Desmontando a Dios

marzo 31st, 2019

 

Desmontando a Dios

 

Hoy la ciencia, con sus descubrimientos, ha lanzado una OPA a la creencia en Dios. Darwin fue el primero en desvalorizar el mercado de parcelas del Edén, rescindiendo e inhabilitando  a Adán y Eva.

Cada día que emerge un nuevo descubrimiento en biología, cosmología, paleontología o medicina, la idea de la existencia de Dios sufre un descalabro. Si los sacerdotes de las grandes religiones tuvieran poder, censurarían determinadas investigaciones. Es incongruente que, en algunos países, las religiones prohíban investigaciones dirigidas a descubrir nuestros orígenes o prolongar nuestras vidas indefinidamente, y, sin embargo, esos mismos censuradores bendigan y permitan los progresos en armas de destrucción masiva; y cometan terribles escándalos sexuales en los que se ven involucrados inocentes niños y niñas.

Contemplamos como la idea de Dios no ha muerto en la mente de muchos seres desesperados, pero se ha convertido en una leyenda agonizante. Sólo creen en Dios los muy felices o los muy desesperanzados. Los primeros porque el azar les ha proveído de todas las necesidades, primacías y comodidades, incluso en salud; los segundos porque no tienen ninguna expectativa o esperanza de disponer de una vida humanamente soportable. Para los creyentes solo es cuestión de fe, para los ateos la fe es una enfermedad fantasiosa. H. G. Wells se preguntaba en “La guerra de los mundos” para que servía la religión si en los momentos que ocurren las calamidades no prestaba ningún socorro.

Nadie ha visto a Dios o ha hablado con él, salvo algunos enfermos mentales de los que hubo muchos entre los santos y santas. Si hablas con Dios eres religioso, pero si Dios te habla eres psicópata. Dios es una fantasía que nació el día que un chamán del Pleistoceno dominó el fuego y ritualizó algunos comportamientos humanos. La religión apareció para fortalecer aquellos procedimientos.

Mucha gente no cree que el hombre ha llegado a la Luna, pero cree en un Dios que no ha visto nunca. La religión vive de la falta de conocimientos científicos, de la escasa cultura, del condicionamiento infantil en los colegios religiosos, de la debilidad de muchas mentes confusas. ¿Cómo alguien puede creer en Adán y Eva, en el Arca de Noé, en la resurrección de Lázaro, en el nacimiento de Jesús con la intervención del Espíritu Santo? ¿Cómo se puede creer que Dios ha hecho andar a un paralítico en Lourdes y mientras tanto ha permitido que cinco mil niños se mueren cada día de hambre, en guerras, esclavitud o enfermedades?

Cada día que transcurre y la ciencia avanza en sus descubrimientos, la creencia de Dios va menguando, va palideciendo, va demostrando que es ilógica, irracional, una fantasía para paliar nuestras inquietudes existenciales. Un placebo psicológico. Dios se ha convertido en una historia sospechosa, en un fraude económico, en una forma que unos pocos tienen de dirigir las mentes humanas en su beneficio. Los sacerdotes de las distintas religiones debieran de ser lo suficiente sinceros para admitir que están vendiendo fantasías, leyendas antiguas, mitos, falsas esperanzas; y lo más grave, que están creando en muchos seres traumas y bloqueos psicológicos irreversibles; en algunos casos están creando individuos fanáticos, “hooligans de Dios”, que terminan inmolándose en actos terroristas a cambio de una bendición o un paraíso. A veces sus actos se refuerzan con la presencia de una  voz interior que les ha hablado, típica de la esquizofrenia o paranoia.

 

Las religiones con sus mitos y leyendas son el mayor escollo con el que se ha enfrentado la ciencia en la historia de nuestra civilización. Son culpables de los mil años que hubo de ignorancia, ya que fueron las religiones las que nos introdujeron y nos mantuvieron en la oscuridad, atraso y el miedo. Si a alguien hay que culpabilizar de los traumas y enfermedades psicológicas que ha sufrido la humanidad, es sin duda a las religiones, que con sus ilusorias historias, sus mitos insostenibles ha condicionado a millones de niños y miles de adultos. Hoy siguen condicionando a los niños en los colegios religiosos, pero con los adultos su discurso ha tenido que cambiar. Destaca el filósofo ateo A. C. Grayling, que “Las religiones necesitan llegar a los niños, porque a un adulto no lo pueden persuadir. Si a un adulto le explicas una religión, le parece algo sacado de Los Simpson”.

El neurobiólogo de la Universidad Hebrea de Jerusalén, Idan Sergev dijo: “Dios es una invención del cerebro. Si yo fuera capaz de construir un robot con un cerebro tan complejo como el mío, seguro que creería en Dios”. Pasko Rakic de la Universidad de Yale, añade: “Muy probablemente, el robot pensará que su constructor es Dios”.

La ciencia ha tenido que afrontar los fundamentalismos de religiones que, representando a presuntos seres divinos que les otorgaban el poder dogmático, les autorizaba a determinar que era cierto o era falso. Evidentemente era falso, erróneo y hereje todo el conjunto de teorías científica que contradecían los pueriles argumentos que sostenían las diferentes religiones. Cuando los argumentos se terminaban las religiones se han valido del poder dogmático respaldado por el ejército de reyes y señores que conocían el poder de convicción de los sacerdotes y los utilizaban para exterminar a sus enemigos o arreglar bodas de conveniencia. Las religiones han quemado miles de documentos, libros y textos de investigación que contradecían sus principios y, en ocasiones, junto a esos textos del saber, han sido pasto de las llamas sus autores. Los que lograron escapar a este terrible final, sufrieron la marginación hasta el punto de tener que huir de sus países o terminar sus días en infectas mazmorras; otros fueron acallados, ridiculizados, amenazados y alejados de sus cátedras o sus lugares de investigación.

 

La lista de perseguidos y ajusticiados por todas las religiones es inagotable, así como la quema de libros calificados de herejes es interminable. Hoy las religiones siguen actuando en contra de todos aquellos que osan contradecir sus “verdades” dogmáticas, muy especialmente las tres religiones monoteístas: cristianismo, el islam y el judaísmo.

Tres religiones diferentes, con dioses distintos, pese a que algunos pretendan decirnos que Dios, Jehová y Allá, son la misma persona. Recordemos que el primero tuvo un hijo, Jesús que envió a la Tierra; el segundo no tuvo ningún hijo y sus seguidores esperan su llegada a la Tierra; el tercero tampoco tuvo un hijo, y Jesús es solo un profeta. Las diferencias son notables, sin mencionar otros aspectos.

Cualquiera de estas religiones monoteístas arrastra grupos sectarios más o menos fanatizados. Son esos grupos los que en nombre de estas grandes religiones asesinan o matan a aquellos que no comparten su ideología totalitaria basada en dogmas religiosos. Los tenemos en EE.UU. asesinando a un médico abortista, en Europa los yihadistas disparando contra aquellos que escuchan música, beben alcohol, fuman o son ateos.

Todas las guerras más terribles o matanzas han tenido un trasfondo religioso detrás. Las religiones se han enfrentado en terribles matanzas para defender “su verdad”. Chiitas contra sunnitas se siguen enfrentando a muerte desde el origen de su religión por un asunto de herencia; católicos y protestantes se han matado igualmente, solo hay que recordar en 1572 la matanza de hombres, mujeres, niños y ancianos, más de 10.000, que realizaron los católicos en la noche de San Bartolomé. El lector puede alegar que fue en el siglo XVI, pero es que en el siglo XX seguían matándose católicos y protestantes en Irlanda del Norte. No voy a detallar otras matanzas realizadas por la Iglesia católica, como la de los cátaros, templarios o musulmanes en las Cruzadas. Tampoco las de los croatas contra los musulmanes el siglo XX.

Para combatir a la ciencia desde la ciencia o Seudociencias, Benedicto XVI creo en 2008 el coloquio de la Academia pontifical de las ciencias en el corazón de la Santa Sede, dedicada a la investigación fundamental, la ética y la responsabilidad con el medio ambiente. Como muestra de su inmensa labor fue apoyar a los creacionistas y el diseño inteligente; y, algunos investigadores destacan que también inició una fuerte “cruzada” contra la asignatura de filosofía en las aulas francesas y española.

El fallecido Stephen Hawking, que siempre fue actualidad por sus declaraciones, visitó España para hablar en el Congreso Starmus sobre ciencia y añadió sus inesperados comentarios ateos. Los organizadores de Starmus, la Caixa, Atos (empresa tecnológica francesa), el Instituto Tecnológico y de Energías Renovables, el Gobierno de Canarias y el Cabildo de Tenerife, fueron los creadores de este evento.

Starmus reunió a científicos, premios Nobel y astronautas. También trajo a una élite de científicos ateos. Entre ellos Harold Kroto, Nobel de Química en 1996, ateo militante; otro gran ateo asistente fue Richard Dawkins, autor de El gen egoísta y El espejismo de Dios, así como presidente de la Fundación para la Razón y la Ciencia. Y Hawkins, que no tuvo pelos en la lengua cuando destaco que no creía en Dios, ya que la ciencia le había dado respuesta que Dios le había negado.

Los avances científicos actuales están “desmontando a Dios”. Las teorías modernas nos aseguran que el Universo surgió de la nada sin una causa aparente. En un punto de singularidad de la nada se produjo el Big Bang y, tras complejos pasos, aparecieron las galaxias, estrellas y planetas, es decir, el Universo que percibimos, un cuatro por ciento, el resto es materia y energía oscura, suponemos.

Antes del Big Bang no existía nada, no había nada, ni espacio, ni tiempo, ni energía, ni materia. Y estos nos lleva a inquietantes interrogantes: ¿Cómo de la nada puede surgir algo? ¿Qué hay más allá de la nada? ¿Dónde estaba ubicada esa nada?

Si utilizamos reflexiones teológicas, vemos que también nos plantean inquietantes interrogantes: ¿Si hubo un Dios que creo ese Universo, qué hacía antes de crearlo en aquella eternidad? ¿Por qué espero una eternidad para crearlo? ¿Por qué creo algo que ya sabe cómo terminará?

Estos interrogantes me recuerdan la anécdota del monaguillo que pregunta al sacerdote qué estaba haciendo Dios antes de crear el mundo. Y el sacerdote le respondió: “Estaba creando el infierno para los que hacen preguntas como la tuya”.

La nueva física y cosmología, según destacaba Stephen Hawking, no necesita a Dios para explicar la génesis de nuestro Universo. Decía Hawking, que el Universo no tiene una causa en su origen, sólo es un efecto, y que la causa hay que buscarla después, es más, concretaba que la causa somos nosotros. Que no hay ninguna causa divina y que el universo se auto-creo para hacerse inteligente, y esta cualidad mental, la materializó en los seres vivientes que lo habitan.

La mecánica cuántica de Schrödinger y Heinsenberg plantea problemas con la existencia de Dios. Como ejemplo sencillo diremos que si observamos con el microscopio una gota de agua, el sólo hecho de iluminarla para su observación produce que la estemos modificando, ya que los fotones perturbaran la composición del líquido. Sirva este ejemplo informal para entender el efecto observador.

Los primeros instantes de la aparición del universo están constituidos por interacciones entre partículas cuánticas, y es a partir de esas interacciones que aparece la materia. Para los físicos cuánticos el mundo es cuántico y no hay ninguna  separación entre el mundo clásico y el cuántico. Es más, es el mundo clásico el que emerge a partir del cuántico. Tampoco se precisa una causa primera para que aparezca nuestro universo, ya que la incertidumbre cuántica desmonta el argumento de la causa primera.

Las partículas pueden surgir imprevisiblemente y sólo podemos presentar probabilidades de cuándo aparecerán y en qué lugar, nunca las dos cosas a la vez. Por otra parte estas partículas no tienen una causa precisa. Ni la necesita según Hawking. Es el principio de incertidumbre o principio de indeterminación de la teoría cuántica, un principio que explica por qué el mundo está constituido por acontecimientos que no pueden relacionarse enteramente en términos de causa y efecto. Así que la incertidumbre cuántica permite al universo surgir espontáneamente del vacío en virtud de una fluctuación cuántica. Vemos como la mecánica y cosmología cuántica contemporánea parece haber abolido la necesidad de Dios.

El efecto del observador nos sumerge en el cambio repentino de una propiedad física de la materia, a nivel subatómico, cuando esa propiedad es observada. Es el llamado colapso de función de ondulatoria, el cambio en la función cuántica-ondulatoria cuando una observación tiene lugar. En este caso tenemos una contradicción con la presencia de Dios. Según los profesores de física Bruce Rosenblum y Fred Kuttner, si Dios colapsa las funciones de onda de objetos grandes haciéndolas reales por su observación, los experimentos cuánticos indican que no está observando lo pequeño.

Esto es bastante alarmante, porque quiere decir que Dios no lo observa todo, no está en todo y menos en nuestro mundo subatómico que forma parte de los seres humanos.

Brevemente debemos plantearnos el interrogante de porque en nuestras mentes existe el concepto del tiempo: el tiempo que transcurre. Pero ¿Y si el tiempo no existiese? El mismo planteamiento tendríamos ante los universos paralelos o las dimensiones invisibles. Einstein, pese a su panteísmo, se preguntaba si Dios tuvo alguna opción a la hora de crear el Universo, es decir, si había otros universos posibles. Hoy, según la teoría de las cuerdas, existen una cantidad inmensa de universos posibles.

Ante la pregunta de que había antes, me dirá el lector creyente que está claro que estaba Dios. Permítame recordarles una anécdota real entre Laplace y Napoleón. El primero le enseñaba en un dibujo al segundo un croquis de su reciente teoría sobre el sistema planetario. Napoleón lo estudio y luego le pregunto a Laplace: “No veo a Dios en vuestro sistema planetario”, a lo que Laplace contesto: “Veréis, para crear este sistema planetario no he tenido la necesidad de la hipótesis de la existencia de Dios”. Personalmente tampoco necesito la hipótesis de Dios.

Le religión ha sido un escollo continuo ante los descubrimientos de la ciencia, porque muchos de ellos ponían en peligro “sus verdades” y sus dogmas. Antes utilizaron la hoguera como barrera para los pensadores y los nuevos conocimientos. Hoy parecen aceptar la ciencia, pero siguen denunciando sus progresos y sus prácticas, tratan de retrasar un final inevitable: que la ciencia convierta a los seres humanos en inmortales.

Soy humanista y libre pensador, cientificista y racionalista. Cuando cometo un acto infame, no puedo confesármelo como los cristianos y descargar de la conciencia mi error. Los cristianos se lo confiesan y esto les hace sentirse limpios hasta la próxima vez. A diferencia de los que creen en Dios tendré que recordar mi mal comportamiento toda la vida y, al no limpiarse y olvidarse, me servirá de experiencia para no cometerlo por segunda vez. Mientras que el creyente lo cometerá innumerables veces, porque sabe que siempre tiene la oportunidad de bórralo de su “currículo vitae”.

Somos libres de creer o no creer, de estar sujeto a dogmas e historias indemostrables o tener la independencia de un libre pensador. La ciencia no puede demostrar que Dios no existe, pero puede revelar todo el tortuoso camino de nuestra evolución en el que muchos aspectos bíblicos se convierten en historias inexistentes y cuentos infantilizados. Ante la aplastante fuerza de las pruebas físicas de la ciencia, a la Iglesia, que tampoco puede demostrar que Dios existe, sólo le queda la fuerza de la fe.

Si muchos científicos, sabios y pensadores hubieran tenido la libertad de expresar sus creencias sin ningún tipo de amenazas por parte de las religiones, con toda seguridad el número de agnósticos y ateos a lo largo de la historia habría sido abrumador, y también, posiblemente sin el poder del miedo y de la espada, muchas religiones no habrían triunfado nunca.

Si las religiones no hubieran coartado a los científicos hoy estaríamos mucho más avanzados tecnológicamente. Hoy vemos las consecuencias del retraso de Oriente Medio como consecuencia a posturas radicales del Islam, que con sus teocracias controla la investigación científica y las ideas de los científicos. Además, desprecian la sabiduría potencial de un 50% de la población por el solo hecho de ser mujeres. La base del problema de la diferencia entre Occidente y Oriente Medio, es que en la historia del Islam no hay un periodo de Ilustración como lo hubo en Occidente. La Ilustración significo un gran salto en la libertad de pensar y actuar libremente sin estar sujetos a la religión.

Las religiones deben su esplendor en épocas pasadas por el hecho de que se enfrentaron al progreso, a los adelantos que amenazaban su poder, y manipularon el pensamiento humano manteniéndolo en el más profundo oscurantismo. En su cruzada contra el conocimiento se centraron en los niños, a los que durante siglos manipularon haciéndoles cree historias y produciéndoles temores que arrastraron, algunos, toda su vida en forma de traumas inconfesables.

El papa Pío IX planteó la exigencia de tener derechos preferentes para la Iglesia  en la enseñanza. Pío IX sabía lo importante que era condicionar las mentes de los adolescentes para asegurarse unos fieles seguidores. Afortunadamente esto no prosperó por la inevitable confrontación con la comunidad científica. En realidad Pío IX condenó la libertad de culto y consideró a la religión católica como la única religión de estado. Se opuso a pactar con el progreso, el liberalismo y la civilización moderna.

La historia de la humanidad ha sido un continuo debate entre ciencia y religión, un debate en el que numerosos pensadores han sido quemados o marginados. Un oscuro túnel lleno de víctimas del que parte de la humanidad ha salido  recientemente. Otra parte sigue sumida en creencias y costumbres de la edad media, como es el caso de los seguidores de los integrismos que viven una religión del medioevo con tecnologías del siglo XXI.

La realidad es que sólo el cristianismo, judaísmo e Islam son reacios a según qué avances científicos. Es curioso que sólo los monoteísmos hagan oposición a la ciencia.

Soy un encarecido defensor de la ciencia que ha liberado a la humanidad de supersticiones, oscurantismos e ignorancia. Soy cientificista y como tal creo en el conocimiento científico. Creo que todo puede responderse y saberse a través de las diferentes disciplinas de la ciencia, pese al desconocimiento e inseguridad que tenemos.

Pese a los ataques sufridos contra la ciencia, desde algunas religiones y pensadores dogmáticos, sobrevivirá y seguirá haciendo avanzar y progresar a la humanidad.

Destacan muchos moralistas que la ciencia quiere reducir al ser humano a un complejo de circuito cerebral, una máquina que se cree libre sin serlo. Nuestra libertad es relativa, está sujeta a unos genes egoístas, como demostró el científico ateo Richard Dawkins; o a unos neurotransmisores como explico en mi libro El cerebro 2.0 al hablar de la química del amor.

El cientificismo no debe relacionarse estrictamente con el ateísmo, es cierto que existen muchos científicos ateos, un 60% según la revista Nature, pero también los hay agnósticos y ateos con una particular espiritualidad.

La ciencia es una fuerza liberadora de la humanidad y el único camino para avanzar y frenar la opresión política. Lo que nos hace progresar es la tecnología, no las decisiones políticas. Internet no fue una decisión política.

La divulgación científica se convierte hoy en una asignatura necesaria para ofrecer a todos los ciudadanos, de una forma accesible y comprensible, los avances de la ciencia. Vivimos en una civilización en la que sólo usa los avances tecnológicos pero no sabe nada sobre ellos. Muchas personas son sometidas a un TAC sin saber para qué sirven aquellos largos minutos introducidos en un tubo de acero. Tomamos comprimidos sin saber cuál es su función exacta. Vemos cómo se desarrolla toda una industria espacial sin conocer a penas el universo que nos rodea. Millones de personas desconocen el tortuoso camino evolutivo de cientos de miles de años que ha sufrido su especie para llegar a dónde ellos están.

Hoy la tecnología está llegando a tal grado de complejidad que, para comprenderla, necesitaremos que nos injerten un chip que resuelva las conexiones y nos ayude en nuestra relación con las comunicaciones y los enlaces y vínculos con otros elementos electrónicos.

El principal escollo de la ciencia fue la Iglesia católica que, mientras dominó en el mundo, excomulgó, encarceló, humilló y llevó a la hoguera a muchos científicos. En los últimos siglos ha seguido oponiéndose a los adelantos científicos, desde los anticonceptivos a las células madres, ha realizado una cruzada que, en ocasiones se ha saldado con asaltos a clínicas y delitos criminales. También sigue mostrando una fuerte oposición a determinadas ideas cosmológicas y aplaude que la filosofía sea una asignatura menor en las aulas, mientras ve que cada descubrimiento científico significa el derrumbamiento de muchos de sus relatos que se daban por dogmáticos.

 

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El paradigma epigenético

marzo 25th, 2019

El paradigma epigenético

Con el descubrimiento del fuego por el hombre primitivo se producía el primer paradigma de la historia, se pasaba de temerlo a dominar una energía. Tal vez el paradigma más popular ha sido la revolución que heliocéntrica, y el último y más moderno paradigma el de la física cuántica.

Ahora estamos ante el nuevo paradigma epigenético que cambia nuestra visión sobre que sabíamos de la memoria y la posibilidad de modificarla para curar enfermedades o potenciarla, dos alternativas que nos ofrecen un avance médico y una posibilidad que puede crear graves consecuencias éticas.

Los descubrimientos siempre tienen un lado bueno y un lado malo. Una dualidad entre utilizarlos para el bien o para el mal, una dualidad que creo Zaratrustra hace miles de años.

Una “institución” para la que realizo análisis sobre los nuevos descubrimientos, siempre me solicita que explique posibilidades de aplicaciones de utilizar estos de forma incorrecta y peligrosa, para prever consecuencias. ¡No os podéis imaginar las utilizaciones tan torcidas que pueden ocurrirse!

Volvamos al nuevo descubrimiento. Todo empezó con unos caracoles a los que se les sometió a pequeñas descargas eléctricas en unos intervalos de tiempo determinados. Llego un momento que estos gasterópodos recordaban este pinchazo y se escondían en su concha espiral cuando solo se les pinchaba. Seguidamente se les extrajo las neuronas que contenían la memoria de estas descargas y, en unas jeringuillas se inyectaron en otros caracoles que no habían sufrido estas descargas… resultó que los nuevos caracoles conocían las consecuencias de las descargas por lo que el recuerdo había sido implantado.

Con este hecho vemos que los recuerdos de un ser vivo pueden ser transferido a otros por una simple inyección en el cerebro, lo que demuestra que los recuerdos poseen una materia bioquímica.

Desde 1940 se partía del principio de que la memoria estaba almacenada a través de la red de neuronas unidas por sus sinapsis. Ahora se ha descubierto que nuestros recuerdos poseen una verdadera materialización bioquímica. Estamos ante un nuevo paradigma de la neuro-epigenética.

Los avances en la epigenética representan un cambio en la sociedad, ya que van a permitirnos que a través de una inyección podamos conocer un idioma nuevo sin la necesidad de profesores. También con una inyección se podrá borrar de la memoria un trauma, o un suceso que nos perturba (como un asesinato cometido), o un recuerdo de una misión secreta a un militar, o potenciar nuestra memoria hasta grados de ciencia-ficción. Podremos resolver el Alzheimer… todo ello borrando unas pocas moléculas.

Ahora, ciertas moléculas inyectadas podrán mejor nuestras facultades cognitivas. Ya se han aplicado a ratones de laboratorio inyecciones de “tricostatina” antes de someter a estos roedores a una sesión de aprendizaje, y se ha comprobado que recuerdan mejor lo enseñado y durante más tiempo.

La “tricostatina” es una especie de inhibidor del olvido, ya que limita la acción de las enzimas borrando las marcas epigenéticas de la acetilación sobre la cromatina.

El experimento nos transporta a nuevos problemas éticos: ¿Quién tiene derecho a someterse a esta inyección? ¿Solo los económicamente dotados podrán pagar este tratamiento?

Las investigaciones epigenéticas son el pilar universal de la memoria. Se ha descubierto que cuando un recuerdo se forma en nuestro cerebro miles de enzimas (metiltransferasas) se activan en las neuronas donde modulan la cantidad de la metilación, pero si se bloquea la acción de estas enzimas en un ratón pierde su capacidad de memorización.

El nuevo paradigma ya está en marcha y antes de dos años estará entre la farmacopea para ricos. Mientras tanto yo seguiré tomando un coctel de los que elabora mi amigo Pallavicini: Martini seco con Vodka o Mahattan con Four Roses, ambos me ayudan a olvidar.

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Consejos para oradores y conferenciantes.

marzo 22nd, 2019

Consejos para oradores o conferenciantes

He perdido la cuenta de cuantas conferencias he dado, recuerdo la primera en el Hotel Majestic de Barcelona (años setenta), rigurosa y sobria, que no tiene nada que ver con las que imparto ahora. También recuerdo algunas en las que se “cuela” el típico perturbado mental y hay que realizar malabarismo para esquivar su protagonismo hasta que es amonestado por los organizadores.

He aquí algunos consejos para aquellos que tienen que impartir una conferencia o una charla en los tiempos de hoy.

1.- Procure vestir despreocupadamente. Nada de corbatas o pajaritas. El estilo moderno es a lo Silicon Valley: sudadera o americana deportiva e informal, pantalones deportivos o tejanos, y calzado deportivo.

2.- Jamás lea su conferencia, a lo sumo lleve una pequeña hoja de papel o ficha con el guion a seguir para no olvidar nada.

3.- No se siente, permanezca de pie en el entarimado y muévase por el prudentemente. Incluso puede desplazarse por la sala si esta es pequeña.

4.- No centre su locución hacia un grupo de personas, o hacia los que están en primera fila. Observe a todos los asistentes.

5.- Su tono de voz debe ser fuerte para que pueda ser escuchada por todo el mundo, pero tampoco debe vociferar. Su lenguaje debe ser accesible a todos, no debe intentar impresionar con términos complejos y grandilocuentes.

6.- El tiempo de su conferencia debe ser breve, como una “Demo” de Silicon Valley. Si puede explicar el contenido de su conferencia en 15 o 20 minutos mejor, el resto del tiempo es para las preguntas en las que uno se puede extender. El público va a las conferencias para participar, para preguntar.

7.- No utilice caballetes con hojas de papel, solo son medios para las salas de reuniones. El público los odia, no se ven a distancia, y una vez la hoja de papel está repleta hay que ocultarla.

8.- Tampoco utilice punteros luminosos con organigramas o gráficos proyectados en una pantalla. El público también los odia…el público quiere que usted dibuje sus gráficos. Las pantallas solo deben utilizarse para fotografías o imágenes concretas.

9.- La típica pizarra con tizas es el protagonista de hoy. El público quiere que todo quede en la pizarra, quiere que usted demuestra sus  cualidades pedagógicas dibujando y escribiendo con la tiza. Quiere que el espacio sea grande.

10.- Anuncie que su conferencia o charla va a ser un “braingstorming”, que quiere participación, que ha venido a explicar pero también a recoger sugerencias e ideas de los demás, debatirlas y valorarlas.

11.- Que el tiempo de preguntas del público sea dos o tres veces más largo que su exposición.

12.- Ponga ejemplos en sus intervenciones, introduzca anécdotas graciosas y amenas. Gesticule (a lo Richard Feynman) si es necesario pero con moderación.

13.- No adule al público con frases demodés como “Su pregunta es muy interesante” o “Me alegro que me haga esta pregunta”. Ni tampoco use términos como “usted se equivoca”.

14.- Y, finalmente, si le preguntan algo que desconoce, sea sincero, diga al público que no lo sabe todo y que eso que le acaban de preguntar lo ignora. Los asistentes se lo agradecerán.

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Sobre la inteligencia y la exo-vida

febrero 23rd, 2019

 

Sobre la inteligencia y la exo-vida

Empezaremos por definir lo que entendemos por inteligencia. Hay muchas definiciones de inteligencia entre ellas esta: la inteligencia es la capacidad que tenemos de buscar una rápida solución cuando estamos implicados en un problema, en una situación difícil o en unas circunstancias que significa un riesgo para nuestra vida.

La inteligencia no es una virtud exclusiva de los seres humanos, es algo que también se puede aplicar a los animales. Y se puede  decir que los animales no tienen una inteligencia mayor o menor que la nuestra, tienen una inteligencia diferente, adaptada a las circunstancias del medio en que habitan. Por tanto, la inteligencia es diferente como consecuencia del medio en que se desenvuelve el ser que la posee. Por ejemplo, el pulpo en su medio marino, y a veces fuera de él, es uno de los animales más inteligentes que se conocen.

El haber alcanzado un nivel tecnológico no nos otorga un grado determinado de inteligencia, podría haber existido una civilización sin tecnología pero en posesión de una inteligencia superior a la nuestra actualmente. Una inteligencia que otorgase facultades especiales: un mayor olfato, telepatía, visión infrarroja, superconsciencia, mayor intuición, etc.

Por otra parte la inteligencia no determina nuestros valores morales, un ser puede ser muy inteligente y terriblemente malévolo. Recordemos que los psicópatas son muy inteligentes. Se puede ser inteligente y a la vez tener ideologías crueles. Nadie ha dicho que los altos cargos del Tercer Reich no fueran inteligentes, y sin embargo, cometieron acciones abominables.

La Tierra tiene una diversidad de habitantes con características sociales, costumbres y escala de valores diferentes, factores que influyen en su forma de afrontar los problemas de la vida y por tanto sus mecanismos de inteligencia son diferentes. Uno puede ser determinista y esto no afectará a su capacidad de inteligencia.

Veamos el problema de la inteligencia con un posible contacto en el futuro con seres de exoplanetas de otros sistemas.

Nuestra evolución en la Tierra ha sido consecuencia del azar y la necesidad. Nuestra fisonomía, nuestra fisiología, es consecuencia de una evolución basada en “la necesidad crea el órgano”. Por ejemplo, no tenemos una piel acorazada contra la radiación cósmica porque ya estamos protegidos por la capa de ozono. No hemos generado una mayor capacidad auditiva porque el ruido excesivo nos aturdiría. Si hemos perdido parte de nuestra capacidad olfativa al no utilizarla.

La vida se ha amoldado y adaptado a las circunstancias terrestres, creando los órganos necesarios para sobrevivir en el entorno que estamos. No somos aptos para vivir en las profundidades marinas ni en lo alto de las montañas más grandes. No es la Tierra la que se ha adaptado a la vida; es la vida la que se ha adaptado a la Tierra.

Cualquier parámetro de la Tierra (tamaño, rotación, temperatura, existencia de la Luna) que no fuese como los tenemos actualmente y hemos tenido, habría ocasionado que los seres humanos fuesen diferentes. En la ruta de la evolución, la no existencia en el pasado de un simple insecto en el escalafón evolutivo habría influenciado en nuestra existencia, nuestras características. Y lo importante, si los seres humanos actuales fuésemos distintos debido a un parámetro terrestre diferente, nuestro cerebro también sería diferente, y por tanto nuestra forma de pensar sería diferente y nuestra inteligencia también. Por ejemplo, si en vez de tener cinco dedos hubiésemos tenido tres, nuestras herramientas sería diferentes, nuestros instrumentos musicales también, la música tendría otros sonidos. Tener tres dedos en vez de cinco habría tenido sus consecuencias en el córtex parietal del cerebro.

Llegamos a una conclusión preocupante. Ningún exoplaneta descubierto es igual que la Tierra, son mayores, menores, atmosféricamente distintos, con o sin satélites, rotaciones diferentes, etc. Por lo que sí existe vida será físicamente diferente a la nuestra… y esto incluye a la inteligencia.

La más insignificante diferencia en las características de un exoplaneta afectarán a sus habitantes, al margen de que esos habitantes habrán asumido una evolución diferente a la nuestra, una evolución con otras necesidades fisiológica, que hará que sus habitantes sean distintos incluso cerebralmente.

Hoy sabemos que los genes han realizado mutaciones en los seres vivos de la Tierra. En Arabia, los árabes, poseen un gen que les permite beber la leche de camella; en los Andes los peruanos tienen un gen que les permite respirar de otra manera en las grandes alturas, en los países nórdicos un gen afecta a la piel para que esta sea más clara y permita asimilar la poca luz del Sol de medianoche y su vitamina C, etc.

Concluyo destacando que nos enfrentamos al problema de encontrar seres con una inteligencia diferente, no mayor o menor, sino diferente, y eso imposibilitará nuestra comunicación. Estamos ante un problema que debemos de empezar a asumir y buscar soluciones.

(Este contenido es un resumen de una conferencia que impartí en un Centro Cultural)

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¿Por qué los extraterrestres no contactan con nosotros?

febrero 17th, 2019

Con este post llegaré a las 200.000 visitas. Gracias a todos los que me habéis seguido en este blog.

¿Por qué los extraterrestres no establecen contacto con nosotros?

Damos por supuesto que existe vida inteligente en algunos exoplanetas de los millones de sistemas planetarios, solamente, de nuestra galaxia. Consideremos que si esa probabilidad es posible en solo un 30%, tendríamos vida inteligente en 60.000 millones de planetas en nuestra galaxia. (Hay más de 400 mil millones de galaxias)

Vamos a obviar la posibilidad de que se hallan puesto en contacto en el pasado de nuestra civilización, y que muchas leyendas, mitos y tradiciones religiosas son consecuencia de ese contacto.

Diremos, por tanto, que los extraterrestres no se han comunicado con nosotros por.

1.- Se encuentran demasiado lejos de nosotros y su tecnología no está lo suficiente avanzada para enfrentarse a ese supuesto. Si habitasen en un planeta 4 veces más grande que la Tierra, tendría que construir naves potentísimas para poder abandonarlo, unos costes imposibles.

2.- Al ser portadores de creencia (o no creencias) y valores completamente diferentes a los nuestros, temen que el encuentro pueda ser violento, que una parte de los terrícolas los reciban con agresividad. Que se creen conflictos entre las naciones.

3.- Temen contagiarse o contagiarnos con virus y bacterias desconocidas pero letales para unos y otros.

4.- Puede que nos consideren una civilización inferior, poco desarrollada en la que, según unos criterios de diversos planetas de una supuesta federación estelar, no hay que intervenir y se debe dejar hasta que alcance un determinado grado de madurez y consciencia cósmica.

5.- Tienen dudas con quién ponerse en contacto, qué país, que organización: Naciones Unidas, Unión Europea, Opep …. Y con qué partidos, movimientos u oligarquías que dominan el mundo y deciden.

6.- La comunicación se hace imposible ya que su inteligencia es diferente a la nuestra. Cada mundo, según su evolución y necesidades ha creado una inteligencia adecuada. Por ejemplo, el pulpo es inteligente en su medio, nosotros no somos más inteligentes que él, tenemos una inteligencia distinta.

7.- Saben que somos una civilización violenta y peligrosa, además de salvaje. Nos matamos en guerras continuas, nos amenazamos, dejamos que miles de personas mueran cada día de hambre, cometemos crímenes, violaciones, abusos con menores. No interesa tener contacto con nosotros, hay que evitarnos.

8.- Nuestra armas son capaces de autodestruir la vida sobre el planeta, están descontroladas y cada día son más sofisticadas. Gastamos el dinero en esas armas en vez de ayudar a la parte de la humanidad que está enferma.

9.- Saben que no vale la pena un contacto ya que la vida no va a prosperar en nuestro planeta, que la civilización se autodestruirá o que pronto estallará un megavolcán, o impactará un asteroide, fenómenos sobre los que nada podremos hacer.

10.- Tienen investigaciones o exploraciones que hacer mucho más interesantes que las de este triste planeta.

11.- Han realizado ya un contacto con diferentes políticos y científicos, y este encuentro se mantiene en máximo secreto.

 

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