La joven generación “millennial”.

marzo 8th, 2017

La joven generación “millennial”

 

 

He leído atentamente el informe del Observatorio de la Juventud en España (2017) sobre la generación millennial.  Realizaré algunas reflexiones sobre las conclusiones extraídas y los resultados de esa investigación.

Personalmente prefiero trabajar e investigar con jóvenes – entre 18 y 34 años -, que con mayores de cuarenta, salvo excepciones. Los jóvenes son menos conservadores y están dispuestos a realizar cambios, a explorar caminos que los adultos consideran peligrosos o inútiles. Los jóvenes están más en la onda de un pensamiento singular.

Los políticos debieran reflexionar ante los resultados de la encuesta de investigación, ya que la política es el factor menos valorado y al que menos grado de importancia otorgan los jóvenes, solo un 16%. Desde el 2002 al 2014 la valoración de la familia ha pasado de un 74% a casi un 90%, creo que la crisis ha demostrado que el mejor respaldo que tiene un joven es su entorno familiar.

La familia es lo más importante entre los millennial, con un 89%, seguido por el valor de la amistad con un 79%. Los jóvenes confían en los amigos, aunque estos no sean de su edad, aunque sean profesores que los machaquen con sus consejos desinteresados. El trabajo ocupa el tercer puesto con un 68%, algo más importante que ganar dinero que solo arrastra un 38%. Se valora más trabajar en lo que uno le gusta que ganar dinero y estar trabajando en algo que no gusta. Advierto como los estudios se han disparado en valoración. Han pasado de un 40% en 2002, a un 65% en 2014, eso significa que los jóvenes se han dado cuenta de la importancia que tienen los conocimientos en la vida, en el entorno social y a la hora de buscar trabajo.

La generación millennial huye del matrimonio, algo que ha ido cayendo desde los años sesenta, con un 65% de jóvenes casados a un 25% en la actualidad.

Me siento satisfecho al comprobar que la generación millennial, cree que la sociedad precisa reformas distintas, es decir que hay que cambiar el sistema. Es una opinión del 59,7% de los jóvenes. Algunos, el 25,7% creen que esos cambios deben de realizarse radicalmente.

Lo jóvenes millennial no comparten la idea de participar en asociaciones sociales,  y menos en partidos políticos. Son anti ejército. Pero están siempre dispuestos a ayudar a los que lo están pasando mal, son solidarios. En general podemos resumir que están indignados con el sistema y que no lo consideran seguro. Lamento que rechacen las asociaciones sociales, pues es una forma de reunirse y trabajar juntos. La realidad es que, cuándo me reúno con grupos de jóvenes para charlar sobre un tema consensuado, prefieren realizarlo en un bar con espacio, que en una asociación. Pensaba que era porque en un bar pueden beber lo que quieran, pero descubrí que tienen cierto “repelus” a las asociaciones o centros culturales.

Seguimos con el informe.  Empiezan a darse cuenta que la comida basura no es sana y eligen artículos de consumo que no dañen la salud y el medio ambiente.

Otro aspecto interesante es su afán por mantenerse informado sobre las acciones del Gobierno, conocer las nuevas disposiciones y como les afectan. Saber lo que sucede en el mundo, que nuevas tecnología aparecen y para qué sirven.

Finalmente comparados con los mayores de 65 años que otorgan un 62% de respalda al factor religioso, en los jóvenes ese respaldo desciende hasta un 36%. Un 60% de los jóvenes respaldan a los medios de comunicación. Muchos se han dado cuenta que dependen mucho de sus ideologías políticas. Pese a ello, los medios de comunicación tienen una mayoría de respaldo, aunque no creo que ese respaldo sea al medio, sino a locutores concretos o columnistas, algo que no diferencia la investigación del Observatorio de la Juventud de España. Como tampoco recoge los datos por regiones, sabiendo que serán muy importantes las diferencias entre un catalán y un andaluz, o un joven de Barcelona, Madrid, Sevilla y otro de la España profunda.

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El cerebro de un terrorista u homicida es diferente debido a su infancia.

marzo 6th, 2017

El cerebro de un terrorista u homicida es diferente debido a su infancia

 

Esta semana es “La Semana del Cerebro”, y me gustaría reflexionar sobre varios temas relacionados con este órgano. El primero de ellos se refiere a la importancia que tiene el cerebro en los primeros años de nuestra vida.

Siempre he insistido en que los acontecimientos, el entorno, la alimentación y el trato que recibe un niño, condicionará en el futuro su vida.  Ahora, gracias a los instrumentos de neuroimagen (TAC, RM, RMf, MEG, etc.) no solo se confirma esta realidad, sino que se demuestra  que el cerebro de una persona conflictiva (criminal, psicopática o terrorista) tiene características físicas diferentes que las de un individuo normal.

Todos somos culpables de que una parte de nuestra sociedad sea un nido de seres perturbados que cometen actos criminales y que sean incapaces de diferenciar el bien del mal. Me refiero a esos seres que asesinan, cometen crímenes o actos sanguinarios. Seres que han llegado a ese comportamiento por culpa nuestra.

Si, por culpa nuestra, porque durante su infancia les hemos privado de una alimentación indispensable para desplegar un cerebro normal; porque han vivido, en los primeros años de su vida un mundo de carencias, en lugares salubres y con abundante contaminación, han sufrido las  secuelas del miedo y han carecido  de una enseñanza escolar básica. Muchos han sido víctimas de una continua violencia en sus casas o lo han visto en el entorno que habitaban, un terror continúo. Y también han carecido de estímulos y cariño, dos factores que imprescindibles.

¿Cómo piensan que será un individuo en su etapa adulta si ha pasado toda su juventud sufriendo violencia, asustado por bombardeos, maltratado, discriminado o bajo una educación autoritaria? Indudablemente no será un ser normal, ya que su cerebro, pese a la plasticidad, estará marcado para siempre. Igual que un niño famélico del Tercer Mundo, tampoco podrá nunca ser de adulto un sujeto con la capacidad de un niño occidental criado en unas condiciones normales. El hambre, la falta de vitaminas y proteínas habrá deteriorado su cerebro para siempre y le habrá condenado a ser un ser que difícilmente comprenderá el mundo que le rodea.

Las experiencias y la vida que conforma las etapas decisivas de la formación de nuestro cerebro, determinarán nuestro comportamiento en el futuro. Que seamos asesinos o terroristas dependerá de nuestra infancia, de la estructura cerebral que haya desarrollado en los primeros años de nuestra vida.

Sabemos que ciertos comportamientos sociales son debidos a traumas de la niñez o la juventud. En el caso de los psicópatas se aprecia que no tienen un cerebro diferente, pero la corteza orbitofrontal, área que regula la entrada de emociones en la toma de decisiones, presenta una actividad diferente en los psicópatas; una actividad detectada por la Resonancia Magnética, que afecta a la corteza prefrontal ventromedial, la amígdala y la sustancia gris pericueductal.

Los criminales tienen una constitución cerebral distinta a la de los seres humanos normales. Las Tomografías Computarizadas, revelan que existe una reducción del 18% del volumen de la circunvolución frontal media, y una reducción del 9% en el volumen de la circunvolución frontal orbital.

El cerebro de los suicidas contiene una alta tasa de moléculas inflamatorias (quiolínicos y citosinas). Y se ha comprobado que los malos tratos en la infancia están presentes un 30% en las personas que han pasado por episodios suicidas.

Somos consecuencia del desarrollo de nuestros cerebros en las primeras etapas de la vida. No exagero cuando destaco que esos niños famélicos que vemos en dramáticos documentales sobre el hambre en el Tercer Mundo, nunca serán seres normales y están condenados a una inferioridad mental frente a un niño debidamente alimentado en la sociedad occidental.

Pero no es solo el hambre y la falta de vitaminas lo que hace que ese ser pueda convertirse en un terrorista el día de mañana, también influirán las amenazas verbales que sufra, la intimidación, las humillaciones, los miedos y la violencia, el no poder tener una infancia normal, los maltratos físicos, toda una serie de circunstancias que los convertirán en un ser psicológicamente malvado.

Sufrir en la niñez estrés es producir cortisol que influirá en el crecimiento de las neuronas del cerebro, y por tanto en su capacidad normal de desarrollo. Sabemos que la amígdala cerebral se activa por el miedo, el peligro, las intimidaciones amenazantes. Estamos creando seres en potencia asesinos cuando les sometemos a una educación demasiado autoritaria y humillante, aspectos que son nocivos para sus cerebros. Y eso es lo que está sucediendo en muchas enseñanzas disciplinarias que se imparten, especialmente aquellas que tienen una raíz teológica.

Ciertas enseñanzas religiosas, impartidas en madrassas o en colegio  ultracatólicos, manipulan y condicionan los cerebros infantiles hasta el punto que crece una intolerancia hacia las otras creencias, costumbres o culturas diferentes. En ambos casos ese niño llegará a adulto con un cerebro “diferente” a lo normal, y terminará asesinando a los “herejes” occidentales o poniendo bombas en clínicas abortistas.

Un mundo violento, con la visión de peleas, asesinatos y humillaciones, afecta considerablemente al comportamiento de un menor, especialmente considerando que los niños son imitadores natos. No nos debe extrañar por tanto que imiten el comportamiento de los adultos, siempre lo peor, no por casualidad, sino porque es lo más impactante.

Se sabe que las carencias afectivas perturban, hecho que se demuestra en la actividad eléctrica del córtex. Los niños huérfanos sin carencias emocionales presentan un retraso en la maduración cortical. La inseguridad del menor produce estrés en el hipocampo, parte del cerebro que tiene una importancia vital en la memoria. Emociones negativas afectarán a la amígdala implicada en el miedo y la producción de cortisol. Vemos como el córtex prefrontal ha disminuido en los adultos que han sido maltratados durante la infancia. El estrés precoz también altera el córtex orbitofrontal que está implicado en las decisiones, motivaciones y sistemas de recompensa. Las hormonas del crecimiento cerebral se producen cuando los niños juegan y viven una infancia normal.

El terrorista es, en muchas ocasiones, un individuo que ha sufrido en sus infancia traumas que han afectado a su cerebro y lo han convertido en déspota, cruel, insensible y vengativo. Seres que son fáciles de manipular, condicionar, fanatizar y convertir en intolerantes. Si a todos esos hechos les añadimos aspectos religiosos tenemos el cóctel perfecto.

Concluyo que somos responsables, en parte, de la violencia  terrorista que vivimos. Hecho que no justifica el comportamiento del que pone artefactos explosivos o el que, intencionadamente y si necesidad, lanza un misil en un colegio. Sepamos que la formación de un cerebro normal ayudaría a crear una sociedad mejor, un mundo mejor. Hoy por hoy estamos expuestos a ser gobernados por la Calígulas, Iván el Terrible, Stalin, Idi Amin o Bossaka, todos ellos con una infancias terribles fomentadoras de terribles monstruos.

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El presente, el “aquí y ahora”, es un salto cuántico del pasado al futuro.

marzo 3rd, 2017

 

El presente, el “aquí y ahora”, es un salto cuántico del pasado al futuro.

 

Pensaba que vivíamos siempre un eterno presente, un “aquí y ahora”, pero tras reflexionar, empiezo a dudar que exista el “ahora” como presente de transición entre el pasado y el futuro. El ahora ni siquiera es un instante, el “ahora” es un salto cuántico del pasado al futuro, sin necesidad de  pasar por ningún estado intermedio. En física cuántica diríamos que no podemos pensar en ese instante porque cuando lo hacemos ya es futuro.

Aunque en el espacio no existe un arriba y abajo, podemos movernos libremente hacia delante y hacia atrás, pero no en el tiempo. En el tiempo solo podemos ir hacia adelante. No podemos viajar en el tiempo. Sin embargo, la teoría general de la relatividad contempla “curvas temporales cerradas”. Elipses que empiezan en un lugar y acaban en ese mismo lugar.

No podemos viajar al pasado sin que nos enfrentemos a la paradoja de la abuela. Por ello Stephen Hawking ideo la “conjetura de la protección cronológica” que advierte que el universo conspiraría para evitar la construcción de cualquier máquina del tiempo. Creo que más que evitar la construcción de una máquina del tiempo, nos desalienta haciéndonos ver que el tiempo no existe y, por tanto, no podemos ir  hacia atrás ni hacia delante, vivimos en un presente eterno, por lo menos en nuestra mente.

Nos movemos en el tiempo del pasado al futuro; recordamos el pasado, vivimos el presente y no tenemos conocimiento directo del futuro o los posibles futuros. El tiempo ni transcurre ni fluye, el flujo del tiempo es irreal. Nada transcurre, solo se dan estados del mundo diferentes.

Tenemos la impresión del paso del tiempo, incluso hemos hechos aparatos, relojes, para calcular ese paso que es subjetivo y que es una ilusión. No envejecemos por el tiempo, envejecemos porque nos oxidamos. Nosotros avanzamos en el tiempo.

Al escribir este párrafo veo que las primeras palabras ya son el pasado. A medida que escribo, pasando de palabra en palabra, voy creando pasado y me deslizo por un presente que se interna en el futuro. El tiempo no se mueve, soy yo que me muevo en el tiempo, pero estoy siempre en un presente, en un “aquí y ahora”, que se disuelve para convertirse en un futuro-presente. Me da la impresión que me encuentro en un “paquete” del todo, donde pasado, presente y futuro, son ese todo.

 

¿Qué me dice la física ortodoxa? Me dice que la segunda ley de la termodinámica establece que la entropía siempre aumenta con el tiempo. Pero esta segunda ley es una probabilidad. Lo cierto es que a mayor entropía en un sistema, más desconocimiento tenemos.

En mecánica cuántica se describe el sistema físico por medio de la función de onda[1] que solo nos da probabilidades. Cuando efectuamos una medición cuántica decimos que a veces la función de onda colapsa un proceso que solo tiene lugar en un sentido. Pero todos los resultados posibles se dan en alguna parte del multiverso.

Tras este breve preámbulo recordatorio vayamos al “ahora”. ¿Por qué vivimos siempre en un momento concreto? Siempre estamos en un instante del presente. Cuando ese instante transcurre se convierte en futuro; cuando llegamos al instante siguiente es el futuro convertido en presente.

La mecánica cuántica  y la termodinámica dan una dirección al tiempo. El ahora no guarda una relación con la física, sino con una combinación de flechas del tiempo, relacionadas con nuestra consciencia.

Para una roca, un electrón o un cúmulo de galaxias no hay ahora, para nosotros sí porque tenemos una consciencia que piensa, que sabe que está aquí presente. El ahora, más que una cuestión de física, se convierte en una polémica filosófica. Una polémica a veces estéril, ya que depende de diferentes visiones y especialidades científicas o filosóficas de los participantes.

Lo que es indudable es que el ser humano de hace cien mil años, incluso muchos menos, no tenía ese problema con el “ahora”. Ha sido necesario que evolucionásemos, que adquiriésemos más conocimientos, que tuviésemos consciencia de nosotros mismos para darnos cuenta que vivíamos, cada uno en sí mismo, un ahora eterno.

Me pregunto si mi “ahora” será el mismo que el de la gente que me rodea. ¿Vivimos todos el mismo “ahora”? Al margen de que algunos, martilleados por el sistema social y sus problemas, no son conscientes de sí mismos, los que lo son no creo que todos perciban el tiempo de la misma manera. Para algunos leer esto se puede hacer tedioso, aburrido y largo; para otros ha sido interesante y fugaz en el tiempo, se les ha hecho corto. Pero eso son solo percepciones de cada uno, porque ese “pasado, presente y futuro” que ha transcurrido mientras leían este contenido ha sido el mismo para los dos lectores desde un observador fuera ellos, pero en sus mentes, en sus cerebros ha transcurrido más lento o más rápidamente.

Parece que concluimos que el tiempo es una percepción de nuestra consciencia, pero Einstein complicará esta percepción explicando que el tiempo transcurre más lentamente para alguien que se halla en la entrada de un rascacielos que para alguien que se encuentra en lo alto de él. El tiempo es más lento para un habitante del Polo Norte que un habitante del Ecuador. Pero es tan mínimo que pasa desapercibido en sus vidas cotidianas. En el espacio la cosa se complica más, pero hoy no entraremos en ese aspecto de la relatividad general. Ni tampoco en los viajes en el tiempo, dado que si el tiempo no existe y solo es una ilusión, tampoco podemos viajar en el tiempo o el hecho de no poder viajar en el tiempo nos demuestra que el tiempo no existe.

Es él ahora lo que me perturba, me incordia y me incomoda porque ese ahora sí que fluye, hasta el punto que o es un instante infinitamente pequeño, o el pasado salta directamente al futuro. Y si es infinitamente pequeño se convierte en una cuestión cuántica, en un cerebro cuántico del que ya he hablado otras veces para defender que somos seres cuánticos.

Imaginemos que podemos viajar en el tiempo, al pasado o al futuro, me es indiferente el lugar, porque lo que me planteo es allí, en ese pasado o futuro, nosotros estaremos en nuestro presente, seremos un “presente” en el pasado o en el futuro. Un presente no solo mental y de consciencia, sino físico, porque también estamos físicamente en el pasado o el futuro. ¿Eso perturbaría el universo? ¿Crearía un vacío en nuestros mundo presente? Creo que ambas cosas. ¿Habría en física cuántica un entrelazamiento entre esos dos presentes? ¿Si viajamos hacia el pasado nuestras moléculas adquieren la estructura que tenían en ese pasado? De ser así viajar al pasado es rejuvenecer y viajar al futuro envejecer.

Me pregunto si el cryonauta muerto que está en su capsula hibernado, está en el pasado, presente o futuro. Me pregunto dónde estoy cuando sueño, si el mundo onírico también tiene pasado, presente y futuro. Y si esos estados tienen algo que ver con el sueño lúcido.

Llego al final con la convicción de que no existe el presente, pero tampoco el pasado, ya que no lo puedo modificar, y si no puedo cambiarlo es que ya no existe, solo es un recuerdo entre el pensamiento del presente y el futuro. ¿Dónde estamos entonces? Vivimos un futuro que se va realizando continuamente, en una superposición cuántica, en un sistema que existe en una mezcla de estados. Si nos acogemos al Principio de Incertidumbre de Heisenberg y lo comparamos al dilema del ahora, nos manifestaría que nunca podremos conocer simultáneamente si estamos en el presente o en el futuro. Igual que dualidad cuántica impide observar la materia con sus dos apariencias simultáneas (onda o partícula), tampoco podemos observar si estamos en el presente o en el futuro. En el momento que observamos el presente, ya es futuro, un futuro que existe en todas las condiciones posibles, incluso las más absurdas.

El lector puede pensar que lucubro, que todo son tribulaciones, y especulaciones. Pero esto ha sido un ejercicio de pensamiento singular, algo que deberíamos practicar para adiestrar nuestras neuronas, para desarrollar sus sinapsis, para pensar en cosas más importantes que las banalidades de la vida.

[1] La onda que acompaña a toda partícula subatómica. La materia se compone de partículas puntuales, la probabilidad de encontrar la partícula la da la función de onda. Toda la mecánica cuántica está formulada en términos de estas ondas.

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Un mes de mandato de Trump

febrero 20th, 2017

Si no fuera porque las decisiones de Donald Trump afectan a todo el mundo, no me embarcaría a hablar de un personaje tan peculiar. Es un multimillonario acostumbrado a hacer todo lo que se le antoja en su vida, ahora con la vida de los demás. Como la vieja guardia de los millonarios, los jóvenes millonarios de Silicon Valley  son diferentes, es prepotente y demagogo. Pero, además, Donald Trump tiene una gran habilidad en hacer encabronar a la gente, lo que producirá que todos los que lo rodean terminen con úlcera de estómago. No puedo opinar sobre el porque no lo conozco personalmente, solo tengo la información de los demás que insisten en que su comportamiento debería haber sido, hace mucho tiempo, tema de estudio de la psiquiatría.

En apenas un mes de mandato ha hecho estragos en la administración del país más poderoso del mundo. Ha destituido al fiscal general, ha hecho dimitir al Consejero de seguridad Nacional; mantiene una bronca de competencias con los poderosos servicios de inteligencia; a ordenado la construcción de un muro o barrera con México, ha roto los acuerdos comerciales con Europa de la que ha dicho que le da igual que se hunda; tiene broncas con Google, Apple, Facebook, a los que limitaría su libertad si pudiera; con su carácter prepotente ha ofendido a China, México y Australia; ha prohibido la entrada de ciertos musulmanes de algunos países de Oriente Medio; tiene broncas diarias con la Prensa y TV de su país. Solo mima a Wall Street, anunciando desregulaciones que harán a los ricos más ricos y a los pobres más pobres; y a los bancos cuya principal seducción es el dinero. A pesar que no ha hecho el servicio militar, Trump tiene simpatía por las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, cuyo presupuesto es de unos 600.000 millones de dólares (China 216.000 millones; Rusia 84.000 millones; Francia 62.000 millones).

El panorama no es muy alentador. Temo que Trump no respete los compromisos medioambientales, tampoco parece que le interese muchos el progreso científico. Por sus comentarios Europa no le importa mucho, tal vez porque es la cuna de la cultura y la filosofía. No se sabe que piensa sobre los proyectos de la NASA, donde le mundo se juega salir del oscurantismo que aún colea.

¿Como ha conseguido ganar las elecciones Trump? Destacan los expertos que ha sido con un populismo de derechas que le ha otorgado su voto. Creo que Trump se ha presentado como un salvador a los olvidados ciudadanos de la América profunda. Aquellos que creen que la fuerza es mejor que la inteligencia, aquellos que disparan primero y preguntan después, aquellos que no están dispuestos a dialogar porque las cosas se arreglan con los puños. Desengañémonos a Trump le han votado los  vaqueros, los cowboys, los poderosos rancheros, los rangers y los marines, los machistas y todos los que se creen poseedores de la verdad y están convencidos que tienen respuestas acertadas para todo. Generalmente personas que aún se encuentran en el oscurantismo medieval con sus supersticiones, ritos, mitos y leyendas.

Cuando interesado por saber quién había votado a Mariano Rajoy y el PP, descubrí en las estadísticas del INE que había salido con el voto de la España profunda, el centro del país, que lo habían  votado mayoritariamente la gente entrada en años y sin apenas estudios. Una población conservadora, con miedos, con supersticiones, con profundas creencias religiosas, con una moral desfasada, muy temerosa de los cambios, y con la idea de que el progreso lo “carga el diablo”. Sirva la similitud con la América profunda. El populismo, aquí y en América, de izquierdas o drechas, vota a su imagen y semejanza.

Existe un punto de interés que nos afecta a todos, es la actitud y formas que Trump emplee en la lucha, más bien diría guerra, que se mantiene con el yihadismo.  Me preocupa las actitudes bravuconas y amenazantes de Trump, ya que esta no es una lucha que se ganará aireando los triunfos, es una lucha que realiza en silencio, sin propaganda,  sin palmarés…aspectos muy difíciles de controlar en una personalidad como la  de Trump.  Es una guerra en la que priva la labor de los Servicios de Inteligencia, con los que Trump no se lleva muy bien.

Una web de mi amigo Gabriel Jaraba, profesor de Ciencias de la Información en la Universidad de  Barcelona, insistía en la necesidad de seguir estudiando después de la jubilación, de hacer cosas interesantes, de seguir transmitiendo nuestros conocimientos y aprender nuevos.  Tenemos ese doble deber de seguir inculcando conocimientos, de abrir los ojos a todo el mundo que podamos para que vean otro mundo diferente al que nos quieren condicionar, para que desarrollen un pensamiento singular, para que creen sus propios escenarios hipotéticos del mundo que viene.

El lema de que cada generación sería más prospera que la anterior se ha convertido  en una utopía que comenzó un 11 de septiembre con la destrucción de las Torres Gemelas de Nueva York. Ahí se inició el error del nuevo orden mundial, de la invasión de Irak por supuesta posesión de armas de destrucción masiva, de los engaños a los ciudadanos, del fraude de los políticos, de la recesión económica, de los bancos despojados, etc.  Cada día la población está más confusa, más sumida en la ignorancia, así vota lo que vota. Tenemos la obligación de seguir luchando para que la gente tengan ideas claras, y para ello hay que convertir esas idea  en lo más interesantes posibles. No solo hay que dialogar con los que quieren aprender y conocer, sino con los que disienten y comprender sus razones.

 

 

 

 

 

 

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Seremos nómadas del espacio.

febrero 9th, 2017

Ninguna civilización perdura eternamente. Todos los grandes imperios – inca, griego, egipcio, asirio, romano, etc. -, tuvieron su esplendor y su ocaso, desapareciendo por circunstancias históricas  debidas a decadencias, invasiones, enfermedades o cambios ideológicos. Cabe pensar con toda certitud que nuestra civilización Occidental actual tendrá, tarde o temprano, un final inevitable.

Nuestro planeta, como todos los cuerpos del espacio, cambia, se transforma afectado por el envejecimiento del Sol y de una forma más brusca por otros fenómenos, internos y externos. Cambios y fenómenos que afectan a las diferentes formas de vida provocando  su extinción, adaptación o transformación. Cuando digo diferentes formas de vida incluyo la nuestra.

El final de la Tierra puede ser por causas muy distintas a la caída de los imperio antes citados. Nuestra final puede acaecer por un cambio climático brusco que envuelva la superficie terrestre de hielo y terribles temperaturas baja; o un cambio de extremo calor que evapore el agua y nos lleve a una situación insostenible. Otro escenario muy real es la erupción o explosión de un super volcán, como sería el caso de Yellowstone, un suceso que afectaría a la vida de toda la humanidad. Tenemos escenarios con antecedentes relativamente cercanos en el tiempo, como las  glaciaciones o la inversión de los polos magnéticos, algo que ya sucedió hace 680.100 años y parece que es cíclico. Un suceso como este último inutilizaría toda nuestra civilización tecnológica. Existen otros sucesos más populares y posibles, algunos con grandes posibilidades, como son el impacto de un asteroide, la explosión de una estrella nova cercana o la simple autodestrucción humana por una guerra nuclear o bacteriológica.

En cualquiera de estos sucesos, lo único que puede quedar de testimonio de nuestra civilización, serían unos pocos habitantes que escapasen a bordo de grandes naves autosuficientes y se convirtiesen en nómadas del espacio. Un destino que está marcado suponiendo que, cuando suceda esas posibles apocalipsis,  estemos lo suficiente avanzados para desarrollar esas naves de Noé, que nos permitan sobrevivir en el espacio.

Apoyándome en la tesis de que no estamos solos en el Universo, y que ha habido, hay y habrá vida en otros sistemas estelares, amplio este escenario hipotético.

Cuando, tarde o temprano, seamos nómadas del espacio, contactaremos con otros seres provenientes de otros planetas que también han llegado a su fin, ya que todos los planetas tiene un final, irremediablemente marcado por la vejez de la estrella en que orbitaban.

No estoy haciendo ciencia-ficción, elaboro un escenario hipotético que no es tan incierto, ya que todos los astros están condenados a un final caótico y, por tanto, si estaban habitados con civilizaciones tecnológicamente avanzadas, también habrán huido al espacio convirtiéndose en nómadas espaciales.

Me aventuro a especular que si esos “objetos volantes no identificados” que tantos testigos han visto, grabado o fotografiados, son reales, es decir, con seres extraterrestres en su interior, es muy posible que carezcan de planeta, que sean viajeros nómadas que van visitando los lugares que aún tienen opciones de vida.  Serán seres que no se asientan en ningún lugar porque su constitución fisiológica no se lo permite, ya que es muy difícil encontrar un planeta con los mismos parámetros. Además estarán habituados a la vida en el espacio, a observar otras civilizaciones, y hasta es posible que sepan cuál será nuestra final, de que forma y cuándo.

Ahora comprendo a Stephen Hawking cuando insiste en la necesidad de viajar a otros planetas, cuando habla de la posibilidad de un final cercano de la Tierra, del peligro que eso entraña para los terrestres. Ahora comprendo a esos emprendedores y millonarios de Silicon Valey con sus prisas en construir naves para colonizar o explorar otros mundos…. están preparando una salida para ellos y otros escogidos. Esos viajeros se convertirán, dentro de miles de años, en descendientes de una civilización que hubo en la Tierra. Serán una especie de Tuaregs del desierto del Sahara, los llamados “hombres azules” que cuando se les pregunta por su origen, te aseguran que descienden de la princesa Tin Hinam, enterrada en  Abalesa, y cuya leyenda destaca que engendró a los más nobles de los Tuareg con los dioses venidos del cielo.

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