La conquista del espacio y el futuro cercano

febrero 10th, 2018

Está cambiando el mundo y los políticos siguen en un bendito sueño  anclado en el siglo pasado, algunos aún con sus imperios de grandeza e inalterables valores obsoletos.

Elon Musk ha dado un nuevo pistoletazo de salida a la conquista del espacio con campaña de marketing incluida, que se escenifica en un coche Tesla Motors, conducido por el muñeco Starman, escuchando Space Oddity de David Bowie. Para muchos ha sido una gamberrada de niño rico, para otros nos ha parecido una genial idea, como la construcción del Falcon Heavy, basada en juntar tres Falcon 9 y conseguir así 27 motores de empuje, de los que ha recuperado 18. ¡Genial! Más barato sin diseño de costosos motores y con un material que es reutilizable. Si esto no es ingenio que alguien me explique el terrible presupuesto de Space Launch System, el costoso SLS de la NASA con una potencia similar.

La conquista del espacio está transformando el mundo. Antes de hacer un recorrido por los proyectos que vienen, permitan que hable de geopolítica o espacio-política.

China ha superado la semana pasada a Europa económicamente hablando. China está invadiendo el mundo sin que nos demos cuenta. Hay millones de chinos establecidos con sus negocios en Europa, en América del Norte y del Sur, en África y en Australia. Cientos de bazares en las grandes ciudades, además de restaurantes y barrios enteros con sus almacenes, lo que denominamos los “Chinatown”. Pronto los hijos de esos chinos podrán votar…y tendremos alcaldes y senadores chinos.

Los dirigentes chinos saben que el futuro está en el espacio y se preparan para instalar, antes de seis años, sus “bazares” en una nueva estación espacial y en la llegada de sus astronautas a la Luna. Este año tienen dos lanzamientos señalados.

El comunismo ruso ha cambiado de estrategias, ha sembrado el país de una oligarquía que apoya a Putin y que no quiere enfrentamientos armados, razón por la que los tanques, los misiles y los submarinos nucleares han sido sustituidos por un arma nueva: las injerencias.

Con las injerencias Moscú ha visto que con un comando de 200 hackers puede conseguir un Brexit y que Estados Unidos nombre a un amigo-comerciante, Trump, de presidente. Por otra parte los millonarios rusos compran en Occidente Hoteles, empresas de informática, laboratorios farmacéuticos y apoyan proyectos de vanguardia como “Initiative 2045” de Google-Calico que busca la inmortalidad, o el envío a la estrella más próxima de una flotilla de naves espaciales. No olvidemos que una parte estos multimillonarios rusos son ex agentes de la disuelta KGB donde hicieron sus “ahorrillos”.

Luego estas los “califas” de Próximo Oriente, que ven con preocupación cómo empiezan a proliferar los coches eléctricos, y como Elon Musk piensa lanzar al mercado baterías de litio domésticas  recargables con la luz solar, de forma que cada habitante de la Tierra pueda generar su propia energía. El petróleo no es que se acabe, es que no lo querrá comprar nadie, por lo que sus acciones bajan, igual que cuándo Francia anunció que dejaría de depender de la energía nuclear. Los oligarcas de Occidente temen estos cambios más que nada en el mundo y se oponen a ellos porque pueden ganar mucho a corto plazo haciendo que sigan las cosas como estaban, aunque las futuras generaciones tengan mucho que perder a la larga”.

A los países del Golfo, solo les queda un futuro turismo, y la inversión en empresas de fuera, cosa que ya realizan hace tiempo.

Los políticos siguen enfrascados en reuniones interminables, encuentros como Davos, en pactos que no se cumplen. Mientras una nueva generación de emergentes se lanza a la conquista del espacio, apoyándose en que la Carta Magna del Tratado General del Espacio, que solo habla de los derechos de los Estados y no limita la conquista, explotación minera y comercio para las empresas. ¿Quién iba a pensar en 1957 que las empresas y no los Estados llevarían la batuta de la conquista espacial?

Hagamos un rápido recorrido por esas grandes empresas:

Robert Bigelow de Bigelow Expandable Activity Module (BEAM), piensa con sus módulos hinchables montar un hotel en órbita, incluso aprovechar la ISS para hotel.

Richard Branson de Virgin Galactic, sigue con sus proyectos de viajes orbitales. Y espera que la nave “SpaceShip Two” opere en este 2018.

Jeff Bezos de Amazon y Blue Origen prepara el cohete New Glen de tres etapas y recuperable para turismo espacial en vuelos orbitales y suborbitales.

Elon Musk de SpaceX ya hemos explicado el exitoso lanzamiento del Falcon Heavy, con el que quiere llevar colonos a Marte. Pero además, Musk, ha puesto en marcha Hyperloop, tren magnético que alcanza los 1200 Km/h.

Bill Gates tiene todo tipos se empresas, entre ellas el Warner Buffet que explora asteroides ricos en minerales. Y también la empresa espacial Kymetal.

Larry Page y Peter Diamandis de Planetary Resources-Google, se dedican a lo mismo que el Warner Buffet de Bil Gates.

Paul Allen de Stratolaunch, proyecta lanzar cohetes desde un avión, y ha construido el Vulcan.

Podría citar muchas más, pero estas ya tiene lanzamientos para este año y el que viene. Son millones de inversión, son millones de puestos de trabajo, son millones en proyectos de investigación (especialmente médica y biológica), con inversores americanos y rusos. Es una nueva forma de ver el mundo, de arriesgar capital para el futuro. Es el Chief dreamers que puede llevar a exoestados, con nuevas leyes que ya se están preparando, con colonias autogobernadas, universidades espaciales con revolucionarios sistemas de enseñanza.

Una civilización espacial que ya despunta, mientras los políticos de la Tierra siguen asentados en sus viejos valores, mientras discuten de territorios insignificantes, mientras sancionan a los débiles y oran a sus dioses. Que se invite a los gobernantes a subir a una astronave, para que mientras se hallen en el Cosmos descubran la real pequeñez de sus ambiciones. Mientras nosotros saldremos al espacio en busca de nuevos conocimientos, mientras aprenderemos a volver a soñar.

 

 

La muerte & Cioran

febrero 5th, 2018

La muerte & Cioran

 

De cuando en cuando releo a Cioran, aquel taciturno personaje cargado de realidad que en los años sesenta descubrí en una cafetería bohémica de París rodeado de existencialista como yo que le escuchaban. Buscabas huidas, distracciones mentales, inhibirse del pensamiento de la muerte y caías en la voluptuosidad de más de lo mismo.

Hoy repaso “Breviario de podredumbre”, “El inconveniente de haber nacido”, “La tentación de vivir” e incluso la excelente recopilación comentada “Manual de antiayuda” del filósofo y amigo Alberto Domínguez. Leer sobre la muerte y saciarte de ese inexorable final no es sadomasoquismo, es apreciar más la vida, darle más valor a pesar de las matanzas en el mundo, a pesar de los asteroides amenazantes, a pesar de esos cretinos que esgrimen sus armas de destrucción masiva, a pesar  de esas terribles enfermedades que nos llevan a la última mueca.

De Cioran me maravilla su pesimismo, porque un pesimista es siempre un optimista con más información, y nadie como Cioran tuvo tanta información sobre la muerte, nadie pensó tanto sobre esa “razón tan exacta”, como él decía.

Destacaba Cioran que “dejar de pensar es proclamar la quiebra”. ¡Claro que sí! Dejar de pensar es morir. Pero también pensar en cretinadas, en memeces y cosas sin sustanciales es morir….y si supiera Cioran cuántos muertos nos rodean, ¡Cuántas quiebras deambulan felices de su ignorancia por las calles de las ciudades, absortos en el pasado, fantaseando en un futuro que rara vez se cumplirá! Caminan en quiebra con un ataúd en cada ojo y un cerebro aburrido de su ser.

Después de años de leerlo y releerlo descubro con sorpresa que discrepo con el contenido de alguna de sus citas, como aquella que nos recuerda que “la historia es una matanza”. Pienso que no, que la historia no es una matanza, son las matanzas las que hacen la historia, las que recuerdan y rompen la tranquilidad y la paz de los acontecimientos que fluyen. Sin matanzas no precisaríamos historia, sin matanza no habría nada que escribir, no necesitaríamos escribir una historia salvo la de nuestros pensamientos.

Para Cioran nacer es una mala suerte, mientras yo creo que la mala suerte es morir, la mala suerte es haber nacido en un tiempo en el que aún no existe la inmortalidad. Hemos aparecido demasiado pronto. Aún no podemos transferir nuestro cerebro con nuestra consciencia a un avatar….

Destaca en “Breviario de podredumbre” que la muerte es demasiado exacta y que todas las razones se encuentran de su lado. Y me pregunto ¿Qué razones? ¡Ninguna! ¿Qué razón puede justificar que tras 70 o más años que estés acumulando conocimientos y de pronto por un accidente se desintegre en moléculas sin conexión? Es absurdo e incoherente, algo falla, y lo que falla es el mismo hecho  absurdo de morir. ¿Dónde está la inteligencia de la muerte…en la autodesmaterialización?

Sigo discrepando con Cioran cuando destaca que “la vida solo es soportable si no somos conscientes de cada momento que pasa”. La vida es más soportable cuando somos conscientes de cada instante que pasa, cuando no damos cuenta del gran valor que tiene,  cuando la aprovechamos y la vivimos intensamente y, para todo eso,  hay que ser consciente.

No se engañe el lector, puedo discrepar de Cioran en sus reflexiones, pero nunca de su valor, de su coraje para enfrentarse a la muerte y reflexionar sobre ella, nadie lo ha hecho mejor que él, nadie ha escrito tanto sobre La Parca. Y desde ese sentimiento de final irremediable ha saeteado el sistema y la religión. Otro día  abordaré el tema religioso que Ciorán desgaja principalmente en “La tentación de vivir”. Hoy con la muerte hemos tenido suficiente y en cualquier caso, ante ese final, entre un segundo antes y un segundo después viviremos un instante interesante.

 

 

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Así será el despegue del SLS con astronautas

enero 8th, 2018

Así será el despegue del SLS con astronautas

Empieza la cuenta atrás, 15 minutos para el lanzamiento”. Es la voz que oirán los astronautas ya colocados en el módulo de lanzamiento; es una voz escogida que transmite serenidad en el momento adecuado.

Falta menos de un minuto para el lanzamiento y la tensión se palpitaba en la cabina de mando. Los electrocardiogramas que registran las secuencias de la actividad del corazón de los astronautas delatan un aumento de los latidos de este órgano. En los paneles digitales de mando las pantallas se abren y se cierran activamente indicando la proximidad del lanzamiento, también delatan cualquier anomalía que obligue a pulsar el botón de “abortar” durante el despegue. En ese hipotético caso  cuatro toberas del sistema de aborto separarían el módulo con sus ocupantes del resto del cohete, eyectándolos  con fuerza a la distancia necesaria para que se abriesen los paracaídas y aterrizasen a salvo. Una maniobra que no se ha experimentado nunca con astronautas a bordo.

Solo quedan escasos segundos y, entre el estruendo y las primeras vibraciones, se escucha la voz de la cuenta atrás: diez, nueve, ocho…  El corazón de los astronautas se acelera aún más, la adrenalina se dispara:…siete, seis… los motores se activan cuando quedan seis segundos, se siente una sacudida hacia arriba adelante y luego hacia atrás al llegar a cero. Los ocupantes del módulo de mando se aferran involuntariamente a los posa brazos de sus sillones y apoyan con fuerza sus espaldas en los respaldos anatómicos de estos mientras respiran profundamente:… cinco, cuatro, tres, dos, uno, cero. Todo vibra entre un gran estruendo al encenderse los motores principales. Todo empieza a moverse a 161 kilómetros por hora. Los astronautas sienten como sus cuerpos se aplastan y se hunden en sillones. Por los ojos de buey se ve cómo la estructura de la torre de lanzamiento pasa vertiginosamente quedándose atrás, o habría que decir allí abajo.

Son esos momentos en los que la resistencia física y psicológica es vital. El despegue del cohete ejerce la necesidad de soportar la fuerza de la gravedad con un peso de 3 G en los cuerpos, unos instantes que disparan las pulsaciones haciéndolas subir a 144 por minuto, mientras los astronautas se ven aplastados contra los asientos y todo vibra entre el rugido de los motores. Son momentos en los que la visión se torna borrosa, instantes que llegan a producir, en algunos astronautas, desvanecimientos.

La realidad es que la fuerza de la gravedad no es muy fuerte en el despegue, alcanza los 3 G, que es como si fuéramos en un vehículo por una carretera a 105 Km/h y frenásemos en seco, situación en la que alcanzaríamos esos 3 G. Es lo mismo que experimentamos en una montaña rusa del parque de atracciones. La verdad es que los astronautas alcanzan 7,6 G en la maniobra de reingreso a la Tierra, y si han sido pilotos de combate habrán llegado a experimentar hasta 9 G en las maniobras de evasión.

Los momentos de despegue son los más espectaculares y los que mayor turbación producen, se quiera o no se es consciente del peligro que se vive, de que algo puede fallar, que un error en la construcción del SLS puede producir que todo reviente en un trágico estallido. Hay temor, adrenalina que se desprende irremediablemente, dopamina que hace latir el corazón. Por mucho dominio de los nervios que se tengan es un momento de gran tensión psicológica.

El despegue es una maniobra que los astronautas han realizado cientos de veces en las cabinas de los simuladores donde han sentido el mismo ruido del ascenso y las mismas vibraciones. Pero nada puede engañar a la mente y ahora saben que se encuentran ante la cruda realidad, la partida de un cilindro de 3.000 toneladas y 117 metros de altura con una fuerza, en el momento del arranque, de 4.173 toneladas, equivalente a 34 Boeing 747 o 17.400 locomotoras, que produce una velocidad de escape de la Tierra de 11,2 Km/s o 40.320 Km/h. Características de los potentes cohete que llevan a los astronautas  de regreso a la exploración lunar y marciana, el Space Launch System (SLS). Los astronautas saben perfectamente que ese gigantesco cohete lleva unos depósitos criogénicos con una mezcla de oxígeno e hidrógeno líquido a unas temperaturas de -183ºC y -250ºC, respectivamente, cuya explosión los desintegraría totalmente.

   El lanzamiento sigue sus fases y por el ojo de buey las nubes pasan rápidamente, el cielo se oscurecerá o se aclarará brillantemente dependiendo de la hora del lanzamiento. El desprendimiento de los boosters de los costados se percibe como un crujido que aligera la nave y pone en marcha un nuevo impulso que empuja al complejo del SLS.

Son una serie de experiencias que los astronautas de este lanzamiento han vivido docenas de veces en los simuladores y algunos de ellos en anteriores lanzamientos.

Pese a la experiencia de los que habían despegado en otras ocasiones y los que era la primera vez, todos eran conscientes de  que no están en un simulador, que en esta ocasión se están enfrentando a la auténtica realidad que provoca que el estrés y el temor estén presentes. Los ocupantes del Crew Module saben que estos momentos son reales, y que cualquier fallo desencadenaría una terrible tragedia.

Han transcurrido ocho minutos y el ingenio ha alcanzado los 188.293 kilómetros de distancia entrando en una órbita terrestre para el ensamblaje: Todos sienten que se despegan de los asientos, un lápiz empieza a flotar en el módulo. El SLS alcanza una velocidad de 30.000 km/h.

 

 

 

Así será el despegue del SLS con astronautas

 

 

Empieza la cuenta atrás, 15 minutos para el lanzamiento”. Es la voz que oirán los astronautas ya colocados en el módulo de lanzamiento; es una voz escogida que transmite serenidad en el momento adecuado.

 

Falta menos de un minuto para el lanzamiento y la tensión se palpitaba en la cabina de mando. Los electrocardiogramas que registran las secuencias de la actividad del corazón de los astronautas delatan un aumento de los latidos de este órgano. En los paneles digitales de mando las pantallas se abren y se cierran activamente indicando la proximidad del lanzamiento, también delatan cualquier anomalía que obligue a pulsar el botón de “abortar” durante el despegue. En ese hipotético caso  cuatro toberas del sistema de aborto separarían el módulo con sus ocupantes del resto del cohete, eyectándolos  con fuerza a la distancia necesaria para que se abriesen los paracaídas y aterrizasen a salvo. Una maniobra que no se ha experimentado nunca con astronautas a bordo.

 

Solo quedan escasos segundos y, entre el estruendo y las primeras vibraciones, se escucha la voz de la cuenta atrás: diez, nueve, ocho…  El corazón de los astronautas se acelera aún más, la adrenalina se dispara:…siete, seis… los motores se activan cuando quedan seis segundos, se siente una sacudida hacia arriba adelante y luego hacia atrás al llegar a cero. Los ocupantes del módulo de mando se aferran involuntariamente a los posa brazos de sus sillones y apoyan con fuerza sus espaldas en los respaldos anatómicos de estos mientras respiran profundamente:… cinco, cuatro, tres, dos, uno, cero. Todo vibra entre un gran estruendo al encenderse los motores principales. Todo empieza a moverse a 161 kilómetros por hora. Los astronautas sienten como sus cuerpos se aplastan y se hunden en sillones. Por los ojos de buey se ve cómo la estructura de la torre de lanzamiento pasa vertiginosamente quedándose atrás, o habría que decir allí abajo.

 

Son esos momentos en los que la resistencia física y psicológica es vital. El despegue del cohete ejerce la necesidad de soportar la fuerza de la gravedad con un peso de 3 G en los cuerpos, unos instantes que disparan las pulsaciones haciéndolas subir a 144 por minuto, mientras los astronautas se ven aplastados contra los asientos y todo vibra entre el rugido de los motores. Son momentos en los que la visión se torna borrosa, instantes que llegan a producir, en algunos astronautas, desvanecimientos.

 

La realidad es que la fuerza de la gravedad no es muy fuerte en el despegue, alcanza los 3 G, que es como si fuéramos en un vehículo por una carretera a 105 Km/h y frenásemos en seco, situación en la que alcanzaríamos esos 3 G. Es lo mismo que experimentamos en una montaña rusa del parque de atracciones. La verdad es que los astronautas alcanzan 7,6 G en la maniobra de reingreso a la Tierra, y si han sido pilotos de combate habrán llegado a experimentar hasta 9 G en las maniobras de evasión.

 

Los momentos de despegue son los más espectaculares y los que mayor turbación producen, se quiera o no se es consciente del peligro que se vive, de que algo puede fallar, que un error en la construcción del SLS puede producir que todo reviente en un trágico estallido. Hay temor, adrenalina que se desprende irremediablemente, dopamina que hace latir el corazón. Por mucho dominio de los nervios que se tengan es un momento de gran tensión psicológica.

 

El despegue es una maniobra que los astronautas han realizado cientos de veces en las cabinas de los simuladores donde han sentido el mismo ruido del ascenso y las mismas vibraciones. Pero nada puede engañar a la mente y ahora saben que se encuentran ante la cruda realidad, la partida de un cilindro de 3.000 toneladas y 117 metros de altura con una fuerza, en el momento del arranque, de 4.173 toneladas, equivalente a 34 Boeing 747 o 17.400 locomotoras, que produce una velocidad de escape de la Tierra de 11,2 Km/s o 40.320 Km/h. Características de los potentes cohete que llevan a los astronautas  de regreso a la exploración lunar y marciana, el Space Launch System (SLS). Los astronautas saben perfectamente que ese gigantesco cohete lleva unos depósitos criogénicos con una mezcla de oxígeno e hidrógeno líquido a unas temperaturas de -183ºC y -250ºC, respectivamente, cuya explosión los desintegraría totalmente.

 

   El lanzamiento sigue sus fases y por el ojo de buey las nubes pasan rápidamente, el cielo se oscurecerá o se aclarará brillantemente dependiendo de la hora del lanzamiento. El desprendimiento de los boosters de los costados se percibe como un crujido que aligera la nave y pone en marcha un nuevo impulso que empuja al complejo del SLS.

 

Son una serie de experiencias que los astronautas de este lanzamiento han vivido docenas de veces en los simuladores y algunos de ellos en anteriores lanzamientos.

 

Pese a la experiencia de los que habían despegado en otras ocasiones y los que era la primera vez, todos eran conscientes de  que no están en un simulador, que en esta ocasión se están enfrentando a la auténtica realidad que provoca que el estrés y el temor estén presentes. Los ocupantes del Crew Module saben que estos momentos son reales, y que cualquier fallo desencadenaría una terrible tragedia.

 

Han transcurrido ocho minutos y el ingenio ha alcanzado los 188.293 kilómetros de distancia entrando en una órbita terrestre para el ensamblaje: Todos sienten que se despegan de los asientos, un lápiz empieza a flotar en el módulo. El SLS alcanza una velocidad de 30.000 km/h.

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No estamos hechos para la exploración del espacio

enero 3rd, 2018

No estamos hechos para explorar el espacio.

Entre 1486 y 1558 Ulrico de Maguncia realizaba unas profecías bastante acertadas en las que describía la llegada del hombre a la Luna y el desolador paisaje que se encontraría. Con un error mínimo de  dos años destacaba: “En el sexto decenio, año VII (1967) un nuevo Cristóbal Colón desembarcará en una tierra de aridez absoluta. Su nave, concebida para alcanzar la isla del oro, no llegará sin embargo más que a la Isla de la Nada. Porque en el lugar al que llegue no existirán plantas ni animales ni vida de ningún género. Quemado por un fuego infernal, helado por un frío más que mortal, el temerario conocerá terrores incontables”.

No cabe duda que los astronautas que pisaron la Luna, estuvieron sujetos a altas y bajas temperaturas como destaca la profecía de Ulrico de Maguncia. No sabemos si conocieron “terrores incontables”, porque nunca nos han dicho toda la verdad de lo que vieron, y que fue censurado por la propia NASA.

El ser humano está constituidos para vivir en la Tierra, a una altura determinada, fuera de las profundidades marinas, con una atmósfera determinada y unas temperaturas adecuadas. Cualquier ensayo que hagamos para ocupar otro hábitat precisa la utilización de tecnologías – submarinos, aviones, máscara de oxígeno, trajes especiales, etc. – para sobrevivir. La necesidad ha creado los órganos precisos para el lugar y las condiciones precisas.

Ahora vamos a intentar acceder al espacio, el medio más hostil y peligroso de todos los que nos rodean. Un lugar con un frío extremo, ausencia de atmósfera, microgravedad, constante bombardeo de micro-meteoritos y exposición a los rayos cósmicos.

La radiación en el espacio es continua y muy perjudicial para la salud humana, especialmente el cerebro, donde puede producir perturbaciones cognitivas importante y de duración indefinida.

Hoy por hoy, la ISS está a unos 400 Km de altura y se beneficia de la protección del campo magnético terrestre. Pero ahora queremos navegar hacia la Luna y Marte,  e instalar en esos áridos lugares colonias lunares. Precisaremos largos viajes que nos dejarán expuestos a los rayos cósmicos galácticos de núcleos atómicos ionizados. Y aún estamos de suerte, ya que vivimos en un brazo de la galaxia en la que no abundan muchas estrellas, si estuviéramos viviendo cerca del centro tendríamos que ser seres acorazados para resistir la terrible radiación que existe por la abundancia de estrellas.

Para viajar por el espacio va a ser necesario blindar las naves que transporten a los astronautas, pero por ahora lo único que detiene la radiación es el plomo, cuyo peso encarecería los lanzamientos. Es necesario buscar nuevos materiales más ligeros.

Los rayos cósmicos, que impregnan el cosmos de una forma uniforme, producen un desgaste en los tejidos humanos, ionizan los tejidos biológicos, rompen los enlaces moleculares y crean radicales libres que destruyen el ADN. También se ha comprobado que afectan a la memoria y al comportamiento, algo impensable en unos astronautas que tienen que tomar decisiones o resolver problemas de navegación, aterrizaje, y todos los que se presentan en las misiones espaciales. Si un astronauta está expuesto durante un año, la duración media de un viaje a Marte, puede ver afectadas sus cualidades cognitivas.

Considerando imposible el blindaje de plomo por el peso que representa, se buscan soluciones como crear un campo magnético alrededor de la nave espacial. Tendría que ser un campo del orden de 20 teslas, y es posible que pudiera crear algún efecto en el organismo humano… no podemos exponernos a que el remedio sea peor que la enfermedad. Queda la solución de medicamentos a base de antioxidantes, es decir, que neutralizasen los radicales libres, sustancias químicas que consolidaran los circuitos neuronales y los protegiesen, pero los laboratorios aún no han desarrollado esta farmacopea.

Es el inicio de una nueva aventura y, en este año 2018, vamos a asistir a las primeras tentativas con lanzamientos de grandes cohetes capaces de llegar a Marte. Al despegue de las futuras colonizaciones y de la minería espacial.

Nos enfrentamos a nuevos retos y contingencias. Considerando que desconocemos nuevos peligros que pueden acaecer: Lluvia de meteoritos y micro meteoritos, radiaciones desconocidas, efectos paranormales, perturbaciones psicológicas, micro-organismos invasivos, campos de atracción desconocidos, mutaciones inesperadas y encuentros con otros seres. Todo este panel es distinto al de nuestras primeras exploraciones  terrestres por los inmensos desiertos, por las profundidades marinas, por las oscuras cavernas y las selvas amazónicas; estas última con sus miles de insectos, su calor húmedo agobiante, su barrera de vegetación con el alérgico polen, incluso con el encuentro de jíbaros reductores de cabezas… ¡vete a saber lo que serán capaces de reducir los alienígenas!

 

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La primera herejía del año 2018.

enero 1st, 2018

La primera herejía del año.

 

Voy a escribir la primera herejía del año: Los Magos de Oriente, ni eran reyes, ni eran tres, ni eran de diferentes razas.

La única expresión válida para describirlos es la de “magos”, pero su concepto es muy diferente al que le damos, ya que se refiere a sacerdotes persas que estudiaban la astronomía y la astrología.

Se dice que estos adoradores del niño Jesús venían de Oriente, pero no se aclara el origen que podría ser Arabia, Mesopotamia, Babilonia, Persia o Afganistán. Su representación cristiana más antigua los convierte en adoradores de Mitra.

No está escrito que fueran reyes, ni tres; menos que uno fuera negro, y por supuesto es completamente falso que se llamasen Melchor, Gaspar y Baltasar. Ni siquiera el Nuevo Testamento se pone de acuerdo en su existencia. En el Libro de Lucas, no hay visita de Reyes Magos, ni tampoco estrella de Belén, ni mucho menos huida de Egipto, todo lo contrario del Libro de Mateo que aborda sinuosamente el tema; Juan y Marcos, ni mención. Destacar que solo los Libros de Mateo y Lucas hablan del nacimiento en Belén

Los asnos, bueyes, el establo, la estrella, toda la iconografía no se creó hasta 1223 por Francisco de Asís. Él colocó los animales porque un pesebre tiene que tenerlos.

La historia de los tres Reyes Magos aparece en el siglo VII, a partir de entonces se mencionan por los nombres que los conocemos, se decide que sean tres basándose en que transportan oro, mirra e incienso. Estos tres elementos influyen en dar una raza a cada uno de ellos. Más tarde, san Francisco, ideó la puesta en escena del nacimiento, y aprovecho los reyes como extras en el guion.

En el siglo XII las reliquias de estos tres reyes son trasladadas de Milán a Colonia, a la catedral de esta última ciudad. Alguien ordenó abrir el cofre con sus restos y se encontró con la sorpresa  de que sólo había  los esqueletos de tres niños (o tres enanos) que es lo que guarda hoy el cofre de la catedral de Colonia.

En mi casa se celebraba Papá Noel, y se sabía que quién aparecía en la sala con barbas de algodón, traje rojo y un saco en la espalda, era mi madre. No había engaño, no habría desilusión al crecer, no pensaría en lo embusteros que son los padres. Solo recuerdo a la sirvienta, profundamente católica, santiguándose ante el espectáculo y diciendo: “…hay señoritu que pecadu”.

 

 

 

 

 

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