Cómo nos envenenamos y nos asesinan silenciosamente.

octubre 16th, 2019

Cómo nos envenenamos y nos asesinan silenciosamente.

 

Es como si existiera un complot mundial de multinacionales que se hubieran conjurado, cada una en su sector, para no dejarnos pasar de determinada edad. Unas en la alimentación, otras en las bebidas alcohólicas y azucaradas, otras en bollería y “chuches”, otras contaminando el medio ambiente y llenando de plásticos, hidrocarburos y mercurio las aguas de las playas para que no podamos disfrutar, gratuitamente, del agua salada del mar. Además lo tienen fácil, pues el ser humano es propenso a consumir todo aquello que le erosiona la salud. Y la mayor parte de la población de clase media – con perdón de la expresión -, come mierda y no tienen ni idea de lo que se meten en la boca.

 

En Occidente hemos avanzado mucho en temas de salud, la medicina ha dado un salto espectacular en cuanto a farmacopea y tecnologías que han permitido una mayor longevidad y una mayor calidad de vida en las edades avanzadas. En Occidente vivimos más sanos y más tiempo, pero estas cualidades también han sido debidas a un cambio educacional en la alimentación, un cambio que solo ha funcionado a golpe de decreto y multas millonarias. El ciudadano empieza a saber y se interesa por conocer que alimentos son sanos y cuales nos matan poco a poco.

 

Sin descartar las causas hereditarias y genéticas, la salud de los seres humanos depende muy especialmente de la alimentación que se ha recibido durante la infancia y la que se practica de adulto. Otro factor de influencia es el entorno en que vivimos, el aire que respiramos, la contaminación, los materiales que nos rodean y forman parte de nuestro hábitat, la higiene, nuestra exposición al Sol, la radiactividad de los sótanos del Maresma, etc.

 

Una carencia de alimentación adecuada en un niño tendrá claras repercusiones en su cerebro y en su vida futura. Las secuelas serán inevitables si el niño ha pasado hambre y ha estado falto de vitaminas para un crecimiento correcto. El desarrollo normal de un ser humano precisa unos mínimos en proteínas y vitaminas, calidad de los alimentos y variedad si no queremos ser víctimas de secuelas el resto de nuestras vidas. Y también influirán los aspectos psicológicos, el miedo, el horror que viva, el estrés, la ansiedad y los abusos sexuales. Es evidente que los alimentos no se digerirán igual si estamos sometidos al estrés, incluso esta situación nos hace candidatos a enfermedades en el aparato digestivos. Una simple comida de negocios o con un plasta que no está explicando cosas desagradables, es sin duda, mal digerida por nuestro sistema digestivo que está produciendo jugos gástricos innecesarios o bilis en exceso.

 

Nuestra insolidaridad mundial está creando en países pobres millones de niños que por necesidad de alimentos no serán, de adultos, seres totalmente capacitados. Sus cerebros no habrán recibido los estímulos necesarios ni los alimentos básicos que precisa este órgano para crecer adecuadamente. Alimentos como los oligoelementos, las vitaminas, la fruta, las verduras, etc. Debemos decirlo pero estamos creando individuos de tercera clase. Individuos que no alcanzaran nunca unos buenos QI (Coeficientes de Inteligencia), que serán propensos a enfermedades dado que su sistema inmunológico no será tan efectivo como el de otros.

 

Se conoce que existen una serie de alimentos que son perjudiciales para la salud, pese a ello los seguimos consumiendo debido a la presión publicitaria de las multinacionales de la alimentación, cuyo principal objetivo es vender aquello que han producido, comprado a agricultores a precios irrisorios, que después han elaborado, empaquetado y distribuido, en algunos casos con escasos controles de sanidad o controles que son insuficientes pero que son válidos por ahora.

 

Además laminamos nuestra salud fumando, bebiendo alcohol (gastamos 174.314 millones anuales en bebidas alcohólicas, en España consumimos anualmente en cerveza el equivalente a 1380 piscinas olímpicas) y consumimos dos productos que son auténticos venenos para nuestro cuerpo: la sal y el azúcar. Si a todo eso le añadimos productos fritos, grasas, conservantes y exceso de calorías, tenemos el coctel perfecto para envejecer mal y tener una vida corta. Destacar que mientras en Occidente morimos por comer demasiado y arrojamos a las basuras el 32% de la comida, en otros continentes la gente se muere de hambre, o padece secuelas toda su vida debido a la falta de una alimentación correcta en la niñez.

 

Algo a lo que no damos importancia y es esencial es el tema de las enzimas de las cuales depende nuestra salud. Las enzimas son proteínas catalizadoras que se forman dentro de las células de los seres vivos. En los alimentos que consumimos se producen miles con funciones específicas.

Destaca el doctor Hiromi Shinya[1] que las enzimas son fundamentales para el control de la salud. Sin embargo, existen los malos elementos de siempre que consumen nuestras enzimas madre: alcohol, tabaco, contaminación atmosférica, ondas electromagnéticas, estrés, etc.

 

Las enzimas las reponemos cuando ingerimos alimentos frescos, en realidad todo lo que comemos debería ser fresco, pero la cadena alimentaria en las grandes ciudades tarda días en traer de los huertos o granjas los productos de consumo. A las multinacionales de la alimentación solo les interesa vender sus productos, aunque esos productos debieran de ser eliminados de la dieta humana. Me refiero a la azúcar refinada, a las carnes rojas y procesadas, a los alimentos salados, a los refrescos azucarados y la repostería, sobre todo, la industrial.

 

En otras ocasiones se consumen productos cuyas fechas de caducidad han eliminado toda su riqueza vitamínica o alimentaria. De vez en cuando, venganzas o luchas entre multinacionales de la alimentación, destapan algún escándalo como el de la carne caducada del Brasil. De la carne ya hablaremos más ampliamente.

 

La Talidomida, de la Compañía alemana Grlinenthal GmbH, fue un fármaco que se prescribía (1957-1963) para calmar las náuseas en los tres primeros meses de embarazo y también la causa de un gran número de nacimientos con malformaciones congénitas.

 

Desde 2007 se ha observado el nacimiento de bebés sin manos o sin brazos en Francia. Unos 150 nacimientos de media al año.     Se ha intentado comprobar si se trata de los efectos de un medicamento, como en el caso de la Talidomida, pero no se ha encontrado relación entre medicamentos, tampoco se han visto posibles causas genéticas ligadas a fármacos, ni exposiciones a tóxicos. Pero 150 casos de media anual, salen de todo tipo de estadística probabilística, y los expertos sospechan de algún producto.

 

En la actualidad se buscan orígenes comunes, ya que no pueden considerarse factores como el azar, el número de casos es superior a lo normal. Se piensa en la alimentación o en alguna sustancia utilizada en la agricultura o en la medicina veterinaria. Tiene que ser un factor al que todas las madres estén expuestas, como aire contaminado, sustancias tóxicas, un alimento tratado con algún producto químico, el contacto con un producto de limpieza….hasta ahora toda investigación ha fracasado.

 

Los materiales que nos rodean, los productos químicos que se utilizan en la agricultura, la contaminación atmosférica, los plásticos, los venenos que arrojamos al mar, las pinturas y una interminable lista de productos antinaturales nos están asesinando silenciosamente. Pese a ello seguimos cultivando mejillones entre hidrocarburos escapados de los petroleros o gambas con ácido bórico; fabricamos latas de conservas que pueden causar botulismo u hortalizas con captafol. Comemos higadillos, tripillas y riñones tratados con finalizadores,  filetes de vaca con perineumonía, ternera con tuberculosis,  frutas con conservantes. Y entre los postres los flanes con lacto sueros.

 

En otras ocasiones es nuestra ignorancia y para presumir de un buen bronceado, tomamos el Sol durante horas en la playa o en las estaciones de esquí, y si somos “urbanitas” utilizamos cabinas de bronceado, en cualquier caso, nos  exponemos a cáncer de piel.

 

Según la revista Science & Vie[2], en 2015 se produjeron en Francia 382 casos de melanomas cutáneos, siendo 1,5 de ellos atribuibles a la exposición en cabinas de bronceado. Hablamos de Francia, un país en que, en 2009, los UV fueron clasificados por la OMS como cancerígenos en nivel 1. En países como Brasil, desde 2009 se prohibieron las cabinas de bronceado, una prohibición que aplicó Australia en 2014.

 

La industria de los rayos UV es muy poderosa y produce importantes beneficios y se opone, legalmente, a prohibiciones en otros países. Las Sanidades Estatales tratan de evitar que aparezcan nuevos establecimientos controlando las dosis, ya que en el 60% de los casos son superiores a lo permitido. Por otra parte existen Centros Médicos que en sus contratos no se hacen responsables de melanomas causados por los rayos UV. Pese a toda esta verdad, los centros de UV siguen achicharrando la piel de aquellos y aquellas que les gusta parecerse al hombrecito rojo que se ilumina en los semáforos.

 

 

 

 

 

 

 

[1] Jefe de la Unidad de Endoscopia Quirúrgica del Centro Médico Beth Israel en New York, y profesor de Cirugía Clínica del Colegio de Medicina Albert Einstein.

[2] Diciembre de 2018.

Historia de la medicina: un recorrido aterrador

octubre 12th, 2019

 

Historia de la medicina: un recorrido aterrador.

 

 

“¿Qué plato es este, señor?

Este plato es de alacranes y víboras.

¡Gentil plato!”.

Tirso de Molina (El burlador

 

Ha sido un recorrido aterrador, como mínimo debemos de reconocer que nuestros antepasados han sido las cobayas en las que la medicina ha experimentado y ensayado técnicas para alcanzar el conocimiento que tiene hoy.

 

En la historia de la medicina han existido buenos médicos y auténticos carniceros. Hubo hombres como Galeno que aprendió el arte de la cirugía recomponiendo y remendando a los gladiadores, como aquellos médicos de M.A.S.H en la Guerra de Corea, que habían salido de Estados Unidos como inexpertos practicantes y regresaron convertidos en eminentes cirujanos. También, en aquellas épocas oscuras e ignaras, hubo quien se aprovechó del escaso conocimiento de sus pacientes para vulnerar todos los protocolos del código deontológico de la medicina.

 

Se ha operado en vivo, amputado sin ningún tipo de anestesia, a lo sumo un buen trago de coñac o whisky; se ha trepanado la cabeza para buscar las causas de las locuras humanas, o los diablos que no podían extraer los clérigos con sus exorcismos; se ha obligado a los pacientes a ingerir pócimas que perforaban las entrañas y cuyos componente emponzoñaban más que curaban; se han practicado sangrías a través de flebotomías o repelentes sanguijuelas, un procedimiento que no servía para nada pero que se realizó hasta bien entrado el siglo XIX.

 

Toda una historia del pasado en la que los seres humanos han servido de cobayas para que la medicina pudiera ensayar y experimentar con el fin de adquirir nuevos conocimientos del cuerpo humano. Desde los tiempos del Antiguo Testamento hasta casi el siglo XIX, fueron épocas oscuras y llenas de supersticiones dentro del mundo de la enfermedad y la curación. Épocas  de sufrimiento y temor, tiempos en los que la vida era corta y cualquier accidente significaba una mutilación y una incapacidad en el disfrute de esa vida. Las ciudades estaban llenas de tullidos, cojos, ciegos y mancos que mendigaban para poder tener un sustento que les era denegado por sus incapacidades fisiológicas.

 

Hubo un tiempo en que la medicina sólo se ocupaba de las enfermedades externas, aquellas que se reflejaban en la piel, o las heridas causadas por accidentes o combates. Las fracturas se curaban con entablillados y vendajes, las llagas se trataban con ungüentos y compresas, y a los tumores que se les aplicaba emplasto de higo.

 

Uno de los casos en los que la medicina y la Iglesia son protagonistas fue en la intervención del pendenciero vasco, Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús en 1534. Ignacio de Loyola, en una de sus habituales contiendas contra maridos ultrajados, se cayó del caballo y se rompió la pierna. Los médicos de la época le intervinieron recomponiendo la fractura. Cuando Ignacio se recuperó observó con horror que una pierna le había quedado más corta que la otra, tras una trifulca con los médicos les obligó a que se la fracturasen otra vez y arreglasen aquella cojera que no era digna de un caballero como él. El período post-operatorio de esta segunda intervención fue doloroso y turbador para Ignacio. Las infecciones fueron causa de terribles estados febriles en los que Ignacio vio y hablo con “Dios”. El que luego sería santo tuvo delirios, visiones que, junto a los libros religiosos que leía, lo convirtieron. Cuando tras meses de ofuscaciones se recuperó, se lanzó a la tarea de crear la Compañía de Jesús, olvidando su faceta de camorrista. He aquí como los malos cirujanos hicieron un santo.

 

Fueron tiempos en los que la Iglesia aprovechó la enfermedad para vender su fe y sus creencias entre los desesperados por el padecimiento y el posible próximo final de sus vidas. La fe se utilizaba como medio curativo y los remedios se materializan en la oración, el ayuno, los votos, las donaciones, los sacrificios, pero también los amuletos y otros medios de superstición, solo cuando todo parecía fracasar se recurría a los médicos.

 

Los medios naturales de curación eran el vino, el aceite, los bálsamos, los empastes de higo y la hiel de pez. Pero si la enfermedad estaba causada por una posesión diabólica, ningún medicamento se convertía en efectivo y no tocaba otro remedio que recurrir a las herramientas de la trepanación. Así que si a uno le dolía la cabeza, lo mejor era callarse y no decir nada al  médico.

 

Los egipcios, mil años antes de J.C., utilizaban la corteza del sauce  blanco para curar heridas, y Galeno con las hojas de sauce hacia una bebida calmante de los dolores, unos y otro estaban utilizando el acetilsalicílico que en el futuro sintetizado se llamaría “aspirina”. Un calmante que el Homo neandertal ya conocía y utilizo según los últimos descubrimientos paleoantropológicos.

 

Los hongos como el Penicillium tuvieron como resultado final la creación de los antibióticos. Los hongos ya eran conocidos en Grecia en el siglo II y con más antigüedad los utilizaban los nativos de Norteamérica, Rusia, Asía y China. Muchos seres primitivos debieron de fallecer por la ingestión de setas venenosas, vidas que se perdieron a cambio de la enseñanza de lo que H.G. Wells llamo el “alimento de los dioses”; y Robert Graves enteógenos, y finalmente, MacKenna, al explicar que el consumo de enteógenos en el hombre primitivo desarrollo sus dendritas, se atrevió a anunciar que “descendíamos de monos colocados”.

 

Destacar que sobre el mundo de las setas y hongos sólo se conoce el 17%. Existen terriblemente venenosas como la Amanita faloide; alucinógenas como la Amanita muscaria; el penicillium nonatum base del primer antibiótico, y la Ling-Zhi o Reishi de China de la que se destaca que mejora la arritmia, que es antiinflamatoria, desintoxicante y que un gramo diario refuerza el sistema inmunitario.

 

Antiguamente los ciudadanos temían a las epidemias, hoy seguimos temiéndolas, además de la bomba atómica, la guerra y el terrorismo bacteriológico. Mucha gente piensa, referente a la bomba atómica, “no se atreverán a usarla”. Si este razonamiento fuese verdadero, me pregunto: ¿Entonces por qué las fabrican y las almacenan? ¿Por qué todos los países quieren tenerla? ¿Creen ustedes que Israel o Pakistán o Corea del Norte si se vieran invadidos no la utilizarían? En el caso de Israel se rumorea que tiene sus bombas atómicas enterradas bajo tierra, y que si fuera invadido las haría detonar, sacrificando a su pueblo antes de convertirse en prisioneros.

 

La enfermedad ha estado presente a lo largo de toda la historia de la humanidad, del siglo IX al XVII ha atestado las ciudades de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos. Destacaba Susan Sontag en “La enfermedad y sus metáforas”, que: “La enfermedad es el lado nocturno de la vida, una ciudadanía más cara. A todos, al nacer, nos otorgan una doble ciudadanía, la del reino de los sanos y la del reino de los enfermos. Y aunque preferimos usar el pasaporte bueno, tarde o temprano cada uno de nosotros se ve obligado a identificarse, al menos por un tiempo, como ciudadano de aquel otro lugar”. La enfermedad tampoco sabe distinguir entre un inculto ciudadano y un genio, de ahí tenemos que fueron tuberculosos Spinoza, Chopin y Shelley; mancos Cervantes y Valle-Inclán; alcohólicos, Poe, Verlaine, Nietzche y Gogol; epilépticos, Dostoievsky; sordos, Goya y Beethoven; jorobados, Leopardi; tenían alucinaciones, Van der Goes, Ramón Llull, santa Teresa, san Pedro; ciegos como Homero, Miltón, Jorge Luis Borges, Sabato; tartamudos como Claudio; enanos como Toulouse-Lautrec; y víctimas de ELA como el fallecido Stephen Hawking.

Hoja de ruta para alcanzar la inmortalidad

octubre 7th, 2019

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Se nos esconde lo esencial

 

Debiéramos estar más alarmados, pero la mitad de la población mundial no se entera y la otra mitad no entiende lo que investigan los laboratorios científicos. Solo los profesionales de los distintos sectores de investigación están al corriente de los avances que se producen. Así y todo, parte de estos progresos permanecen sometidos a las más poderosas tinieblas.

 

Ante los nuevos descubrimientos las personas, sea cual sea su profesión, debieran dedicar un tiempo para reflexionar, sentarse a pensar qué significa este nuevo hallazgo, en qué se puede aplicar y qué consecuencias o cambios producirá en el sistema social del mundo. A veces también encontramos respuestas en sus inversiones financieras, y finalmente podemos preguntarnos ¿A quién benefician? ¿A quién perjudica?

 

Sobre ese desconocimiento general de lo que se está fraguando en los laboratorios, no me sorprende cuando los interlocutores en general me confiesan que, por ejemplo, no habían oído nunca hablar de DARPA (Defense Advanced Research Projects Agency) o Calico (California Life Company),  y menos lo que se está investigando en estos lugares.

 

DARPA no es un solo laboratorio de investigación, es una Agencia que controla y financia a decenas o cientos de laboratorios extendidos por todas partes. En el caso de Calico, es un lugar concreto que pertenece a Alphabet, una Corporación que engloba varias divisiones de Google. Y estos son los laboratorios más grandes y conocidos de los que hablaremos. Personalmente me preocupan más una serie de laboratorios pequeños, que también abordaremos, y sus reservadas investigaciones o experimentos incontrolados. Y por supuesto, están los laboratorios secretos de China y Corea del Norte.

 

No es que los seres humanos tengamos una neurasténica sensación de que estamos rodeados de conspiraciones, intrigas y maquinaciones, es que verdaderamente se nos está escondiendo lo esencial. Nos ocultan todos aquellos descubrimientos que no convienen para el sistema. ¿Creen que nos anunciarían a bombo y platillo que se ha descubierto una píldora que dobla nuestra esperanza de vida? ¡Pues claro que no! Por la sencilla razón que esa píldora también dobla el presupuesto de las pensiones de la Seguridad Social.

 

A pesar de todo no hay barreras para los descubrimientos que emergen, por muy rigurosas que sean las normativas y las leyes, acaban imponiéndose. Uno de los primeros ejemplos lo tenemos en las dificultades que el judío Gregory Goodwin Pincus tuvo que sortear para ensayar sus píldoras anticonceptivas. Su principal problema fue el nivel moral de la época en Estados Unidos, la religiosidad que consideraba que la utilización de anticonceptivos iba en contra de los designios divinos. Pincus, al margen de la ética y la moral, se enfrentaba con que estaba prohibido ensayar con seres humanos y, lo que aún era peor,  que el apoyo a los anticonceptivos era delito. Pero, como hoy en día, nada impidió a este investigador realizar, en 1955, sus ensayos en Puerto Rico y más adelanten en Haití y en México, hasta que en 1961 empezó la comercialización de las famosas pastillas anticonceptivas en algunos Drugstore de Los Ángeles.

 

Pincus fue verbalmente castigado por la Iglesia con el infierno, pero las mujeres dejaron de tener hijos no deseados y consiguieron una libertad sexual que las llevó hasta París en mayo de 1968.

 

La única forma de proteger un secreto es desconociéndolo.

 

La construcción y desarrollo de un laboratorio secreto es, valga la redundancia, muy difícil mantener en secreto. Ni aunque se construya en la Antártida por voluntarios del ejército de Estados Unidos. Siempre habrá alguien que, tarde o temprano, explicará algo. El ser humano difícilmente mantiene un secreto, le gusta hablar y, sobre todo, demostrar a los demás que está en poder de información, digamos, privilegiada. Destacaba un jefe del Mossad: “Si no conoces un secreto importante, parece que no eres nadie en esta vida”.

 

Los faraones que mandaron construir las Pirámides de Egipto u otros mausoleos donde eran enterrados con objetos valiosos, elegían grupos reducidos de arquitectos y esclavos para realizar los túneles o galerías secretas que desembocaban en sus verdaderas cámaras mortuorias. Estos trabajadores, una vez terminada la obra, eran ejecutados por sus guardianes que, posiblemente, también eran ejecutados por otros vigilantes ajenos a las obras. Era la única forma de guardar el secreto. Así asistimos al hecho de la existencia de una cámara real de la pirámide de  Jufu vacía por la circunstancia que no era la verdadera morada fúnebre del difunto faraón. Hace tan solo unos años, los egiptólogos descubrieron una galería secreta que lleva a otra cámara en la que tal vez esté el cuerpo momificado de Keops dentro de un sarcófago de oro. Pensemos cuantos obreros y arquitectos fueron sacrificados para construir este lugar que se ha mantenido hasta hoy en secreto y protegido de los saqueadores de tumbas.

 

De cualquier forma, este procedimiento satánico de guardar un secreto se perpetró hasta la Segunda Guerra Mundial, en la que el nazismos construía con prisioneros lugares subterráneos donde los científicos del Tercer Reich realizaban experimentos secretos, muchos de los cuales aún no han sido claramente explicados. Estos prisioneras eran exterminados una vez concluían la obra, muy pocos pudieron escaparse y ser testimonio de este procedimiento. Lamentablemente muchos de estos relatos solo sirvieron para guiar a las fuerzas vencedoras hasta los lugares secretos, y solicitar a los testimonios que guardaran el secreto de la ubicación. Los enclaves y sus accesos se convirtieron en zonas no accesibles.

 

Hoy no se asesina a los obreros constructores, pero se les hace firmar contratos draconianos que garantizan su silencio. Contratos que les aseguran el cobro de una pensión en su vejez siempre y cuando permanezcan callados; incluso este acuerdo se extiende hasta después de su muerte, asegurándoles una indemnización a sus descendientes para evitar testamentos en los que puedan existir indiscreciones.

 

No sabemos exactamente como asegura el régimen de Corea del Norte sus miles de secretas construcciones subterráneas, pero en ocasiones, pensando la desconfianza de su líder incluso con su familia, uno sospecha lo peor.

 

Todas las instalaciones militares están en bunkers bajo tierra, algunos conocidos laboratorios de investigación también lo están por necesidades científicas, como es el caso de los detectores de neutrinos. El LHC, el mayor instrumento científico que hemos construido para investigar lo infinitamente pequeño, también está bajo tierra aunque no era necesario. Digo exactamente que no era necesario, ya que podía haberse construido una edificación circular en la superficie, pero resultaba más caro expropiar los terrenos y las casas que perforar un túnel.

 

Hay laboratorios cuya ubicación es conocida, pero sus medidas de seguridad son terriblemente restrictivas. Es el caso de los laboratorios de “Bioazar” que investigan con virus y hay un riesgo biológico del nivel 4, el más alto. Son lugares cerrados herméticamente, donde el aire puede entrar, pero no puede salir. Algunos son almacenes de peligrosos residuos sanitarios, donde se acaudalan muestras de microorganismos vivos, o toxinas de fuentes biológicas que pueden convertirse en patógenos.

 

Construir un laboratorio secreto, visible o bajo tierra, implica llevar allí a una serie de científicos, seres humanos, que también tienen sus vidas y a los que no se les puede tener encerrados constantemente. El problema de los laboratorios secretos está en el personal, ya que el secreto genera tensión, y a veces para descargar y relajar esa tensión, es necesario explicarlo a alguien. Otras veces es la prepotencia de los individuos la que lleva a revelar detalles sobre su gran trabajo; en otras ocasiones las envidias y marginaciones laborales.

 

Un laboratorio secreto precisa controles de seguridad, video-vigilancia y otras características. Todo ello se encarga a agencias especializadas de seguridad y a un personal, presumiblemente muy discreto. ¿Pero quién vigila a los que vigilan? En definitiva, el secreto, pese a las precauciones, nunca es perfecto. La mejor manera de proteger un secreto es no saberlo.

 

Para desarrollar las primeras bombas atómicas, Proyecto Manhattan, se construyó el laboratorio más grande del mundo en el desierto de Nuevo México, junto a un destartalado pueblo, Alamogordo  que se enriqueció con sus bares y la presencia de extranjeros, militares y civiles, que hablaban de cosas raras. Fue un proyecto que costó 27.000 millones de dólares. Por hacer alguna comparación el LHC ha costado 5.370 millones de dólares Hoy Alamogordo vive del turismo que viene a visitar el lugar en que un 16 de julio el 1945 se hizo detonar, a 97 kilómetros de distancia, la primera bomba atómica.

 

El inmortal que regreso del frío

 

Rusia no está al margen de esta carrera para alcanzar la inmortalidad, y sus buscadores lo hacen abiertamente. En la actualidad existen muchos millonarios rusos que invierten en investigación en Rusia y en países Occidentales. Algunos han conseguido su fortuna con el petróleo, otros acaparando los medios informativos (periódicos, radios, televisión), los hay que ocuparon puestos de gran poder en los servicios de inteligencia rusa y quienes han hecho fortuna con el tráfico de armas.

 

Curiosamente muchos de ellos tienen negocios en Occidente, en Europa y en los Estados Unidos. Tenemos el caso de Yuri Milner, uno de los mecenas del proyecto Starshot que lanzará naves para llegar a la estrella Alfa Centuri. Milner, que es físico cuántico, tiene una fortuna de 3.000 millones de dólares, y ha invertido 100 millones en la búsqueda de vida inteligente en  el espacio. Otro de los millonarios rusos es Dmitry Itskov, uno de los impulsores de Initative 2045, y voluntario para transferir su cerebro a un avatar. Citaré también a Dmitry Kaminsky propietario de Deep Krowledge Life Sciences, dedicado a negocios de biotecnología. Y finalmente a Serguei Sdpov que está construyendo una nave para ir a Marte en su empresa MTKS de Rusia y se ha convertido en el Elon Musk de los soviéticos.

 

En lo que se refiere a la preservación en estado de hibernación prolongada, es decir, la criogenización que ofrece Alcor a través de Movement for indefinite Life Extensión, en EE.UU., Rusia también dispone de una empresa dedicada a la criogenización. Se trata de KrioRus, fundada en 2005, fecha desde la que ya ha criogenizado a 51 rusos y 20 mascotas. KrioRus ofrece dos alternativas, congelar el cuerpo entero por 36.000 dólares o solo la cabeza por 12.000 dólares.

 

En el campo de la investigación Rusia trabaja en terapias génicas y regeneración. El experimento más destacado fue llevado a cabo por el doctor Anatoli Brouchkov, del Departamento de Geocryobiología de la Universidad de Moscú, y trascendió a todo el mundo en octubre de 2015. En 2009 se encontró en el permafrost de Siberia una bacteria, Bacillus F, que tenía 3,5 millones de años de antigüedad. Brouchkov estaba y está convencido que se trataba de una bacteria inmortal y la inculcaron a ratones en los que apreciaron un aumento de longevidad en sus vidas. Con la intención de alcanzar la inmortalidad, Brouchkov se inyectó esta bacteria en el 2015 y, desde su administración, dice encontrarse con más fuerza para trabajar, con más energía y dinamismo, y lo más importante, parece  que ha desarrollado una especie de inmunidad que lo protege de los constipados y las gripes que siempre le afectaban.

 

Hoy los laboratorios pueden encontrarse en los lugares más inverosímiles: submarinos, barcos en alta mar, base militares, universidades, aviones experimentales tipo X-37, en discretos edificios de ciudades, incluso en la ISS (International Station Space). Los laboratorios de los que hablaremos están localizados, lo preocupante no es su emplazamiento, sino los experimentos que están realizando. Ensayos poco seguros y de innecesario presupuesto como el realizado por Anatoli Brouchkov.

 

Sinceramente he tenido problemas para acceder a las investigaciones que están realizando, en algunos casos he tenido que investigar en los presupuestos de los Estados para saber, aproximadamente, en que invertían sus recursos, que clase de investigaciones se estaban realizando. Muchos de esos laboratorios me han negado información alegando que no estaba en la “bigotslist” que permite acceder a informaciones “sensibles”. Posiblemente tienen otra “bigotslist” en la que si estoy, pero es la que advierte que no se me debe dejar acceder a “material sensible”.

 

En busca de la inmortalidad

octubre 2nd, 2019

En busca de la inmortalidad perdida

 

“Los seres humanos que van a disfrutar el pasaporte de la inmortalidad ya han nacido, son bebés y su futuro no tiene límites”. Así empezó una de sus conferencias Kurzweil.

Voy a desvelar a los verdaderos amos del mundo, no los Rockefeller, March, Rothschild, Windsor u otros, tampoco incluiré al Club Bingbergen, la Trilateral o el G5, o el Vaticano y las monarquía eurpeas; sino a una generación nueva de millonarios, jóvenes, que con un pensamiento singular ven el mundo y la vida de otra forma que el resto de los mortales. Son ateos y creen en la inmortalidad, por esta razón invierten en las investigaciones más fantásticas que existen en el campo de la longevidad humana.

El sistema tiene como objetivo tenernos inmóviles y completamente desalentados, haciéndonos creer que la vida son esos escasos años que vivimos. Y para ello crea miedos incesantes, climas apocalípticos con posibles catástrofes, epidemias y terrorismos, y, sobre todo, nos oculta que podemos ser inmortales.

El sistema y las religiones se alimentan de la muerte para vivir. Como dice Saramago: “El problema de la Iglesia es que necesita la muerte para vivir. Sin muerte no podría haber Iglesia porque no habría resurrección. Las religiones cristianas se alimentan de la muerte”. Sin la muerte el sistema no funciona. Y nos ocultan la posibilidad de que podemos ser seres inmortales. Un hecho que significa un nuevo paradigma que nadie ha podido prever, que puede ser frustrante para los que ya tenía una visión clara de cómo es este mundo; y que puede ser esperanzador para los que están sedientos de más tiempo para adquirir infinitos conocimientos.

Si hay algo que caracteriza el primer cuarto de siglo en el que vivimos, es la búsqueda de vida inteligente fuera de la Tierra, y la investigación en busca de una fórmula para detener el envejecimiento y alcanzar la inmortalidad. Dos objetivos colmados de inquietantes preguntas y respuestas preocupantes, dos acontecimientos que, sin ninguna duda, van a transformar la sociedad. Dos sucesos que nos obligaran a replantearnos todo sobre quiénes somos, que significa nuestra presencia en este universos, qué es la vida y que representa todo este Cosmos que nos rodea.

Hoy existen miles de laboratorios realizando ensayos con ratones, peces cebra, gusanos y monos, cuyo objetivo no es la búsqueda remedios pasajeros o medicamentos transitorios, están investigando caminos para alcanzar la inmortalidad. Algunos con experimentos espectaculares, otros con silenciosos y sospechosos resultados.

En ambos  casos los experimentos y las investigaciones de estos laboratorios tienen como objetivo detener el envejecimiento por diferentes caminos, con distintas técnicas, con experimentos diversos, con procedimientos legales o ilegales. Hablemos claro, existen infinidad de hojas de ruta, pero todas tienen el mismo objetivo final: la inmortalidad.

 

La inmortalidad es un fin que ha sido perseguido desde lo más antiguo de la humanidad, una creencia que hace más de 80.000 años llevo a los Homo neandertales a enterrar con simbólicos rituales a sus congéneres por qué creyeron en una inmortalidad que estaba más allá. ¿Qué les llevó a creer que había un más allá? Sencillamente su mundo onírico en el que se veían sorprendidos en sus sueños por la presencia de seres fallecidos, un hecho que les despertaba con el convencimiento que habían recibido la visita nocturna de los ya desaparecidos.

En los textos más antiguos del mundo, los Upanisad de la India, ya encontramos referencias a la inmortalidad, concretamente en Kata-Upanisad podemos leer: “Cuando se cortan todos los nudos que aquí atenazan el corazón, entonces el mortal se hace inmortal”. En el Bhagavad Gita se anuncia: “Te revelaré lo que se ha de conocer, aquello por cuyo conocimiento se alcanza la inmortalidad”, y en Kena-Upanisad se nos revela: “…por el conocimiento se encuentra la inmortalidad”.

¿Hemos alcanzado ya un grado de conocimiento que nos permite alcanzar la inmortalidad? La realidad es que estamos muy cerca, como mucho a 27 años según Ray Kurzweil, uno de los CEO de CALICO donde se han invertido grandes recursos, más de 1.500 millones de dólares, para que los equipos de investigación de esta Compañía puedan alcanzar la inmortalidad en 2045. Kurzweil destaca: “El niño que vivirá mil años, ya ha nacido”.

Solo cuando se han invertido millones de dólares o euros en una investigación, se ha conseguido resultados positivos. Nunca en la historia de la humanidad, un grupo de hombres jóvenes y emprendedores de Silicon Vally, había invertido tanto dinero en vencer a la muerte. Ni los recursos estatales en investigación superan las grandes fortunas que estos empresarios están gastando para alcanzar la inmortalidad.    Ajenos a sus grandes y productivas empresas de Internet, vuelcan sus beneficios en las más increíbles investigaciones para poder ser inmortales; y también, en la conquista espacial, alentados por voces como la del fallecido Stephen Hawking, que advertía que si nuestra especie quiere sobrevivir debe conquistar el espacio. Y estos jóvenes ejecutivos multimillonarios añaden: Si queremos conquistar el espacio  tenemos que ser inmortales.

Existe un entorno en el que se nos está escondiendo lo esencial. Muchos laboratorios que investigan en la búsqueda de regeneración de órganos, en fármacos milagrosos para vivir más tiempo, en terapias génicas, en fórmulas para rejuvenecer, etc., son bunkers herméticamente cerrados como los laboratorios de BioAzar de los que nada puede salir, incluido el aire que se respira. Otros laboratorios, tras sus aparentes e inocentes investigaciones, ocultan fines más sospechosos, como es el caso de DARPA. Y en algunos se realizan ensayos y experiencias que vulneran las leyes internacionales.

No faltan voluntarios, algunos multimillonarios, como el ruso Dmitry Itskov, dispuesto a ser el primero en transferir su cerebro a un avatar inmortal. O el ruso Anatoli Brouchkov que en 2015 se inoculo una bacteria de 3,5 millones de antigüedad que según él, era inmortal. O la CEO propietaria de BioViva, Elizabeth Parrihs, que vulnerando todas las leyes internacionales se realizó una terapia génica de alargamiento de telómeros que, según aseguran, la ha rejuvenecido 20 años. Por alcanzar la inmortalidad la gente está dispuesta a arriesgarlo todo, a probarlo todo. Incluso sus santidades Pio XII y Juan XXIII, ingerían el primero Gerovita H3 de la gerontóloga Anna Asland, y el segundo papaya traída de Sudamérica.

Este afán por vivir muchos años choca con nuestra ceguera cotidiana que nos lleva a respirar, ingerir y cohabitar con lentos venenos que acaban con nosotros. ¡A ver si ya seremos inmortales  pero morimos porque nos estamos o nos están envenenando!

Por lo menos tenemos que admitir que estamos rodeados de productos venenosos, aparentemente benignos, pero que bajo caprichosas reacciones (temperatura, presión, etc.) desprenden gases que respiramos o adsorbemos a través de la piel. Ni nuestros alimentos están libres de microbios, ni el aire es sano en las montañas o en la orilla del mar; el primero contiene oxigeno que nos oxida, el segundo cloro que afecta a nuestro organismo. Los optimistas destacan que son dosis insignificantes, pero olvidan que son acumulativas.

Estamos rodeados de venenos que afectan a nuestras vidas y, además nos alimentamos mal, bebemos alcohol, fumamos, ingerimos cosas demasiado calientes o demasiado frías, no tomamos precauciones ante ácaros, mosquitos y otros portadores de enfermedades.

Es cierto que también se están consiguiendo grandes progresos en la curación del cáncer, el Alzhéimer, el Parkinson y muchas otras enfermedades. Sin embargo, mientras erradicamos algunas enfermedades, el cambio climático, el rápido intercambio de poblaciones con los desplazamientos de Sur a Norte y de Este a Oeste, nos traen nuevos virus y bacterias que eran desconocidas e insólitas en Occidente. No son solo los seres humanos los portadores de estos contagios, el cambio climático está propiciando el desplazamiento de especies y con ellas nuevos ácaros e insectos causantes de nuevas epidemias

Es precisamente en el último cuarto del siglo XX y en el primer casi cuarto del siglo XXI, cuando empezamos a descubrir animales cuya vida es extremadamente longeva, y no se trata de tortugas o loros capaces de superar los 100 años; me refiero a tiburones de ártico que alcanzan los 390 años de vida. La investigación de sus genes se ha convertido en una hoja de ruta para la inmortalidad.

Los laboratorios actuales ensayan con ratones y aplican  experimentos basados, principalmente en la bioingeniería genética. Gracias al CRISR podemos ensayar y crear seres a la carta. Y nuevos adelantos en la regeneración de órganos van a dejar obsoleta la idea de los seres Cyborg. Del mismo modo que los robots metálicos serán sustituidos por “replicantes” al puro estilo Blade Runner.

Es, precisamente el avance de órganos en bioimpresión en 3D, lo que provocara que los cyborgs cargados de metalistería electrónica se van a convertir en los próximos años en máquinas obsoletas, ridículos portadores de metálicos brazos biónicos, personajes que desencajarán en el nuevo entorno como el robot del embudo en la cabeza del cuento El mago de oz.

Insisto se nos está ocultando una parte de la realidad, intuimos primero y luego experimentamos como nos arrinconan para que no consigamos conocer el verdadero significado de nuestras vidas en este mundo. Nos sumergen en un circo de oropel y fantasía con falsos espectáculos en sus pistas, eventos que nos distraen para ganar tiempo y limpiar el escenario de aquellas pruebas sospechosas. Como el mago Houdini hacen desaparecer  lo verdaderamente esencial, provocando que destile por los más profundos laberintos del cerebro y lo olvidemos. Mientras seguimos viviendo con esa sensación profunda que algo no es real, y que nos están ocultando lo esencial.

Lamentablemente para muchos seres lo esencial no es cómo ha conseguido hacer aquel salto el trapecista del circo que estamos viendo, sino con quién se acuesta por las noches el trapecista.

Nos han alineado, condicionado y formado para que nuestra mente sea lineal y no colmada de singularidad. Nos han acostumbrado a formar parte del engranaje, a convertir el trabajo en el único sentido de nuestras vidas, a creer, como decía el fallecido humorista  Rubianes, que “el trabajo dignifica”. No importa si nuestra empresa contamina o si lo que compramos está producido con ética o a costa de la explotación de otros seres humanos. Nos sumergen bajo las aguas de  ideologías conformistas que nos impiden ver la superficie de los mares. La gran realidad es que al sistema le horroriza que pensemos por nosotros mismos de forma independiente y sin prejuicios. Molesta e inquieta que indaguemos, que tratemos de descubrir que se investiga en aquel inocente edificio o nos interroguemos sobre la identidad y el origen de esas luces nocturnas o esos extraños objetos diurnos que, hasta los astronautas mencionan en sus crónicas. El sistema teme a los coroneles pensadores como Kurtz en Apocalipsis Now, razón por la que hay que neutralizarlos. Por otra parte tenemos una avalancha de información y esto origina que la gente no distinga entre lo bueno y lo malo, entre lo certero y falso.

Pese a la complejidad de algunos temas siempre trato de explicar todos estos avances de una forma accesible a todos los lectores, a este respecto explica  David Garfinkle en su libro: Three steps to the Universe que, “… la ciencia ha adquirido tal grado de sofisticación que es difícil para el lego no solo estar al tanto de los avances de la ciencia, sino comprender los cimientos del método que asegura ese saber. La divulgación de calidad es clave en esta tesitura”.

Están apareciendo descubrimientos que, sin que apenas lo percibamos, están cambiando nuestras vidas, un hecho que requiere en ocasiones plantearse escenarios hipotéticos de lo que se avecina. Sin embargo, lo complicado hoy es realizar esos escenarios hipotéticos del futuro. Es complexo porque a partir que salgamos de un punto dado se abren ante nosotros un haz de miles de alternativas que requieren largos y complejos procesos algorítmicos. Cualquier descubrimiento nuevo en cualquier campo abre una nueva vía hacia nuevos escenarios. Estos escenarios son susceptibles de infinidad de alternativas. Al margen de eso hay que considerar los imprevisibles, por ejemplo nadie previo que Internet fuera lo que hoy es, salvo una serie de informáticos que lo aplicaron y crearon lo que hoy se llama la “nube”. Tampoco nadie creyó que Donald Trump alcanzaría la presidencia de Estados Unidos, fue casi imprevisible. Como destaca Karl Popper: “Nadie puede prever lo que sucederá en la Historia, porque la Historia no tiene leyes ineluctables”.

 

Pronto llevaremos chips obligatorios en nuestro cuerpo. Chips con nuestra identificación, con nuestro currículo vitae, con nuestro historial médico, con nuestras constantes fisiológicas, con nuestros antecedentes; incluso chips que estarán actuando en nuestros cuerpo para producir insulina, para activar las neuronas  del cerebro, para complementar la dopamina que no producimos, para controlar y evitar posibles enfermedades. Es evidente que en el campo de la medicina es más económico colocar chips preventivos que atender en los hospitales a enfermos, aunque el personal sea robótico. A este respecto cabe señalar que ya hay mucha gente que prefiere que le intervenga quirúrgicamente un robot, en vez de un cirujano. ¿Por qué? El robot ofrece una serie de ventajas: será más rápido, lo que significa menos tiempo cloroformado; la incisión será más precisa y menor; no le temblará el pulso, no se cansará; no cometerá errores, etc.

Pero recordemos que los chips pueden manipular nuestro comportamiento, pueden hacer que seamos más agresivos con nuestro voto en las elecciones simplemente bombeando más dopamina; o que votemos atraídos por una candidata guapa produciéndonos una descarga de oxitocina.

También adrenalina para reducir el miedo en la aparición de la IA en los robots, y que acaben siendo ellos los que dominen el mundo. Los escenarios del futuro dependen de los descubrimientos científicos, nuestra estabilidad mundial, el descubrimiento de vida inteligente fuera de la Tierra, los desastres geológicos y los peligros procedentes del espacio.

Tenemos que buscar la verdad que nos ocultan y las consecuencias de esos engaños, aunque ese ejercicio nos represente terminar con más cicatrices que el capitán Acab de Moby Dick; aunque tengamos que rebelarnos como los marineros de la Bounty, cansados de repartir el agua con las plantas; o acabar como el doctor Moreau, del relato de Wells, retirándonos a una isla desierta del Pacífico a 5º de latitud Sur y 105 de longitud Oeste, es decir, desconocida e ilocalizable.

 

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