Azar y probabilidades

febrero 26th, 2014

Dialogaba el otro día con un amigo sobre si todo lo que nos acontecía era consecuencia del azar o las probabilidades. Personalmente defendía que era consecuencia de las probabilidades, el lugar y el tiempo.

Le ponía un ejemplo sencillo a mi interlocutor que defendía el azaroso contexto de que es cuestión de suerte que te atraquen o no te atraquen. Le esgrimía que las probabilidades que le atracasen aumentaban dependiendo del lugar en que estuviese: una ciudad peligrosa con un alto índice de atracos y un barrio conflictivo. Le explicaba que el factor tiempo también aumentaba la probabilidad, la hora del día y la cantidad de horas que transcurras en el lugar peligroso.

Para los físicos cuánticos su mundo no obedece ninguna ley y está regido por las probabilidades. Otros científicos creen que todo está reglado con una precisión correcta. Los hay que creen que la naturaleza está gobernada por lo caótico y lo aleatorio.

Jean Guitton destaca: “Lo que llamamos azar no es más que nuestra incapacidad de comprender las reglas superiores”. Albert Einstein estaba en contra del azar, todo estaba precisado, todo estaba determinado por las fuerzas que lo controlan todo. Concluía diciendo: “Dios no juega a los dados con el Universo”.

¿Esta nuestra vida determinada por un misterioso código matemático? En ese caso viviríamos en una realidad criptica y de naturaleza digital.

A escala cuántica es imposible determinar al mismo tiempo la posición de una partícula y su velocidad. Tampoco se puede predecir cuándo se va a desintegrar. El teorema de la incompletividad, imaginado por Kurt Gödel, produce una brecha. Gödel afirma que todo sistema lógico es inductivamente incompleto. Por tanto nuestro conocimiento de la naturaleza es incompleto. Hay muchas variables ocultas a las que somos inaccesibles.

Diremos, respecto al azar que nuestra existencia es puro azar. Sobrevivimos por azar, por no haber estado en un lugar inoportuno en el momento inadecuado. Por ejemplo un cruce de carreteras, cuando un camión se saltaba un stop. Unos segundos antes hubiéramos sido arrasados, unos segundos más tarde vemos pasar el camión, ya que, posiblemente, esos segundos de diferencias los hemos perdido buscando las llaves del coche antes de ponerlo en marcha.

Nuestra existencia en este planeta se debe a que un asteroide impacto con la Tierra, hace 63 millones de años, y extinguió a los reptiles que dominaban el mundo, permitiendo que los mamíferos evolucionasen hasta alcanzar la especie homo. Azar y probabilidad.

Cada uno de nosotros existe porque compitió con 400 millones de espermatozoides y ganó una mortal carrera que le permitió llegar al ovulo y sobrevivir. Somos consecuencia de probabilidades, una entre 400 millones, más difícil que acertar la lotería “Primitiva”. Si otro espermatozoide hubiera pasado por encima del que lo representaba a usted, y hubiera penetrado en el óvulo, su espermatozoide habría fallecido junto a los otros, y ahora habría otra persona, en vez de usted, la que estaría leyendo estas páginas o las habría dejado porqué le hacían pensar demasiado. Pero las probabilidades y el azar siguieron marcando nuestra existencia a través de las cadenas de ADN que nos han transmitido una herencia que nos permite ser seres normales, aunque no ha todos lamentablemente, ya que el azar ha sido el que ha elegido aquella información genética equivocada que ha hecho que algunos nazcan víctimas de taras irreparables o tengan marcada una fecha límite de vida.

El azar es inexorable, no hay una fórmula matemática que determine que un delincuente va a disparar contra usted cuando salga por la mañana del portal de su casa. Hay fórmulas matemáticas que determinan cuantos delitos de este tipo se cometen al año en su ciudad, incluso que probabilidad tiene que eso le ocurra a usted. Pero no hay una fórmula matemática que determine que eso le va a suceder a usted.

La salud misma depende de la calidad de los alimentos que comamos y la calidad de vida sin contaminantes. Pero queda el azar de que toquemos el pasamanos del metro y luego nuestros labios y contraigamos una gripe. El contagio forma parte de las probabilidades y del azar.

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