido que afrontar los fundamentalismos de religiones que, representando a presuntos seres divinos que les otorgaban el poder dogmático, les autoriza a determinar que es cierto o es falso. Evidentemente era falso, erróneo y hereje todo el conjunto de teorías científica que contradecían los pueriles argumentos que sostenían las diferentes religiones. Cuando los argumentos se terminaban las religiones se han valido del poder dogmático respaldado por el ejército de reyes y señores que conocían el poder de convicción de los sacerdotes y los utilizaban para exterminar a sus enemigos o arreglar bodas de conveniencia. Las religiones han quemado miles de documentos, libros y textos de investigación que contradecían sus principios y, en ocasiones, junto a esos textos del saber, han sido pasto de las llamas sus autores. Los que lograron escapar a este terrible final, sufrieron la marginación hasta el punto de tener que huir de sus países o terminar sus días en infectas mazmorras; otros fueron acallados, ridiculizados, amenazados y alejados de sus cátedras o sus lugares de investigación.

La lista de perseguidos y ajusticiados por todas las religiones es inagotable, así como la quema de libros calificados de herejes es interminable. Hoy las religiones siguen actuando en contra de todos aquellos que osan contradecir sus “verdades” dogmáticas, muy especialmente las tres religiones monoteístas: cristianismo, el islam y el judaísmo.

Tres religiones diferentes, con dioses distintos, pese a que algunos pretendan decirnos que Dios, Jehová y Allá, son la misma persona. Recordemos que, presuntamente, el primero tuvo un hijo, Jesús que envió a la Tierra; el segundo no tuvo ningún hijo y sus seguidores esperan su llegada a la Tierra; el tercero tampoco tuvo un hijo, y Jesús es solo un profeta. Las diferencias son notables, sin mencionar otros aspectos.

Cualquiera de estas religiones monoteístas arrastra grupos sectarios más o menos fanatizados. Son esos grupos los que en nombre de estas grandes religiones asesinan o matan a aquellos que no comparten su ideología totalitaria basada en dogmas religiosos. Los tenemos en EE.UU. asesinando a un médico abortista, en Europa los yihadistas disparando contra aquellos que escuchan música, beben alcohol, fuman o son ateos.

Todas las guerras más terribles o matanzas han tenido un trasfondo religioso detrás. Las religiones se han enfrentado en terribles matanzas para defender “su verdad”. Chiitas contra sunnitas se siguen enfrentando a muerte desde el origen de su religión por un asunto de herencia familiar; católicos y protestantes se han matado igualmente, solo hay que recordar en 1572 la matanza de hombres, mujeres, niños y ancianos, más de 10.000, que realizaron los católicos en la noche de San Bartolomé. El lector puede alegar que fue en el siglo XVI, pero es que en el siglo XX seguían matándose católicos y protestantes en Irlanda del Norte. No voy a detallar otras matanzas realizadas por la Iglesia católica, como la de los cátaros, templarios o musulmanes en las Cruzadas. Tampoco las de los croatas contra los musulmanes el siglo XX.

La ciencia actual está facilitando respuestas que las religiones no pueden dar. Mientras la ciencia nos ofrece realidades razonadas, las religiones, basadas en mitos y leyendas, no ofrecen explicaciones convincentes y siguen viendo con temor los descubrimientos científicos.

Para combatir a la ciencia desde la ciencia o Seudociencias, Benedicto XVI creo en 2008 el coloquio de la Academia pontifical de las ciencias en el corazón de la Santa Sede, dedicada a la investigación fundamental, la ética y la responsabilidad con el medio ambiente. Como muestra de su inmensa labor fue apoyar a los creacionistas y el diseño inteligente; y, algunos investigadores destacan que también inició una fuerte “cruzada” contra la asignatura de filosofía en las aulas francesas y española.

El fallecido Stephen Hawking, que siempre fue actualidad por sus declaraciones, visitó España para hablar en el Congreso Starmus sobre ciencia y añadió sus inesperados comentarios ateos. Los organizadores de Starmus, la Caixa, Atos (empresa tecnológica francesa), el Instituto Tecnológico y de Energías Renovables, el Gobierno de Canarias y el Cabildo de Tenerife, fueron los creadores de este evento.

Starmus reunió a científicos, premios Nobel y astronautas. También trajo a una élite de científicos ateos. Entre ellos Harold Kroto, Nobel de Química en 1996, ateo militante; otro gran ateo asistente fue Richard Dawkins, autor de El gen egoísta y El espejismo de Dios, así como presidente de la Fundación para la Razón y la Ciencia. Y Hawkins, que no tuvo pelos en la lengua cuando destaco que no creía en Dios, ya que la ciencia le había dado respuesta que Dios le había negado.

Los avances científicos actuales están “desmontando a Dios”. Las teorías modernas nos aseguran que el Universo surgió de la nada sin una causa aparente. En un punto de singularidad de la nada se produjo el Big Bang y, tras complejos pasos, aparecieron las galaxias, estrellas y planetas, es decir, el Universo que percibimos, un cuatro por ciento, el resto es materia y energía oscura, suponemos.

Antes del Big Bang no existía nada, no había nada, ni espacio, ni tiempo, ni energía, ni materia. Y estos nos lleva a inquietantes interrogantes: ¿Cómo de la nada puede surgir algo? ¿Qué hay más allá de la nada? ¿Dónde estaba ubicada esa nada?

Si utilizamos reflexiones teológicas, vemos que también nos plantean inquietantes interrogantes: ¿Si hubo un Dios que creo ese Universo, qué hacía antes de crearlo en aquella eternidad? ¿Por qué espero una eternidad para crearlo? ¿Por qué creo algo que ya sabe cómo terminará?

Estos interrogantes me recuerdan la anécdota del monaguillo que pregunta al sacerdote qué estaba haciendo Dios antes de crear el mundo. Y el sacerdote le respondió: “estaba creando el infierno para los que hacen preguntas como la tuya”.

La nueva física y cosmología, según destacaba Stephen Hawking, no necesita a Dios para explicar la génesis de nuestro Universo. Decía Hawking, que el Universo no tiene una causa en su origen, sólo es un efecto, y que la causa hay que buscarla después, es más, concretaba que la causa somos nosotros. Que no hay ninguna causa divina y que el universo se auto-creo para hacerse inteligente, y esta cualidad mental, la materializó en los seres vivientes que lo habitan. Quiero recordar al lector que la mecánica cuántica existen postulados en los que la causa-efecto funciona al revés, es decir efecto-causa.

Otros cosmólogos piensan que nuestro Universo es consecuencia de otro universo que perforó la nada que le rodeaba y creo el nuestros. Así estaríamos rodeados de universos burbujas, que crean otras burbujas tal vez a través de sus propios agujeros negros.

Pero esta teoría no resuelve la inquietud original: ¿y que había antes de todos esos universos burbujas? Y nos planteamos este interrogante porque en nuestras mentes existe el concepto del tiempo: el tiempo que transcurre. Pero ¿Y si el tiempo no existiese? El mismo planteamiento tendríamos ante los universos paralelos o las dimensiones invisibles. Einstein, pese a su panteísmo, se preguntaba si Dios tuvo alguna opción a la hora de crear el Universo, es decir, si había otros universos posibles. Hoy, según la teoría de las cuerdas, existen una cantidad inmensa de universos posibles.

El quid de la cuestión carece de respuesta, se convierte en la pregunta y respuesta del millón. Ahora y antes, porque en la antigua Grecia, cuando un discípulo le preguntaba al maestro qué sostenía la bola del mundo, este le contestaba: “el caparazón de  una tortuga”. Y el discípulo insistía, “pero que sostiene ese caparazón de tortuga”, a lo que el maestro respondía: “otro caparazón de tortuga, debajo otro y otro, hasta infinitos caparazones de tortuga”.

Ante la pregunta de que había antes, me dirá el lector creyente que está claro que estaba Dios. Permítame recordarles una anécdota real entre Laplace y Napoleón. El primero le enseñaba en un dibujo al segundo un croquis de su reciente teoría sobre el sistema planetario. Napoleón lo estudio y luego le pregunto a Laplace: “No veo a Dios en vuestro sistema planetario”, a lo que Laplace contesto: “Veréis, para crear este sistema planetario no he tenido la necesidad de la hipótesis de la existencia de Dios”. Personalmente tampoco necesito la hipótesis de Dios.

Le religión ha sido un escollo continuo ante los descubrimientos de la ciencia, porque muchos de ellos ponían en peligro “sus verdades” y sus dogmas. Antes utilizaron la hoguera como barrera para los pensadores y los nuevos conocimientos. Hoy parecen aceptar la ciencia, pero siguen denunciando sus progresos y sus prácticas, tratan de retrasar un final inevitable: que la ciencia convierta a los seres humanos en inmortales.

[1] Sobre este tema hablo extensamente en mi libro “Estos mataron la paz”.

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EXISTE UNA LUCHA FEROZ ENTRE SALUD Y ECONOMÍA

marzo 22nd, 2021

Existe una lucha feroz entre salud y economía.

He leído las presiones que realizaron los empresarios a diversos ministros del gobierno para que esté no decretase el estado de alarma por el Covid. Para los empresarios y la patronal la economía era más importante que la salud. Es lamentable pero es así, de ahí no nos debe extrañar esa venta de armas que prolifera en el mundo y que tan buenos beneficios produce en el sector armamentístico sin importar tantas muertes y destrucción en algunos países.

Entramos en la lucha contra la pandemia tarde, debíamos haber actuado antes, se tardó demasiado en autorizar pruebas en los casos de neumonías atípicas, se minimizaron los riesgos retrasando la adquisición con regateos en los precios. Cierto es que carecíamos de la información necesaria sobre ese enemigo letal que nos acosaba. Siempre he dicho que la información es poder, y que con ella podemos anticiparnos a muchos acontecimientos.

Tardamos en reaccionar contra la pandemia, por ejemplo creíamos que lo que estaba pasando en Italia no ocurría aquí, así que dejamos seguir comunicándonos con este país vía aérea con 200 vuelos diarios.

La pandemia nos cogió “en bragas”, sin una infraestructura sanitaria necesaria que, por otra parte, ya demandábamos hace años y cuya única respuesta eran nuevos recortes económicos. Nos pilló sin equipos de respiraderos, sin mascarillas, sin medicamentos adecuados, sin personal sanitario suficiente, sin programas de informática para obtener unas buenas estadísticas por lo que las notificaciones eran nefastas y los equipos informáticos inexistentes, y todo eso con unos empresarios y directivos políticos con la convicción de que no va iba a pasar nada. Era tal nuestra ignorancia que, en los primeros meses de pandemia, ni sabíamos que el virus se transmitía vía aérea. Como resultado miles de fallecidos entre la población y otro tanto entre los sanitarios que eran los que más riesgo corrían y más necesitábamos. Muchos arriesgaron y sacrificaron sus vidas por salvar otras.

Creo que esta pandemia ha enseñado muchas cosas a empresarios, políticos y a los propios médicos; creo que va a cambiar los conceptos sanitarios y, sobre todo llevarnos a una medicina biogenética y regenerativa. Y especialmente nos ha enseñado que la inversión en sanidad no debe ser solo con el objetivo de curar, sino también prevenir, y la previsión se consigue investigando.

El Gobierno ha tenido que tomar medidas restrictivas que no fueron bien vistas por una población que creía que era más importante sus negocios que la salud. Las medidas que se tomaron nos han mostrado lo precario que estaban los empleos, las cantidad de gente, sobre todo temporeros, que seguían  careciendo de contratos, la debilidad de nuestros empresarios que carecían de reservas económicas y no podían aguantar cerrados más de una semana. Todo un mundo empresarial de portada.

También han aparecido los salvadores, los negacionistas, los antimascarillas, los adivinos del tarot, estos últimos han hecho el agosto. Los negacionistas presentaron una fuerte resistencia ante el cierre del ocio nocturno, discotecas y restaurantes, aunque la evidencia era patente que estos fueron los lugares de máximo contagio. Hasta la Iglesia cerró sus puertas a las misas, no sé si para que no se contagiasen los escasos feligreses que acuden o los sacerdotes. Lo cierto es que hay una cierta similitud entre los anticientíficos, antievolucionistas, los negacionistas del cambio climático (como Exxon) y los negacionistas de la covid. Un sentimiento de unidad con la derecha religiosa donde proliferan estos “anti”.

Ahora estamos superando, salvo una fuerte y más probable oleada tras semana santa, esta pandemia con las vacunas que han elaborado los laboratorios farmacéuticos. Espero que nos demos cuenta que la historia de la humanidad ha estado llena de pandemias, que estas pandemias siempre han existido, que  este mundo no es nuestros es de las bacterias y los virus; que en el futuro habrán nuevas pandemias, que precisamos prever con una nueva medicina e higiene, que cada vez la gente se desplaza más convirtiéndose en porteadores de enfermedades de las que algunos somos inmunes y otros no. Debemos empezar a considerar mucho más los alimentos, prescindir de muchos de ellos (carnes, alcohol, dulces, sal, etc), debemos empezar a considerar una higiene y vacunación para los animales desde los que no saltan muchas parásitos, virus y bacterias.

Sospecho que en  España una de las causas de los retrasos en la entrega de vacunas se está produciendo por intereses crematísticos,  dado que varios laboratorios están preparando una vacuna “made in Spain”, por lo que un retraso beneficiaría, en la compra, entrega o distribución, a la nueva vacuna.

El futuro de nuestra salud está en la calidad de la vida. Prescindir del tabaco y el alcohol, así como vencer el estrés crónico. Una inversión sin límites en sanidad, creación de un sistema de vigilancias epidemiológica global, adquisición de modernos equipos médicos, inversiones en investigación y en ensayos clínicos, y desarrollo de una medicina biogenética y regenerativa.

Espero que sepamos aprovechar ese lado de la pandemia que nos puede impulsar a la valoración política de una nueva sanidad, y a más inversiones en la ciencia que está demostrando que es el único camino para conocer el sentido de la vida.

 

 

 

 

 

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Cuando un fármaco vale 2 millones de euros la dosis.

marzo 11th, 2021

Cuando un medicamento vale 2 millones de euros la dosis.

 

La pandemia ha originado dos millones y medio de muertos y una caída del 4,2% del PIB mundial, pero también en seis meses hemos avanzado cinco años en la investigación de aplicaciones biotecnológicas. En medio año se han desarrollado una nueva generación de terapias biológicas, hasta el punto de que el 30% de los fármacos son biológicos: algunas vacunas e insulina. Las aplicaciones tecnológicas facilitan los diagnósticos y la biología molecular y la genética están desarrollando nuevos fármacos.

Los laboratorios farmacéuticos han hecho su agosto y han aumentado su beneficios cuando estos solo estaban en los fármacos de uso diario que vendían en los países desarrollados. La cifra del negocio de los laboratorios españoles creció un 4,1 %, en el año de la covid. Algunos medicamentos, especialmente las novedades terapéuticas que curan la hepatitis C, tenían en 2016 un coste que representaba 100.000 euros por paciente, un montante no accesible para todos los países, especialmente los del tercer mundo.

De todos es sabido que se ha acusado a los laboratorios farmacéuticos de haber obtenido provecho de la pandemia. Las compañías farmacéuticas arrastran un gran número de juicios pendientes por actividades ilegales, y escándalos en los precios. Entre ellas las que han cosechado un buen éxito con las vacunas: Pfizer, Johnson & Johnson, Novartis, etc.

Un ejemplo reciente lo tenemos en el medicamento denominado Zolgensma de Novartis. Zolgensma con una sola inyección cura una enfermedad genética, la amiotrofia espinal, que provoca la muerte de los niños. Su precio es escandaloso: alrededor de 1,9 millones de euros por unidad… el tratamiento más caro del mundo. El problema de estos precios no afecta solamente a Zolgensma, sino a todos los denominados “medicamentos innovadores”, adecuados para la lucha contra VIH y hepatitis viral, cuyo precio se mueve entre 10.000 y  20.000 €, pero también algunos entre 100.000 y 300.000 €. Uno de estos medicamentos lanzado al mercado en el 2013 por los laboratorios Gilead Sciences, está indicado para la hepatitis C, pero su precios es de cerca de 50.000 € por paciente. Spinraza de laboratorios Biogen es también adecuado contra la amiotrofia espinal cuesta 70.000 € la dosis, pero esta otra fórmula hay que tomarlo toda la vida a razón de 4 dosis por año.

No nos debe extrañar que el sector farmacéutico haya movido 1,25 billones de dólares en 2019, una cantidad similar al PIB español. Si bien sabemos hoy que  la salud depende mucho de la alimentación, el entorno en que vivimos, los productos  industriales que nos rodean y el aire que respiramos. Los fármacos para combatir la enfermedad indeseada tienen que poder ser accesible a todos. La industria farmacéutica se defiende alegando  que los precios de los medicamentos son altos debido a los costes de la investigación, desarrollo y producción, así como la complejidad de algunas terapias génicas  que reparan el genoma de los pacientes. Algunos países europeos (Benelux, Austria e Irlanda) se organizan en estructuras, en las que se unen para negociar con los laboratorios.

Con las vacunas contra el covid, los laboratorios han querido mostrar un gesto de colaboración con los Gobiernos para que paguen menos y se han comprometido a vender la vacuna a precio de coste, por lo menos en la primera fase. Hoy por hoy se desconoce si el exceso de vacunas que están apareciendo obligará a los laboratorios a bajar el precio.

Esto nos lleva a plantearnos algunas reflexiones. ¿No deberían las personas estar por encima de los beneficios? ¿Cuál es valor de una vida humana? ¿Hasta cuándo la “colectividad” podrá pagar los medicamentos de algunos pacientes? ¿Hasta cuándo podrá pagar el Gobierno la sanidad pública con el dinero que abona mensualmente la colectividad? ¿Habrá que valorar los tratamientos en función de la edad de un paciente?

Todas estas cuestiones se pueden sintetizar en una sola pregunta ¿Cuál es el valor de una vida humana? Indudablemente en el tercer mundo, donde solo llegan gratuitamente algunas vacunas, la vida humana depende del azar, de las probabilidades, de la cultura de los habitantes, de la alimentación, el agua que se consume, la explotación laboral, la falta de higiene, los insectos transmisores y las guerras.

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