El cerebro de los dioses

noviembre 6th, 2019

 

 

 

El cerebro de los dioses

 

Si comparásemos nuestro cerebro actual con el de un hombre de hace 200.000 años, encontraríamos cambios evidentes, no solamente en los conocimientos, sino en la estructura, plegamientos, número de neuronas y extensiones de estas, conexiones y otros aspectos. No existe duda sobre el hecho que durante 200.000 años se ha producido una evolución en el cerebro y que ese proceso continúa, pese a que nosotros en 2.000 o 3.000 años no apreciemos las diferencias.

 

Podemos considerar la posibilidad de poder desarrollar otras partes del cerebro que nos permitiesen, por ejemplo, desplegar la facultad de la telepatía, o la capacidad de reconocer las intenciones y emociones de otro sujeto por los rasgos del rostro. O recuperar esa facultad denominada intuición que según algunos especialistas perdimos.

 

Tenemos cerca de 100.000 millones de neuronas, lo que significa 100 billones de conexiones, y pese a que mueren muchas neuronas diariamente, también nacen 700 cada día. Tenemos ese número de neuronas gracias a la alimentación que hemos seguido, a la oxigenación y aporte de sangre en el cerebro. Los frutos secos, los oligoelementos, las verduras, las alcachofas, el brócoli y otros alimentos han sido muy decisivos para el desarrollo cerebral. Alimentos como la fruta estimulan la formación de neuronas nuevas y establece conexiones; o el brócoli que tiene sulforafano que es un neuroprotector. Si tenemos 100 billones de conexiones es gracias al desarrollo de nuestra actividad en conocimientos e inteligencia, ya que cada vez que realizamos algo, pensamos, reflexionamos, estudiamos o experimentamos algo nuevo se desarrollan más conexiones. El cerebro de Einstein, donado a la ciencia, mostraba una mayor cantidad de neuronas y conexiones que otros cerebros.

 

No estoy realizando divagaciones de ciencia-ficción si describo las posibilidades de evolución de nuestro cerebro. Nada hace suponer que nuestra evolución cerebral haya concluido. Nuestro cerebro, junto a su caja craneal no crecerá más debido a una serie de circunstancias, pero si puede experimentar endo-cambios que nos ofrezcan nuevas posibilidades.

 

El transhumanismo propone intervenir tecnológicamente en el proceso evolutivo, no esperar a que esta se produzca naturalmente en el transcurso de los años. Las nuevas neurotecnologías ofrecen la posibilidad de intervenir acelerando el proceso evolutivo, con chips endocraneales que activen determinadas partes del cerebro y nos faculten con una mayor inteligencia o memoria.

 

Imaginemos que con el transcurso del tiempo o las nuevas neurotecnologías podemos duplicar o triplicar el número de neuronas del cerebro, lo que significaría estar en posesión de una mayor inteligencia, una gran capacidad de respuesta a los problemas que se nos puedan plantear. Así a mayor número de neuronas, mayor rapidez de cerebro y mayor información y más conocimientos. Una partida de ajedrez se convertiría en una banal distracción, en la que moveríamos las piezas inmediatamente después de las jugadas de nuestro contrincante.

 

Al ser seres con el doble de las neuronas de las que tenemos, el diálogo con personas no evolucionadas nos podría parecer tedioso y aburrido. Incluso nuestro cerebro se podría sumir en otros aspectos de abstracción incomprensibles en la actualidad.

 

¿Qué es lo que nos puede permitir desarrollar más neuronas? La evolución es lenta y precisa tiempo, sin una intervención externa nuestro cerebro sigue un proceso de enriquecimiento que requiere una alimentación adecuada y entornos óptimos y sanos para la salud, incluyendo los aspectos psicológicos.

 

Una dieta más abundante en oligoelementos, o ácidos grasos omega-3 hace crecer el tamaño de los axones. No es cuestión de aumentar el tamaño del cerebro, dado que un mayor tamaño produce un mayor consumo de energía, sino buscar ubicación para el aumento de neuronas. En este sentido el cerebro puede ganar espacio manteniendo su tamaño si, simplemente, hace aparecer surcos más profundos en las circunvalaciones y aumenta el número de estas. También puede extender nuevas capas de neuronas, en la actualidad el ser humano tiene seis. Este proceso evolutivo ocasionaría una distribución más densa de las neuronas y, en consecuencia, una comunicación más rápida que favorecería la inteligencia. Si por otra parte los axones son más gruesos también aumenta su rendimiento.

 

Por ejemplo, un mayor desarrollo del tálamo nos ofrecería tener una poderosa memoria. También podemos encontrarnos que  desarrollamos más el lóbulo frontal y nos convertimos en asombrosamente locuaces en lenguaje. Otro ejemplo sería la falta de la amígdala en el cerebro, este hecho nos convertiría en un ser sin emociones, un señor Spockt de la serie Star Treck.

 

Imaginemos que poseemos un mayor córtex olfativo primario capaz de darnos la capacidad de, a través del olor de los neurotransmisores, conocer las reacciones de un interlocutor con el que hablamos. Así una mayor o menor cantidad de adrenalina desprendida por este interlocutor, delataría el temor que le produce el tema de la conversación que mantenemos. La oxitocina nos alertaría y delataría sus sentimientos relacionados con el cariño y el amor. El olor de la dopamina nos delataría la producción de este neurotransmisor para estar más alerta; y el olor a endovalium revelaría que se le está desbordando la fantasía. Las gotas de micción que han ensuciado la ropa interior del interlocutor nos permitirían detectar la presencia de glucosa, colesterol o triglicéridos, o deducir si una mujer tiene o no tiene la regla.

 

Ese perfil oloroso del otro interlocutor quedaría grabado en nuestra memoria y, a partir de ese momento, sabríamos por donde ha transitado y dónde ha estado, incluyendo su estado de ánimo y las emociones que ha experimentado. Convertiríamos ese perfil oloroso en una fragancia inolvidable como las que graban en su cerebro los grandes especialistas en perfumes. En el fondo es lo que realiza el cerebro de un perro a través de su capacidad olfativa, sólo que el animal carece de la facultad del razonamiento, pero llega a memorizar aquel olor y reconocer la presencia del sujeto en lugares determinados.

 

Un cerebro distinto puede ofrecer múltiples posibilidades que afecten a dominio de los sentidos. No solo los sentidos básicos, sino también aspectos como llegar a conseguir un control del dolor, conociendo y sabiendo detener o cortar el circuito que lleva las señales al cerebro.

 

El número de neuronas del cerebro de un pulpo es de 500 millones, recordemos que nosotros tenemos 80.000 millones. Pero con esos 500 millones el pulpo se convierte en uno de los animales más inteligentes. Sus brazos están dotados de ventosas que tienen percepción del gusto. ¿Podríamos nosotros desarrollar dactilares con percepción al gusto?

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