El paradigma epigenético

marzo 25th, 2019

El paradigma epigenético

Con el descubrimiento del fuego por el hombre primitivo se producía el primer paradigma de la historia, se pasaba de temerlo a dominar una energía. Tal vez el paradigma más popular ha sido la revolución que heliocéntrica, y el último y más moderno paradigma el de la física cuántica.

Ahora estamos ante el nuevo paradigma epigenético que cambia nuestra visión sobre que sabíamos de la memoria y la posibilidad de modificarla para curar enfermedades o potenciarla, dos alternativas que nos ofrecen un avance médico y una posibilidad que puede crear graves consecuencias éticas.

Los descubrimientos siempre tienen un lado bueno y un lado malo. Una dualidad entre utilizarlos para el bien o para el mal, una dualidad que creo Zaratrustra hace miles de años.

Una “institución” para la que realizo análisis sobre los nuevos descubrimientos, siempre me solicita que explique posibilidades de aplicaciones de utilizar estos de forma incorrecta y peligrosa, para prever consecuencias. ¡No os podéis imaginar las utilizaciones tan torcidas que pueden ocurrirse!

Volvamos al nuevo descubrimiento. Todo empezó con unos caracoles a los que se les sometió a pequeñas descargas eléctricas en unos intervalos de tiempo determinados. Llego un momento que estos gasterópodos recordaban este pinchazo y se escondían en su concha espiral cuando solo se les pinchaba. Seguidamente se les extrajo las neuronas que contenían la memoria de estas descargas y, en unas jeringuillas se inyectaron en otros caracoles que no habían sufrido estas descargas… resultó que los nuevos caracoles conocían las consecuencias de las descargas por lo que el recuerdo había sido implantado.

Con este hecho vemos que los recuerdos de un ser vivo pueden ser transferido a otros por una simple inyección en el cerebro, lo que demuestra que los recuerdos poseen una materia bioquímica.

Desde 1940 se partía del principio de que la memoria estaba almacenada a través de la red de neuronas unidas por sus sinapsis. Ahora se ha descubierto que nuestros recuerdos poseen una verdadera materialización bioquímica. Estamos ante un nuevo paradigma de la neuro-epigenética.

Los avances en la epigenética representan un cambio en la sociedad, ya que van a permitirnos que a través de una inyección podamos conocer un idioma nuevo sin la necesidad de profesores. También con una inyección se podrá borrar de la memoria un trauma, o un suceso que nos perturba (como un asesinato cometido), o un recuerdo de una misión secreta a un militar, o potenciar nuestra memoria hasta grados de ciencia-ficción. Podremos resolver el Alzheimer… todo ello borrando unas pocas moléculas.

Ahora, ciertas moléculas inyectadas podrán mejor nuestras facultades cognitivas. Ya se han aplicado a ratones de laboratorio inyecciones de “tricostatina” antes de someter a estos roedores a una sesión de aprendizaje, y se ha comprobado que recuerdan mejor lo enseñado y durante más tiempo.

La “tricostatina” es una especie de inhibidor del olvido, ya que limita la acción de las enzimas borrando las marcas epigenéticas de la acetilación sobre la cromatina.

El experimento nos transporta a nuevos problemas éticos: ¿Quién tiene derecho a someterse a esta inyección? ¿Solo los económicamente dotados podrán pagar este tratamiento?

Las investigaciones epigenéticas son el pilar universal de la memoria. Se ha descubierto que cuando un recuerdo se forma en nuestro cerebro miles de enzimas (metiltransferasas) se activan en las neuronas donde modulan la cantidad de la metilación, pero si se bloquea la acción de estas enzimas en un ratón pierde su capacidad de memorización.

El nuevo paradigma ya está en marcha y antes de dos años estará entre la farmacopea para ricos. Mientras tanto yo seguiré tomando un coctel de los que elabora mi amigo Pallavicini: Martini seco con Vodka o Mahattan con Four Roses, ambos me ayudan a olvidar.

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Astronautas, sabotajes, ovnis, intentos de asesinato y sexo.

diciembre 22nd, 2018

Astronautas, sabotajes, UFOS, intentos de asesinato y sexo.

 

En un colectivo tan numeroso como es el de los astronautas, pese a estar sometidos a controles psicológicos y psiquiátricos, se han producido muchos incidentes. Solo mencionaré algunos de estos sucesos.

 

Todavía no se ha resuelto el misterio del micro-agujero del módulo Soyouz MS-09 acoplado a la ISS, un sabotaje que puso en peligro a la estación espacial. Al ser un orificio realizado desde dentro hacia fuera, los seis miembros que ocupaban la estación – tres americanos, dos rusos y un alemán -, se convirtieron en sospechosos.

La nave Soyouz MS-10 con los dos astronautas, el ruso Alexei Onchinin y el americano Nick Hague, que tenían que reemplazar a un par de astronautas, sufrió un sospechoso incidente tras el despegue y se vio obligada a realizar un peligroso aterrizaje y no poder acoplarse a la ISS. El astronauta Onchinin tenía, entre otras actividades en la ISS, la misión de investigar el micro-agujero de Soyouz MS-09. ¿Coincidencia?

En ocasiones no nos hemos enterado de lo que pasa ahí arriba hasta meses después. Como fue el caso del incendio en 1997 en la estación MIR. Un incidente con llamas que los astronautas rusos tardaron 15 minutos en extinguir. O el día que se atascaron los servicios sanitarios en la ISS y las deposiciones volaban por un par de módulos.

Narro la anécdota de la Vosjod-2 que es más bien cómica que dramática. Tras su regreso a la Tierra, por error, en vez de aterrizar en las llanuras del Kazajstán, la Vosjod 2 fue a caer en un bosque cubierto de nieve en medio de los Urales. Los dos astronautas rusos, Leonov y Baliayev, salieron de la cápsula he hicieron fuego para calentarse hasta que los viniesen a rescatar. Pero por la noche se vieron rodeados de una manada de lobos hambrientos y tuvieron que regresar a la fría nave. Por la mañana cuando llegó el equipo de rescate los encontró vivos, pero asustados ya que los lobos habían estado toda la noche arañando la cápsula para poder entrar.

Tampoco nos enteramos de las trifulcas entre astronautas cuando llevan mucho tiempo encerrados en un módulo o en una estación espacial. Un astronauta ruso destaca en sus memorias: “Todas las condiciones necesarias para cometer un crimen se junta al encerrar dos hombres en una cabina de cinco metros por seis y dejarlos vivir solos durante un mes”.

Ha habido muchas trifulcas que producen largos silencios entre los componentes de una misión. En ocasiones se llega a desagradables intercambios verbales, y en otros casos se ha alcanzado la violencia física. Así en una misión analógica de 240 días, hubo la agresión física de un astronauta ruso a otro canadiense. Más grave fue lo acaecido en la Soyuz-5, donde dos astronautas rusos se batieron a cuchilladas, afortunadamente sin consecuencias. También ha habido protestas, como la de los astronautas de la ISS, que estuvieron en una ocasión varias horas sin contestar a las llamadas de la Tierra.

Muchos  astronautas han experimentado sensaciones místicas y  espirituales. Algunos, como Edgar Mitchell (Apolo-14) cuando regreso a la Tierra,  creó una Fundación de estudios paranormales y espirituales. Otros han descrito los avistamientos de OVNIS que tuvieron, como fue el caso de Gordon Cooper (Misión Mercury), Deke Slaytin (Misión Mercury), James McDivitt (Misión Gémini) y Edwin Aldien (Misión Apolo-11). Otros han preferido no  comentar al respecto de este tema o les han obligado a guardar silencio.

Curioso fue el regreso de la ISS de la  astronauta francesa Claued Haignese, que en una rueda de Prensa, gritó: “¡La Tierra debe ser alertada!”. Seguidamente se desmayó y fue alejada de los medios informativos. Días después su laboratorio privado ardió y con él toda la documentación que tenía. Hoy ocupa un silencioso cargo en un museo de París.

Entre los astronautas también estuvo a punto de cometerse el primer crimen pasional de este colectivo. Todo sucedió cuando la astronauta del Discovery Lisa Nowak, se enteró que el astronauta Bill Oefelein, además de con ella, mantenía relaciones con la astronauta Calleen Shipman. Lisa intentó asesinar a Callen pero la policía la detuvo a tiempo.

¿Se ha mantenido sexo en las estaciones espaciales? Parece que, dada las dificultades fisiológicas, posturales y el hecho que Newton esté en contra con su ley de la gravedad, ha converdo este tema solo en especulaciones  y rumores. Se ha insinuado que los astronautas Mark C. Lee y Jan Davis practicaron sexo en la misión STS-47, pero este hecho fue desmentido por ellos.

Pienso que si estos incidentes ocurren entre profesionales entrenados, ¡qué sucederá cuando comencemos a  enviar turistas al espacio o colonizadores a la Luna y Marte! Por ahora cinco turistas que han pagado un escandaloso billete (unos 200 millones de dólares) y han viajado a la ISS, han permanecido una breve estancia y han regresado a la Tierra sin incidentes.

 

 

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¿Y si los extraterrestres tienen otra inteligencia diferente a la nuestra?

junio 30th, 2018

¿Y si los extraterrestre tienen otra inteligencia diferente a la nuestra?

[Esta reflexión se la dedico a Manel, capaz de sorprenderme con sus razonamientos en los breves encuentros del Slavia]

 

En 1995, Mayor y Queloz, descubrían el primer exoplaneta, 51 Pegasi b. Este hallazgo se convertía en un soplo de esperanza para todos los que creíamos que no estábamos solos en el Universo. 51 Pegasi b no era una excepción, hoy existen más de cinco mil exoplanetas descubiertos y oficialmente reconocidos.

Ante la cantidad de exoplanetas clasificados, se decidió buscar vida en aquellos que reuniesen algunas características que los hicieran semejantes al nuestro. Se descartó los no fueran rocosos, es decir los gaseosos, y también los que se encontraban muy cerca de su estrella o los que estaban muy lejos de ella. Los primeros por que el calor desprendido de su estrella impediría la vida, y los segundo porque terminarían siendo mundos helados como Plutón. Se creó una zona de habitabilidad.

Discrepo de este criterio de selección, porque la vida, como se ha demostrado en la fumarolas termales de las profundidades submarinas puede aguantar temperaturas muy altas y también muy bajas; porque la vida puede desarrollarse cercana a una estrella con potentes emisiones de radiación, y los seres cercanos ser inmunes (como las cucarachas o dotados de una epidermis bloqueante) a estas radiaciones. Las cucarachas son   indemnes a la radiación que a nosotros nos fulmina, las cucarachas sobreviven a todo menos al “cucal”: ¿Me pregunto qué veneno tendrá ese producto?

No vamos a tratar este tema, pues nos interesa entrar en otro contenido más inquietante. Los futuros telescopios en órbita como el James Webb o los terrestre de Chile, incorporan en su sistema de observación biomarcadores, es decir, que nos podrán decir si el planeta observado, rocoso y situado en la zona de habitabilidad, tiene, por ejemplo, clorofila, agua, nitrógeno, carbono, oxígeno y otros elementos que caracterizan la vida… evidentemente no una vida como la nuestra, algo que nunca será posible, porque no existen dos planetas iguales, con las mismas características, con el mismo tamaño, la misma inclinación de su eje, la misma distancia a su estrella, la misma evolución…

Y he aquí que de repente nos damos cuente que tenemos un problema más complejo que el que se enfrentaron los astronautas del Apolo XIII advirtiendo a su base de la NASA: “¡Houston! Tenemos un problema”.

Si existe vida en esos planeta que hemos descubierto, y en estos momentos me refiero a una vida inteligente; los seres de ese mundo ubicado en la zona de habitabilidad o no, serán, indiscutiblemente diferentes a nosotros, fisiológica y anatómicamente y, por tanto, su cerebro será diferente, y en consecuencia su inteligencia será diferente. Otro tipo de inteligencia, con otros razonamientos diferentes, con otros valores distintos, y no estoy hablado de diferencias producidas por sus memes, sino por tener un mapa del cerebro desigual al nuestro.

Y ahí, en este punto de nuestro gozo por haber descubierto vida, nos damos cuenta que la comunicación con esa vida puede ser casi imposible. De repente tenemos ante nosotros unos seres con una inteligencia diferente, ni mayor ni menor, diferente. Como la que nosotros podemos tener con un pulpo – el animal más inteligente con el complejo fisiológico más complejo -, que no es menos inteligente o más inteligente que nosotros….es diferente, con una inteligencia adaptada al entorno en que vive y constituida por ocho cerebros y un centro de coordinación.

 

Por supuesto que no esperábamos encontrarnos a unos seres que, como el extraterrestre humanoide (Klaatu) de “Ultimátum a la Tierra” (1951), un “clon” de nosotros que no parece haber venido de otro planeta. Si alguna vez se produce un encuentro será más bien a través de sonidos como “Encuentros en la tercera fase”.

En cualquier caso, vamos a tener un problema de comunicación, porque la inteligencia no es lo que hemos pensado que era hasta ahora, no es una forma de razonar y resolver problemas para todos los seres de Universo, es la forma que tienen los seres de la Tierra de razonar y resolver sus problemas. Igual como la vida ha buscado un camino creando los órganos que precisábamos para sobrevivir, la inteligencia se ha desarrollado adaptándose al medio y los problemas que tenía que superar.

La inteligencia no es algo único y exclusivo del ser humano, hay una inteligencia en otras especies e incluso en la vegetación, incluso en las partículas cuánticas.

Durante cientos de años nos creímos ser el centro de la creación. La Tierra era el centro del universo y alrededor de ella giraba el Sol, los planetas y las estrellas. Con el tiempo la ciencia, no sin sufrir dolorosas matanzas y persecuciones, logró demostrar que el Sol era una estrella más de las 200.000 o 300.000 millones de estrellas de nuestra galaxia; y nuestra galaxia una más de entre las 400.000 millones de galaxias que existen en nuestro universo. El encorbatado y elegante ser humano con su maletín, era apenas hace unos 10 millones de años un peludo mono que se desplazaba en pelotas cogido a una liana de un árbol a otro, llevando en su mano un plátano en vez de un maletín. Pese a estos incuestionables hechos el ser humano, basándose a donde ha llegado con su inteligencia, mantiene una postura antropocentrista. Sin considerar que su inteligencia es “una inteligencia más”, en este caso desarrollada para ayudarle a sobrevivir en este planeta.

Debemos desmontar nuestra idea antropocentrista y admitir que somos una “fórmula” más, que ha salido bien para sobrevivir en la Tierra. Debemos razonar ante el hecho que existen otras inteligencias, igual que hay mundos paralelos más cerca de lo que sospechamos, universos burbuja y otras realidades. No somos seres edénicos, ni perfectos mentalmente. Más bien somos seres “tocados”, hecho que se evidencia con las consultas de  psicólogos, psiquiatras, neurólogos, y farmacopea que prolifera en el planeta. Nos vemos perfectos, sin embargo, nuestro aspecto puede ser muy desagradable a un extraterrestre.

Para otros seres del universo seremos monstruos horripilantes, con una constitución corpórea de hidrógeno, oxígeno, carbono, nitrógeno, azufre, fósforo, calcio, potasio y cloro, y moviéndose por esa complexión química, proteínas, lípidos e hidroxiapatita. Nos valemos para pensar de una cabeza desproporcionada, en la que los órganos están duplicados, y en cuyo interior se esconde, una masa gelatinosa de un kilo y trescientos gramos. El resto del cuerpo con unos peligrosos brazos tentaculares acabados en rasgadoras uñas, y dos piernas que nos permiten desplazar una masa que está formado por tejidos adiposos que esconden vísceras y endurecidos fragmentos de calcio. Casi lo peor de nosotros es la piel, en la que cada centímetro cuadrado alberga 10.000 bacterias. Sí el olfato del ET, con el que intentamos comunicarnos, está desarrollado solo como el de un perro de la Tierra, apreciará las extrañar olores que desprendemos a causa del sudor y los neurotransmisores. Y para remate final nuestro cuerpo tiene unos repugnantes orificios por donde segregamos líquidos, innatos sonidos y restos de excrementos con microbios, una sola gota de saliva de un milímetro contiene 5.000 millones de bacterias de los dos kilos que se almacenan en nuestro cuerpo… ¡como para abrazarnos pensaran los extraterrestres!

Vida alienígena basada en otros elementos

mayo 30th, 2018

Vida alienígena basada en otros elementos.

Nuestra vida está  basada en el carbono (C), siendo este un no metal fundamental para nuestra existencia, ya que puede unirse con un gran número de átomos distintos para formar moléculas enormes y complejas. El grafeno, que abunda fuera de la Tierra, está formado por hexágonos de carbono. El carbono es uno de los elementos más abundantes del Universo y no es de extrañar que la vida haya evolucionado en él. Pero ¿puede existir vida en el universo basad en otros elementos? ¿Pueden existir alienígenos con otra bioquímica que no sea el carbono?

Imaginemos a unos seres alienígenos exóticos basados en silicio en lugar del carbono. El silicio es el segundo elemento más abundante. Los orbitales externos del silicio, igual que el carbono, contienen cuatro electrones que permiten a los átomos de silicio organizarse en anillos o largas cadenas que constituirían la base de una molécula biológica. Estamos ante seres de silicio que podrían sobrevivir en muchos ambientes, incluido el vacío espacial. Seres de estructuras externas a base de siliconas de gran dureza, capaces de transmitir el 95% de las longitud de onda de la radiación infrarroja, lo que les permitiría ver en la oscuridad. Bioquímicamente podrían construir compuestos parecidos a las enzimas. Carecerían de pulmones y su sangre estaría formada por ácidos moleculares, como el monstruo de Alien, el octavo pasajero.

Otra posibilidad de vida la tenemos en organismos alienígenos de arsénico. El arsénico cumpliría perfectamente el rol bioquímico que desempeña el fósforo en las formas de vida conocida. Si por un lado es un elemento tóxico y venenoso, por otro lado se presenta como un elemento esencial para la vida que puede remedar las funciones del fósforo. La realidad es que hay bacterias, entre ellas las Halomonadaceas que han sustituido el fósforo por arsénico incorporándolo en el ADN.

También podríamos de hablar de seres con aminoácidos exóticos. Todos los organismos que conocemos, salvo alguna excepción, están basados en 20 aminoácidos que son siempre los mismos y con los que construyen sus proteínas. Podemos, sin embargo, sintetiza muchos más por medios químicos. Cabe la posibilidad de que organismos alienígenos estén formados utilizando aminoácidos insólitos, raros y extravagantes como la isovalina o la pseudoleucina que abundan en los meteoritos.

Nosotros somos como somos por el principio de que la necesidad crea el órgano. No precisamos ser seres acorazados porque la capa atmosférica nos protege de los rayos cósmicos, no precisamos ver en la oscuridad porque nuestro planeta tiene días y noches, no precisamos oír más, porque el ruido excesos nos ensordecería, no precisamos ver otros mundos paralelos porque de ellos no nos ha surgido un peligroso felino con dientes de sable. Tenemos la constitución que tenemos porque está adaptada a los parámetros de nuestro planeta;  a su gravedad, a sus 23º de inclinación, a su temperatura, a la alimentación que ingerimos, a la Luna y su efecto sobre las mareas. Cualquier modificación nos habría hecho distintos, por ejemplo, si la Tierra no estuviera inclinada algo más de 23º, no habría estaciones y la alimentación hubiera sido distinta y nosotros diferentes. Estatura, peso, color de la piel y genes, varían dependiendo de lugar de nuestro planeta.

Sepamos que los pigmeos son de la altura que conocemos porque tienen los genes CISH, DOCK3, STAT5 y otros que los han dotado de esa estatura para adaptarse a los bosques tropicales húmedos. Los habitantes de Arabia Saudita pueden, a diferencia de los europeos, beber leche de camella porque tienen el gen LCT que les permite digerirla. Los tibetanos son menos sensibles a la rarificación del oxígeno en las altitudes porque tienen los genes EGLN1 y EPS1 que nosotros no tenemos. Los nórdicos tienen genes (SLC24A5, TYR y MC1R, entre otros) que les han aclarado la piel para una mejor asimilación de la vitamina D con un sol menos intenso como el suyo.

Los futuros niños que nacerán en las colonias lunares serán, debido a la escasa gravedad, altos y delgados. Estos futuros selenitas tendrán una débil estructura ósea que les impedirá regresar a la Tierra. ¿Quién sabe que genes desarrollarán?

Podría citar otros genes que nos hacen distintos en la misma Tierra. La combinaciones en los millones de planetas que existen solo en nuestra galaxia, nos enfrenta a un zoo de variedades de formas, posibilidades y estructuras infinitas. Y como es natural esos factores diferentes tienen una repercusión en el cerebro que hace a los seres pensar de formas diferentes. Un hecho que puede llevar a no comprender a un alienígena por su exótica forma de pensar. A veces los humanos rozamos la incomprensión por el hecho de que un occidental no estructura su pensamiento igual que un oriental en el que todo es casual o un musulmán en el que todo es determinista.

Cualquier variación en la estructura cerebral nos lleva a seres completamente diferentes. Dentro de ese gran zoo de las galaxias, podemos imaginar seres que no han desarrollado las áreas de Broca y Wernicke para constituir un lenguaje sonoro y su comunicación sea telepática. Puede que en vez de tener, como nosotros, seis capas de neuronas posean muchas más. Puede que a través del cerebro puedan desactivar las señales del dolor. Puede que produzcan mayora cantidad de molécula ATP (adenosin trifosfato) y puedan cicatrizar sus heridas instantáneamente. Puede que al ser viajeros del espacio carezcan de ritmos circadianos, o no tengas habénula y por tanto no puedan tener depresiones; o, finalmente puede que existan seres que desarrollen mucha norepinefrina y dopamina, sustancia que les convertiría en seres sin emociones y estrés, como el Señor Spot del Enterprisse.

 

No estamos hechos para la exploración del espacio

enero 3rd, 2018

No estamos hechos para explorar el espacio.

Entre 1486 y 1558 Ulrico de Maguncia realizaba unas profecías bastante acertadas en las que describía la llegada del hombre a la Luna y el desolador paisaje que se encontraría. Con un error mínimo de  dos años destacaba: “En el sexto decenio, año VII (1967) un nuevo Cristóbal Colón desembarcará en una tierra de aridez absoluta. Su nave, concebida para alcanzar la isla del oro, no llegará sin embargo más que a la Isla de la Nada. Porque en el lugar al que llegue no existirán plantas ni animales ni vida de ningún género. Quemado por un fuego infernal, helado por un frío más que mortal, el temerario conocerá terrores incontables”.

No cabe duda que los astronautas que pisaron la Luna, estuvieron sujetos a altas y bajas temperaturas como destaca la profecía de Ulrico de Maguncia. No sabemos si conocieron “terrores incontables”, porque nunca nos han dicho toda la verdad de lo que vieron, y que fue censurado por la propia NASA.

El ser humano está constituidos para vivir en la Tierra, a una altura determinada, fuera de las profundidades marinas, con una atmósfera determinada y unas temperaturas adecuadas. Cualquier ensayo que hagamos para ocupar otro hábitat precisa la utilización de tecnologías – submarinos, aviones, máscara de oxígeno, trajes especiales, etc. – para sobrevivir. La necesidad ha creado los órganos precisos para el lugar y las condiciones precisas.

Ahora vamos a intentar acceder al espacio, el medio más hostil y peligroso de todos los que nos rodean. Un lugar con un frío extremo, ausencia de atmósfera, microgravedad, constante bombardeo de micro-meteoritos y exposición a los rayos cósmicos.

La radiación en el espacio es continua y muy perjudicial para la salud humana, especialmente el cerebro, donde puede producir perturbaciones cognitivas importante y de duración indefinida.

Hoy por hoy, la ISS está a unos 400 Km de altura y se beneficia de la protección del campo magnético terrestre. Pero ahora queremos navegar hacia la Luna y Marte,  e instalar en esos áridos lugares colonias lunares. Precisaremos largos viajes que nos dejarán expuestos a los rayos cósmicos galácticos de núcleos atómicos ionizados. Y aún estamos de suerte, ya que vivimos en un brazo de la galaxia en la que no abundan muchas estrellas, si estuviéramos viviendo cerca del centro tendríamos que ser seres acorazados para resistir la terrible radiación que existe por la abundancia de estrellas.

Para viajar por el espacio va a ser necesario blindar las naves que transporten a los astronautas, pero por ahora lo único que detiene la radiación es el plomo, cuyo peso encarecería los lanzamientos. Es necesario buscar nuevos materiales más ligeros.

Los rayos cósmicos, que impregnan el cosmos de una forma uniforme, producen un desgaste en los tejidos humanos, ionizan los tejidos biológicos, rompen los enlaces moleculares y crean radicales libres que destruyen el ADN. También se ha comprobado que afectan a la memoria y al comportamiento, algo impensable en unos astronautas que tienen que tomar decisiones o resolver problemas de navegación, aterrizaje, y todos los que se presentan en las misiones espaciales. Si un astronauta está expuesto durante un año, la duración media de un viaje a Marte, puede ver afectadas sus cualidades cognitivas.

Considerando imposible el blindaje de plomo por el peso que representa, se buscan soluciones como crear un campo magnético alrededor de la nave espacial. Tendría que ser un campo del orden de 20 teslas, y es posible que pudiera crear algún efecto en el organismo humano… no podemos exponernos a que el remedio sea peor que la enfermedad. Queda la solución de medicamentos a base de antioxidantes, es decir, que neutralizasen los radicales libres, sustancias químicas que consolidaran los circuitos neuronales y los protegiesen, pero los laboratorios aún no han desarrollado esta farmacopea.

Es el inicio de una nueva aventura y, en este año 2018, vamos a asistir a las primeras tentativas con lanzamientos de grandes cohetes capaces de llegar a Marte. Al despegue de las futuras colonizaciones y de la minería espacial.

Nos enfrentamos a nuevos retos y contingencias. Considerando que desconocemos nuevos peligros que pueden acaecer: Lluvia de meteoritos y micro meteoritos, radiaciones desconocidas, efectos paranormales, perturbaciones psicológicas, micro-organismos invasivos, campos de atracción desconocidos, mutaciones inesperadas y encuentros con otros seres. Todo este panel es distinto al de nuestras primeras exploraciones  terrestres por los inmensos desiertos, por las profundidades marinas, por las oscuras cavernas y las selvas amazónicas; estas última con sus miles de insectos, su calor húmedo agobiante, su barrera de vegetación con el alérgico polen, incluso con el encuentro de jíbaros reductores de cabezas… ¡vete a saber lo que serán capaces de reducir los alienígenas!

 

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